EL GAMBUSINO FILÓSOFO
POR Louis Lejeune
Pancho Acuña, en casa de quien me alojo, es el presidente del Consejo Municipal de Bacoachi, y el hombre más rico del poblado.
Es el día 23 de mayo de 1886. Las construcciones nuevas alrededor de su patio están llenas de mercancía americana importada en abril, antes del retorno de Gerónimo. Contrabandista y buen comerciante, el señor alcalde apoya, a su modo, la única industria del país; la búsqueda del oro.
Provee a los gambusinos con provisiones, ropa, herramientas. Después de la temporada, se ajustan las cuentas al pesar el polvo de oro.
La unidad de peso es el pequeño fríjol del país, que representa el valor de un real. Ocho frijoles equivalen a un dólar.
Este Sistema, tradicional en Sonora, fue perfeccionado. Don Pancho cultiva en su jardín, eso dice, frijoles de origen californiano, más pesado y de igual volumen que los frijoles mexicanos. Es posible, pero el peso no tiene el valor que se le quiere dar.
Los gambusinos de regreso al pueblo, son como los marineros que hacen escalas en un puerto. Compran a precio alto, sin regatear, sillas de montar que no usarán, sombreros extravagantes, revólveres con cachas de nácar y sobre todo, un mezcal renombrado que don Pancho destilaba antes de la crisis en su vinatería del Manzanal, la diferencia entre el costo de fabricación del mezcal (seis litros por un real) y su precio de venta al menudeo (un dólar el litro) es excepcional.
Los objetos de lujo se venden 2 0 3 veces su costo y las mercancías de primera necesidad a precios razonables ya que no hay que matar de hambre a la gallina de los huevos de oro.
Los apaches matan a muchas cuando salen al campo.
Los campos de oro, se encuentran a cuatro leguas, al pie de la Sierra del Oro, que corta el horizonte al campo. Con sus costumbres rodeadas y sus columnas de pinos, es misteriosa y solemne como un templo. Sus fieles no la frecuentan desde hace dos meses; personas americanas se obstinan en perforar un pozo en la cima, a pesar de la orden de retirada dada por el Prefecto a todos los mineros del distrito.
El domingo pasado un gambusino de Bacoachi, Homobono Luna, se aventuró en estos parajes. Perezoso y briago, sin conseguir fiado en la tienda, se fue con la bolsa casi vacía borracho y amenazando con el puño tanto hacia el este como al oeste, desafiando a Jerónimo por una parte y al acalde por otra, a un combate singular.
Y, por una de estas casualidades que hacen el éxito de las loterías, encontró en su primer hoyo, y por decir así, al primer golpe de pico, una pepita de 26 onzas, que por lo menos valía cuatrocientos dólares. De regreso a Bacoachi a paso de carera, ahora toma fiado todo el licor que quiere, ya que los tres tenderos se esfuerzan por obtener la “chispa”, a un buen precio a cambio de mercancía.
Don Pancho Acuña, quien antes sacaba a Homobono de su tienda, le da ahora abrazos, le invita a cenar. Ayer le regaló un poco de chocolate caliente, Sorprendido ante este manjar raro y casi legendario, el gambusino por fin sacó de su bolsa la pepita y metiéndola en el jarro, exclamó: “bebe, bebe mi bella….a ti te lo sirvieron…”
Desde el regreso de este filósofo, los campos de oro quedaron desiertos. Tendré que visitarlos sin guía, ninguna de las gallinas quiere bajar de la mesa donde se escondieron.