Crónica de un viaje a la nación seriPor Rocío Castro Magaña / Dossier Politico

Dia de publicación: 2010-07-05

En el camino

30 de junio de 2010,  2:40 pm.

Al bajar del autobús la caminata calcinante por terracería hasta el punto donde la suerte nos llevaría a Socaaix  (punta chueca) territorio Seri que se localiza a 30 kilómetros al norte de Bahía de Kino.

El calor resbalaba por la frente y se albergaba en los ojos, los parpados quemaban la mirada en lo que la ilusión voladora de nuestros pasos se detenía para limpiar el sudor y sacar la sal de las pupilas.

Es curioso sentir el mar saliendo del cuerpo, las olas en el andar y la  respiración del desierto en cada piedra, en los cactus diversos, y a lo lejos el azul turquesa de las aguas entre cerros.

El vehículo detuvo su marcha y de un salto ya estábamos en la parte trasera del pickup con las mochilas y la sonrisa en la aventura de correr bajo el motor de una lobo blanca que se dispuso levantarnos del lugar.

El animal corrió desesperado, por un momento nos sentimos secuestrados, y lúdicamente contamos los minutos en lo que la prisa amortiguaba el choque de las llantas contra las piedras mientras recolectábamos sin querer los colores del paisaje.

Atrás el polvo, la ciudad. Nosotros.

El futuro del sueño occidental en la nación Seri

Al llegar, el viento en los ojos, la arena en la piel y el sabor de la sal en el movimiento del mar. Una perruna bienvenida  nos olisqueó hasta convencer al canino nativo que nuestro cuerpo era como el de ellos; los perros aquí abundan sobremanera y aunque el “ichch ichch” acostumbrado para correrlos a la hora de la comida se oye por todos lados, los perros son algo en esta nación donde el hambre y las altas temperaturas son desafiadas por cada uno de sus habitantes.

Los pescadores hacen  lo suyo, sus cuerpos tostados brillan al salir de las pangas trayendo consigo el alimento deseado  para abastecer a la familia.

El panorama abre los sentidos, la ficción surge en el recuerdo de la ciudad, las metáforas brotan entre las calles y sus contenidos que son fusión de mar y desierto.

Frente a Punta Chueca (arenal  que recorre la playa dibujando un semicírculo sin cerrarse) se despliega impresionante la isla del Tiburón, reserva ecológica de uso exclusivo Seri que mide unos 30 por 40 kilómetros.

Desde hace más de tres décadas 211 mil hectáreas (que abarca el Mar de Cortés o Golfo de California) fueron otorgadas por decreto presidencial para uso exclusivo, incluida la isla del tiburón, la más grande del país.

Caminando,  la sensación de percibir este lugar se pierde en el tiempo que parece no existir, porque la vida corre en la búsqueda y capacidad de sobrevivencia en un lugar donde la naturaleza lo convierte todo.

Los perros continúan su estar en este mundo de peleas, las costillas saltonas de sus cuerpos saludan sin querer al visitante. Entre manada buscan alimento, sobreviven bajo la ley del más fuerte y sus gruñidos son la canción constante de quien busca la sobrevivencia a partir de la fuerza.

Es curioso ver como las analogías brincan  la mirada y tejen esa red de universos paralelos.

Observo al  envalentonado animal que cuida el cuerpo de su compañera, la cicatriz debajo del ojo derecho, su cabeza recostada sobre el lomo de la hembra indica que es dueño de algo.  La propiedad privada es la perra que trae a la manada loca y  unida para reproducirse y subsistir; el instinto se dispara  por el  olor, las glándulas segregan esa sustancia que entre perro y hombre producen deseo y posesión. El animal amaga, arruga la nariz y enseña el amenazante colmillo.

El andar por el pueblo transporta hacia el  futuro al ver la decadencia de nuestro presente que ha tocado en parte a la nación conca´ac , y aunque ajenos a nuestra cultura, la globalización los ha tentado de tal manera que poco a poco se han ido adaptando a la vida sedentaria a la  que han sido orillados.

Según cuentan los ancianos antes se practicaba la caza, hoy se ha reducido la recolección de frutos y semillas del desierto, sin embargo aun dependen de la pesca, aunque usando  lanchas de motor y no como las elaboradas de antaño con carrizos y ramajes. Ahora comercializan la pesca mediante una cooperativa surgida durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.

A nuestro paso, botellas de Coca-Cola inundan las calles, el monte y la playa. Los autos último modelo convertidos en chatarra en cada esquina y las antenas de Sky en cada casa, transportan al porvenir de nuestro sueño de arena en este lugar que dibuja esa imagen post apocalíptica que tanto se respira en nuestro mundo de guerra constante contra las jugadas de un gobierno corrupto y sus planes estratégicos de seguridad disfrazada.

La nostalgia invade, también la alegría. Cabe la reflexión y la capacidad de adaptarse a los ciclos de la naturaleza,  la lucha de los concá ac por la autonomía,  nuestra ilusión  de la felicidad en el confort contaminando sus manos, y derramados nuestros sueños en la arena.

