Sr. Franciscoatl Eloitzin Bustamantepetl Tapiaxin…Presente.
Querido amigo Javier:
Te tragaste un foco con ese poema de largo aliento que narra sobre nuestra Sonora, todas sus bondades y riquezas y que a lo largo de él, van desfilándo, cual suave patria chica, todos sus portentos, sus aromas, sus sabores, así como su agreste y bella geografía que es la misma del corazón de su gente y que el poeta conoce, reconoce y hace doblementa suya, como poeta y como sonorense, plasmandola en la trama del sentimiento que nos proyecta con toda la fidelidad del titulo.
Enhorabuena, Javier, te felicito doblemente, como sonorense y como amante de la poesía.
Decías que eres el mismo, que no has cambiado; yo creo que si lo has hecho, pues Eloy no eras, y hoy lo compruebo en el poema que registra el nombre de todos Uds., Miguel, Octavio, Mario y Francisco Javier. Te traicionó el alter ego.
Javier, mandame tu domicilio postal, no el mail, para enviarte unos escritos que sacó Narda mi hija sobre la huelga de Cananea y sobre el periódico Regeneración de los Flores Magón. Sacó ella unas copias en su facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Te los tengo que enviar por correo, no por la web.
Saludos de todos po acá y un fuerte abrazo.
El 11 de octubre de 2010 20:02, Francisco Eloy Bustamante <jefe.busta@hotmail.com> escribió:
CANTO DE FIDELIDAD
A SONORA
Sonora yo te seré siempre fiel
pues del cielo te viene la magia
por cuanto hierve la arena
de tus amaneceres
El desierto te pinceló
con fuego deslumbrante
remarcado con el verdor
de las pitahayas
II
Sonora soy tu habitante
moldeado como arrecife
en un trozo de playa
de Punta Chueca
Soy una roca en el acantilado
del cajón del Cucubabi
III
Soy tu voz mi Sonora,
por mis ojos sale la luz
de la planicie,
de los valles y los ríos.
Soy tu pulso
con el ritmo
de tu palpitante
corazón de venado.
IV
Soy la distancia,
el olvido y un grito
en la provinciana comarca.
Y desde este sahuaral cósmico
pido a gritos
a mis hermanos mexicanos
escuchen mi canto,
lo lanzo en un nuevo Plan
sin más armas
que el fusil bravío de la poesía
V
Soy un mestizo sojuzgado
y sojuzgador descendiente
de la sangre de la bravía
raza yaqui
y llevo los apellidos
de los colonizadores.
Tu bondadosa riqueza Sonora
me da valor
para nunca ser menoscabado
en mi integridad de norteño.
VI
Tengo en ti una ancha beta
un caudal de aguas milenarias.
¡Qué gran dicha y orgullo!
Soy de la estirpe de las Sonoras.
Nací en el valle de los Corazones
y un manto de flores de vinorama
me arropa a mi regreso
por cualquiera de tus fronteras
perfumando mi equipaje
las pencas de los apiarios
en la gran nación ópata.
VII
Sonora mía y de mis padres
de la sierra te sobrepujan
los vientos de dancísticos vaivenes
susurrando el valle agreste,
las presas, los ríos,
todo en tu territorio
con su música de bellotales.
VIII
Salir de ti Sonora
ni falta quiero, ni pido nada.
Tus soles me ven pasar
con mi sombrero de ranchero
trepando la yegua cebruna
o sentado justo en el banco
frente a la chimenea
a los pies de mi tío
Emiliano Maldonado
en las noches
de prolongadas horas
de amenas narraciones
en la apacible finca de Tecorechi.
X
En Bacanuchi escuché
rasgar la guitarra
con melancolía solitaria
Percibí a la sierra del Manzanal
con su aroma
consintiendo como nadie
a los campesinos
La chúcata tiñó mis dientes
masticada al son
de rítmicos cascabeles
VIII
En Cuchuta vibré
y me desbordé en sus alamedas
Me deslicé por tus cerros
a lomo de mi caballo
delante de la furia
de los culichis
sin poder lamer la miel
de sus enjambres
IX
En Baviácora comí
con la fruición de la cobra
el atole de harina descascarada
llevando en las manos
puños de piloncillo
desquebrajado
Bajé de la casona
de papá Pancho
a lavar nixtamal
en la acequia del alto
Comí punto en el trapiche
de mi abuelo Miguel.
Me nutrí con camotes asados
cosechados por los nacoritas
Me fortalecí con magra carne
de ardillas guisadas
con chile colorado.
XI
En tu río Sonora
me sumergí
junto con mis hermanos
mientras la parentela
dormían
la siesta en Banámichi.
Y eso fue lo más caro
pues sucedió
en nuestros años tempranos.
Los cuatro juntos
Miguel, Octavio,
Mario y Francisco Javier
¡Cómo no amarte mi Sonora!
XII
En Banámichi dormí
sentado en un catre
capeándome el ataque cruel
de un ejército de zancudos
salidos de la oscuridad reinante.
Y en Chinapa
en casa del mi tío Emiliano
mi paladar probó
los biscochuelos de bellota
y el pipián de conejo
preparados por la abnegada
Tía Carmela.
IV
En Bamori dormí
por retazos
arrullado
por el quejido lastimero
de una ancianita
en las postrimerías de su existencia
Su alma como paloma sin asidero
ansiaba la luz de un nuevo día,
Tormento que le vino,
todo por haber ejercido
la hechicería.
XV
En Aribabi me detuve
ante el cansancio
de los malos caminos.
Una cazuela me supo a gloria
en la inolvidable
posada de los Proto
Sus hormigueros
se nos vinieron encima
saliendo de su laguna
a fuerza de carrera
con las piernas varadas.
VI
Aribabi en tu Sierra Azul
conservas un tesoro
del que todos hablan.
Y yo velo por tu leyenda
compañero apache.
En Cocóspera vi residuos
de tu pasada colonia francesa.
Ruinas de Cocóspera
las huellas de Kino
son tu tesoro
descubierto en la imaginación
de un niño
guardado con celo
en las páginas de tu acervo.
VII
En Soyopa tomé la siesta
en tu palacio municipal
en cómodo piso
sobre un tendido.
Pensé en ti mi Sonora
y me arropó tu alma
de niña rubia,
me dio calor tu pureza
de garambullo
y me desperezó
tu sabor de Tezcalama
Todo el pueblo de Soyopa
está impregnado
de la aroma de la vinorama
y el chilicote
IX
En pueblo de Álamos
estreché la mirada dulzona
de sus ancianos
Abracé la ternura
de sus niños
Me sumergí en el pozo
de su humildad
Con su rústico frescor
compartí de los baldazos
para el ganado
La rondanilla sube y baja
sus esperanzas
XX
En Sahuaripa se me
rellenaron los dientes
de fragancia
al hincarlos
en un trozo de requesón.
Silbé de calor
tragando un largo
buche da Bacanora.
Coronando mi valentía
por todo lo que no fueras
mi Sonora
llevándome a la boca
sin remilgos
un par de chiltepines
sopeando el menudo
el más rico que jamás
haya probado
tuvo que ser de Sahuaripa.
XXI
En Mazocahui conocí
mi soledad de niño
Sólo mitigada por fortuna
por gente tan amable
Devoradores
de tan suculenta machaca
envuelta
en tortillas sobaqueras.
Fue culpa del tío Arturo
y de la temible Acordada
me viera en semejante aprieto
de esperar un milagro,
ver a don Arturo Villescusa
liberado y yo al fin
en camino rumbo
a casa de mi tío Gilberto
Con la ropa ensangrentada
un viejo y un niño
se vieron solos en la sierra
de Mazocahui
cargando un becerro
sacrificado a medias
por un abigeo
XXII
Qué experiencia mi Sonora,
a mis tiernos nueve años
Después habría de saber
que toda tu tierra
estaba plagada
de temerarias aventuras
¡Oh mi Sonora!
el espíritu de mi Dios creativo
entró de lleno
y compró carta
de naturalización
en Mazocahui tan tranquilo
tan bucólico y aromático
con sus aldeanos correteando
el venado por sus cerros
tomando rumbo
a San Pedro de la Cueva
por el cercano
arroyo de la Junta
XXIII
En Bacadéhuachi
sentí la libertad
y me llegó el fervor religioso
Subimos por la acequia
piedras arriba,
al baño improvisado
de mi amigo
Rodolfo Rascón Valencia.
Los Ciriales
abrevadero de guajolotes,
paraje insospechado
que conocimos cuando ambos
festejamos una Semana Santa
en este pueblo tan admirado,
cuna de nuestro amado
Presbítero
don Luis María Valencia
XXIV
Tu templo de San Luis Gonzaga
me traspasa a una
fortaleza Franciscana
donde quedaron grabadas
las rodillas
de tus antiguos moradores
presas de temores
Y ocultando
el alma en Dios
y en tus muros
con tus acogedores
y amplios escondrijos
Bajando por tu túnel,
subiendo por tu altar
en múltiples y suplicantes oraciones
buscando librarse
del temible Jerónimo
y sus apaches depredadores
XXVI
Sonora, te tomo la palabra
me quedo con Bacadéhuachi
dame un catre y una palangana
y la sonrisa herbolaria
de Rascón Valencia
Y chingo a mi madre
si no te soy tan o más fiel,
mi recóndita SonoraXXVII
Sonora, vine a tu mundo
en la clínica obrera
de mi Cananea
Pues el Señor sabio
de increada bondad
con toda justicia
y razonablemente acertado
hizo de mi Cananea
la puerta del infinito cieloXXVIII
El jaralito, el Cañón de Evans
y el Ojo de Agua conforma tu trinidad
Aquí nací a la vida poética
en un paraje muy mío,
un Venerito
anegado ya por un represo
de aguas negras malicientes
Mi padre acarreó leña
de tus alrededores.
Mis hermanos
y yo cargamos sacos
de nueces y bellotas
Tu Ronquillo,
la Mesa Sur
y la Cananea vieja,
son tu tronco y extremidades
El barrio de mis amores
el Cementerio Viejo
es ya un plantío de flores
por gracia y ternura de los niños
que corretean por el patio
de la escuela
Esteban Baca Calderón.
En este barrio conocí el amor
de una linda muchachita
Palpitando los dos
al leer libros de poesía
Cananea,
cuando partí de tus calles
y de tu plaza
dejando atrás
no sin desgarro
tu vista, pueblo amado,
arranqué a mi paso
dos flores
que guardé en mi cerebro
Muy cuidadosamente
en cada hemisferio
para purificar mis pulmones
de minero
Para lubricar
mis ojos de provinciano
Para cubrir mis manos
de hijo honrado.
Sin estas dos flores
de aroma perenne
no daría ni un paso adelante.
No volaría ágil y con libertad
por tu cielo mi Sonora.
Ni lucharía con tanto denuedo
por tu sobrevivencia
alzando la voz
para combatir la injusticia
e impedir se horade tu fisonomía,
tú patrimonio y tu historia.
En Cucurpe me convertí
en un cíclope renacido
en una Padre Kino trashumante
en un halcón devorador
de siglos.
Tus Santos Reyes con su cantera
sus arcos tronchados
dominando el valle
me arrojaron a arenas movedizas
del letargo.
Y lloró mi tercer ojo
al no poder contener
la dicha contenida en mis
robustos pulmones
al verme parado
justo en el altar,
en la sacristía,
en el campanario
No sé de cierto,
pero quizá tal lo hiciera
en anteriores
reencarnaciones
dentro de otro cascarón
color péchita dulzona.
Caminé con la mirada
la ruta de Cucurpe a Cosari
sobre el caballo que a Kino
trajo desde lejanos confines
a quedarse por siempre
en ti mi Sonora misionera.
XXXI
En Arizpe sentí tu bendición
de la Sonora centenaria
pues bajé a las aguas bautismales
de la genealogía familiar.
Amé a tu pueblo ex capital
CIUDAD PRÓCER
por haber cobijado
a la estirpe de mis antepasados:
los Bustamante,
los Molina,
los Maldonado,
al tío Adrián,
al tío Emiliano,
al tío Francisco,
al tío Feliciano,
la tía Arcelia.
Tus campanas
iglesia de la Concepción
de Arizpe llaman a perfumar
tus calles con cánticos
y oraciones labrantías.
Tu nombre
de aroma de tejocotes
despierta mi sed
de hijo estremecido
para cargar en mi valija
por toda tu geografía,
mi tierra Sonora,
en un prodigioso
y bienhechor
trozo de tu hidalguía