El expectro de la cultura en Sonora y en los pueblos de este estado tan carente de lluvia para la productividad tradicional **sonorenese, tanto se asemejan.
Vemos un desenfado y una coordinación por parte de las autoridades que no deja nada bueno a la ciudadanía. Los programas aniquilosados son planeados sin la sensibilidad que se requiere, son frios pactos de escritorio que habrán de llevarse a cabo quierase o no, retobe quien retobe.
Vivimos en una etapa de la vida humna, o de la tragida humana como decía Balzac, en que predomina la cultura de narco, de la gratificaccón de los sentidos, del me vale, del hay se va, del qué hueva.
Y así poetas y escritores, talentos que Sonora ha dado, viven marginados haciendo su tarea con todas las limitaciones inimaginables. Pero brillan necesariamente con luz propia desde una página de Face Book, desde alguna revista marginal, llevando a cabo una labor underground o casi subterránea que la cultura oficial desdeña.
Cuanto bien hacen los cultureros independientes, que por pura vocación genuina están desde las ciudades y pueblos haciendo cosas que la ciudadanía aplaude, aunque los esfuerzos se ven limitados por la falta de apoyos.
Se tiran millonadas en festivales que no están al alcance del pueblo. Se cubre un ritual y una cota burocrática al dedillo, y se piensa que así deben de ser las cosas.
La élite en el poder maneja la cultua para gustos exquisitos, según se vea, pero el pueblo sigue al margen de eventos culturales dignos, de esfuerzos literarios de arraigo en la matria, en los de a pie; en fin, sin promover a los peotas, sin voltear a la veradera cultura sonorense , no se puede avanzar mucho.**