Teresa la nieta mayor del Intendente
Por Francisco Eloy Bustamante
Este 25 de diciembre parados ante un par de tumbas, recibí la regañada de mi vida, ciertamente con palabras de reproche a las que jamás podría esquivar, si en verdad éste que escribe lleva bien puesto el apellido Bustamante.
Cómo era posible -me reconvino una señora como de 68 años-, que estas tumbas estuvieran en el más absurdo y total abandono. Familiares cercanos los hay, pero han olvidado la historia, y la gratitud para con sus deudos al parecer es nula.
Por lo que me comprometí a apropiarme de estas dos tumbas, asearlas y pintarlas como corresponde dado a su antigüedad y sobre todo que son parte del patrimonio histórico de la región dentro del municipio de Baviácora.
Como horas antes había platicado con el alcalde Francisco Romero quien me informó de varias inversiones turística en el área, pensé pedirle se encargara de estas tumbas que también son un gran atractivo por su antigüedad, máxime que el panteón de La Concepción es muy visitado en vista de que en él sepultan a sus deudos varias comunidades o poblados.
Pero mejor pensé hacerlo con mis propias manos, como una especie de tributo a la estirpe de la que siempre me he de sentir sumamente orgulloso.
Como la dama estaba acompañada de sus hijos y nietos, también visitando el panteón, me explayé en los datos sobre el particular y más que ellos estaban sumamente picados por la curiosidad en este capítulo aunque de familia, si muy importante en la historia de la municipalidad.
Me hubieran visto parado a un lado de las referidas tumbas con un sol intenso sobre mi frente, hablando por casi media hora de los acontecimientos que dieron forma a las comunidades del sur de este pujante municipio.
Estaban admirados y les pareció según dijeron, un cuento muy bello, y más que fue real en tan lejanos años, tantos que se pierden en los escondrijos de los casi más de tres siglos.
Con mis manos indicaba el Molino del Capitán Salcido establecido en 1787, molino de beneficio de metales: allá en aquella loma están las ruinas; luego girando 90 grados con la mano en alto indicando donde quedaba el casco de la hacienda La Concepción, donde la mina La Pima, donde el viejo camino de herradura al Real de San Juan Bautista capital de la Provincia de Sonora por cerca de un siglo; allá a lo lejos la hacienda madre la estancia El Retiro, etc.
La señora, quien goza de una buena formación, mostrándose conocedora de la región también y de este panteón, expresó que las tumbas eran dignas de rescate pues sus herrajes no tienen ni soldadura ni tornillos visibles; fueron formadas en una ensamblaje admirable y aunque tenían allí más de cien años se ven en muy buen estado, pese a los herrumbroso del fierro, por lo que me dejó más que comprometido a rescatarlas por elemental justicia.
Tarea quien habremos de acometeré primeramente Dios en otro viaje a esta tierra, quizá dentro de 15 días ya bien informados de cómo hacer el trabajo para que no desmerezca y queden primorosas.
De regreso a casa de mis suegros en La Capilla donde mi abuelo Miguel Bustamante Robles fue comisario en 1905, me puse a redactar este trabajo, que creo así fue, pues así le escuché a mis tías ya fallecidas nacidas en esta parte.
Hay en el viejo panteón del Real de Minas de La Concepción llamada a esta parte del caserío El Molinote, una tumba donde se lee:
1872-1902
Teresa B. de Bustamante
Y sus hijas María Antonia
Y Guadalupe
Recuerdo de su papá
La Capilla, Sonora
El mármol se conserva intacto, aunque se lee a duras penas pues lo cubren ramas de garambullo, y para hacerla a un lado ya que roban visibilidad al epitafio, las espinas rasgan las manos como en una actitud de autodefensa contra los depredadores.
La tumba es larga, de ladrillo pequeño sin aplanar, y se colocó una torta de mezcla arriba ya muy partida. En ella reposan la madre y las dos hijas que fallecieran a la hora de un parto difícil.
No hubo comadrona competente, ni médico a la mano que pudiera contener la hemorragia y salvar a doña Teresa de apenas 30 años de edad que no pudo dar a luz sus gemelas sin peligro.
No fue posible el milagro del doble alumbrmiento; y el triste cuadro desgarró el alma de Jesús Bustamante “el Pelón”, esposo y padre, quien se había casado con su prima en segundo grado luego de un noviazgo de poco tiempo haciendo viajes desde la hacienda El Cahui hasta la Hacienda de la Tía Toña conocida como La Capilla, Sonora, que era ya considerada comisaría por su desarrollo en torno a la industria harinera instalada por el papá de Teresa, don Emiliano.
Teresa fallecida a los 30 años luego de haber dado a luz en forma normal a Jesús María y Emilianito, no pudo sobrevivir a un tercer parto que le daría dos gemelas a las que su padre dio el nombre de María Antonia y Guadalupe. Antonia por la madre de Teresa, y Guadalupe por la madre del Pelón.
Teresa había nacida en Ures el 20 de mayo de 1872, hija de don Emilino Bustamante y doña Toña Robles; su esposo nació en Baviácora el 22 de noviembre de 1868, hijo de don José Jesús Bustamante Salcido y doña Guadalupe Robles, vecinos del Cahui.
Curiosamente contiguo a la tumba sobresale otra no menos enigmática y cubierta también de ramajes con su barandal sumamente enmohecido donde descansa el suegro de Teresa, Don José Jesús Bustamaten Salcido, muerto un año después en 1903.
El Pelón, quedó viudo con dos hijos, eran rubios ojiverdes y tan indefensos, para lo cual buscó una nueva compañera, así fue que contrajo nupcias con Matilde Soto quien le dio un hijo llamado Rubén.
Estos tres
hijos, Jesús María “el Güero”, Emilianito, por su Abuelo, y Rubén seguirían con
el Molino de vapor de La Capilla produciendo la mejor harina de la región, hasta
que en 1939 se vieron obligados a parar dado a que don Miguel Robles esposo de
la tía María, hermana del Pelón, echó a andar un nueva industria harinera en El
Bagote ya con maquinaria moderna contra la cual fue imposible
competir.
Dejo atrás las tumbas, me llevo un par de fotos y una
imagen comprometedora. Volveremos DM.
jefe.busta@hotmail.