Thomas A. Robertson. Viva la Revolución/ Alzamiento de los Indios Mayos. Colección del Bicentenario de Juárez, Sinaloa, No.1. Comisión Estatal para los Festejos del Bicentenario del Natalicio del Lic. Benito Juárez García/Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa. Culiacán, Sin., México, 2005, 75 pp.Los indios, la revolución y los indios, el alzamiento de los Mayos y la neocolonización. De repente una antorcha como una luz de futuro, el indio mexicano Benito Juárez García, Benemérito de las Américas, ejemplo del indio que hace Patria en el mestizaje y abrazando al hermano derrota al extranjero que quiere imponer su forma de vida y de gobierno, el tardío y vergonzoso embate y acoso del europeo ilustrado que sueña con ser rey.
1864, el Presidente Benito Juárez y el General Zaragoza, Antonio Rosales y San Pedro Culiacán, el 5 de mayo sinaloense, Higuera de Zaragoza en Ahome, Mochicahui, Charay. Los indios Mayos y los Yaquis.
Aquí, en esta colección, dentro de los festejos del Bicentenario del Nacimiento del Benemérito de las Américas, Lic. Benito Juárez García, estas imágenes hermanas de las que mis abuelos maternos me narraban, de cuando ellos como Thomas Robertson tenían trece años en 1910, y la Revolución Mexicana desatada en el Centenario de la Independencia los envolvió.
La “bola” que levanta Yaquis y Mayos una vez más y los envuelve en un proyecto de nación, dentro de su nación desquebrajada y no entendida, soslayada y utilizable para el proyecto republicano que abraza la nacionalidad y que ya en el último porfiriato de 1903, había permitido fundar la Utopía del Sudoeste, la Colonia Americana de Los Mochis y Topolobampo, la participación de los colonos en la contienda revolucionaria y en 1915,
La vorágine del alzamiento regional de los Indios Mayos, el Río Fuerte teñido de jugo de pitahaya, del rojo sangre de la Patria de un proceso que teje su propio mestizaje, al volver a mezclarnos con ciudadanos chinos y norteamericanos participando en nuestra Revolución.
Tenderos alemanes y agricultores ingleses pertrechando a veces a los unos, a veces a los otros, soldados obregonistas enfrentados a “los pelones” y éstos cazando carrancistas, arrastrándolos por entre las piedras y chamizos y al final colgándolos de las ramas de una higuera, hasta que las aves de rapiña y los animales del monte los dejen en los puros huesos y, gracias a esto, alguno sobre la base de su heroico sufrimiento suba al cielo y se convierta en el “ánima del carrancista”….
bulto de piedras del ahora, bajo la misma fronda y enterrado en el mismo salitroso predio, venerado por los habitantes del pasado de esa historia y que allí crecieron con él en la parcela y que luego lo hicieron tradición de boca en boca.
Recuerdos del pasado sinaloense que ahora son historia. Memorias de un Robertson Bunker de Los Mochis que se fue a California, y con él creció la patria y se hizo libro, floreció como jardín en el bolsillo y en la memoria, ecos del pasado que repican entre las parcelas ejidales y…. que fueron los predios de los Hays, los Johnston, los Drake, Los Mulkey, los Sayer; recordamos a Gerta, a Helmut y Joffa de la familia Kurt, y a otros tantos que como fantasmas se pierden en mil noches que sí dejaron huella, que sembraron el algodonero, la caña de azúcar y la alfalfa, poblaron Bajonea, La Logia, Salsipuedes, San Miguel y el Guayabo, El Ranchito que una creciente se llevó y repobló San Lorenzo.
Aquí está el colorido retrato de los Mayos que se escondían bajo la
arena del Río Fuerte y entre los chamizos, para dejar pasar a “los pelones” y luego caerles por detrás, silenciosamente clavarles con sus arcos varias “jaras” de mayo remojadas en veneno de alacrán o de serpiente, tumbarlos del corcel y rajarles el pescuezo con un frió puñal patriota y justiciero.
Como fantasmas pasan las imágenes a caballo de los jefes guerrilleros José María Ochoa, Felipe Bachomo, Julián Bacome y Miguel Vainoro. Días y noches llenos de furia y heroísmo, de fuego y pólvora, de incendios de fincas y sembrados, de hurto de caballos y robo de mujeres, de vacas destazadas y de noches de gritos y de fiesta, del sonar de tambores y repicar de campanas, batallas en el desierto panorámico bajo la luz de una inmensa y arenosa luna,
la casa en la playa de los Robertson Bunker que hipnotiza a Thomas Antonio, que nos entrega en estos textos unas cuantas memorias de origen y pasado sinaloense, recuerdos de una historia que nos ha dado casa y Patria y razón de ser; porque la historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: ya que por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será.
* Colaborador del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa