CRÓNICA DE UN PEREGRINO

 

 En cuanto encumbramos la Cuesta del Borrego, de la sierra de El Novillo –de donde dice la publicidad oficial que nos va a llegar agua en abundancia, aunque les duela a los falsos y verdaderos yaquis, sentimos, Fernando Hurtado, originario de Sahuaripa, su pareja Rita, de villa de Seris y mi esposa Olivia, que estábamos ingresando a otro ecosistema. El aire frío fue el aviso.

 Con las puertas del automóvil bien cerradas y aislados del ambiente de la montaña olvidamos durante el trayecto el caluroso clima de Hermosillo, del que salimos a las altas horas de la madrugada de las nueve de la mañana. Dos horas después estábamos en Bacanora, donde, como en la generalidad de los pueblos de la sierra, todo sigue igual.

 Pareciera que los hombres con sus ropas de campo y sombrero de palma, y sentados en las banquetas, son los mismos que durante varias décadas del siglo pasado vieron con lentitud, tal vez desesperante para otros, la construcción de la carretera pavimentada.

 Ajenos a los acontecimientos que sacuden al Aldea Global en que se ha convertido el planeta, ahí están viendo pasar el tiempo como la Puerta de Alcalá.

 Sahuaripa sigue siendo Sahuaripa les expresé a mis acompañantes durante el peregrinaje en que convertimos la visita los días once, doce y trece de diciembre del presente año a la tierra de mis raíces, muy a pesar del polvo que cubre al pueblo debido a la saturación de automóviles legales e ilegales.

 A esa contaminación hay que agregarle la que generan los aparatos de sonido de los grupos musicales integrados por jóvenes que tal vez algún día se conviertan en músicos regulares, y dejen de utilizar el ruido infernal que producen para ocultar la mala calidad de sus desempeños disque musicales.

 Es una lástima, que lastima ver tanta basura regada en el centro de la fiesta que es la plaza pública y las cantinas ubicadas de manera estratégica en ambos extremos de la pista de baile. Consecuencia: se observan muy pocas parejas bailando. En su mayoría jóvenes que lo hacen portando en sus manos una lata de cerveza.

 Pero Sahuaripa sigue siendo Sahuaripa gracias a su gente, la que ahí radica, y que con muy poco entusiasmo participa y disfruta de las fiestas dedicadas a la matrona, que no patrona,

 La Virgen de Guadalupe, que independientemente de sus raíces religiosas es uno de los factores de cohesión social con que cuenta el país.

 Precisamente desde el templo erigido en honor de la Guadalupana, el padre Durán (Q.E.P.D.) en sus sermones, les hacía saber a los militares asentados en el pueblo con el fin de combatir el narcotráfico, que cuando ellos dispusieran les podía señalar, desde su avioneta, con la cual hacía visitas frecuentes a los pueblos ubicados a lo largo del río, y más allá inclusive, los lugares donde se encontraban los sembradíos de mariguana.

 Recorrimos los pueblos del río hasta llegar al Valle de Tacupeto, donde se observa únicamente gente ya muy mayor tomando el sol en las banquetas, y esperando algún final, que me resulta muy difícil poder imaginar cuál es.