Año nuevo: celebración de persistencia, cantos y alabanzas a la naturaleza

Desde las seis de la tarde, las mujeres empiezan a preparar el festín gastronómico y los ancianos se hacen cargo del micrófono para entonar sus tradicionales cantos. El Gobernador Seri en su lengua  ofrece un discurso sobre la festividad y a su vez da las gracias al Gobierno del Estado que los benefició en estas fiestas con 16 mil pesos para la comida. Izan la bandera, los fotógrafos hacen su llegada, Televisa presente, se disparan los flashes de las cámaras, se prepara la grabación. Al parecer, esta televisora nunca había presenciado esta celebración, el motivo y los fines…

Mientras,  el sonido del mar arrastra, uno también es caracol, el aire trae música y  la fiesta empieza. Me traslado hacia el lado femenino de la ceremonia. Entre la arena, arcos de ocotillos adornados con listones, la celebración organizada por mujeres recrea un ambiente que rescata la tradición,  desde las estancias elaboradas con ramajes, la vestimenta y  la comida tradicional.

Sentados en la arena, Genaro nos cuenta cómo las tradiciones se han ido perdiendo y las propuestas de rescate se han hecho presentes. Frente a una puesta de sol cuyos colores pintan el cielo primero de rosa, después violeta, vemos ondear por el aire los listones  rojos, blancos y azules; colores de la bandera Seri, cuyo significado describen el rojo como la sangre de los guerreros que hicieron posible la autonomía de esta nación, el blanco la paz, y el azul el mar y el universo. Al centro dos flechas cruzadas y en la parte superior una cabeza de venado. Genaro explica que las flechas de la bandera apuntan hacia abajo, y esto significa que la nación no dejará de luchar.

Las bocinas están listas, el micrófono espera. La esbelta cantora con su colorido vestido tradicional da inicio a la ceremonia al cantar la canción del cielo.

Arriba, el violeta se ha vuelto sangre, la oscuridad avanza y brotan esplendorosas las estrellas. En este paraíso todo se ve de cerca, apenas al alzar la mano pareciera que tocamos los astros y éstos nacen desde nuestros ojos; constelaciones desconocidas aparecen en este firmamento y nunca antes había visto las estrellas tan de cerca y de a montones.

Culmina el canto y una anciana continúa explicando la lengua desconocida de algunos cantos ancestrales, de momento nos canta la canción-poema de la brisa que se junta temprano debajo de las lanchas pescadoras junto a la montaña. Las niñas danzan y se divierten con juegos milenarios de piedras acomodadas en círculos y pedazos de cactus.

Cada elemento de la naturaleza tiene su canto, el monte, la cueva, las plantas, las piedras, la nube, el sol, la tierra, la luna…  En esta ceremonia se celebra la vida y  la abundancia en la aridez, la persistencia y la sobrevivencia.

Genaro explica que se escogió este mes porque con la llegada de la primer luna nueva del verano, se da la productividad en la naturaleza y todo florece.

Los cantos hipnotizan y entrada la noche,  Betzabé, la joven cantora, cuyas piedras y nubes adornan su cara en la pintura facial, sostiene sobre sus manos una concha onda de mar con amáa j, la bebida de los dioses, un ancestral licor de pitaya y su consecuente canto ceremonial.

Me aproximo al centro para escuchar  y la joven me obsequia una probada, sin poderlo creer, acerco mis labios a la concha y explota en mi lengua el exquisito sabor dulce de la fruta del desierto. Doy las gracias y al concluir la canción, vuelvo a la arena inundada del sabor del fruto.

Dulce la noche, la respiración, la estancia. Del otro lado se escuchan los Hamac Caziim, (grupo de rock que difunde sus cantos tradicionales en este género y en lengua Seri) cuyo nombre quiere decir fuego nuevo.

Así, mientras los cantos y las danzas a la naturaleza continúan, las ancianas nos invitan de sus comidas tradicionales, un verdadero sabor a desierto y mar; arroz con jaiba y verduras, pescado frito, caldo de mariscos, pan local y de cierre un plato enorme con exquisita pitaya rosa,  y péchitas (vainas de árbol de mezquite) enmieladas.

Uno se vuelve la extensión del paraíso que encierra este bello lugar. El color bautiza desde los atardeceres el nombre que no tenemos, la identidad perdida y la existencia al ser parte del universo.

Despedida

Es la mañana del 2 de junio, las mochilas esperan, el cuerpo pide un baño de sal y el sol quema lento.

Me dispongo a decirle adiós a este pueblo Concá ac, que en su lengua quiere decir “La gente” a diferencia del vocablo Seri que en yaqui quiere decir “Hombres de la arena”.

Pancho dice que nos espera, nosotros prometemos regresar. Después del poderoso canto con sonaja y semillas de codos de fraile, la naturaleza se adhiere a la piel y uno se convierte en monte.

Pancho dice que una vez que te conectas con una planta, te conectas con todas. De su casa penden varios móviles de caracoles tocados por el viento, una hamaca de lado y dos cráneos de borrego cimarrón a la entrada. Su presencia encierra la armonía, contagia.

Aquí la tecnología es sentir timbrar al visitante en los oídos que funcionan como radar porque los teléfonos no funcionan;  el internet está en la capacidad de sentir vivo cada elemento de la naturaleza y comprender su lenguaje;  los ojos funcionan como ventanas a otros mundos en las noches donde la magia toca a través de los cantos y las conexiones con las estrellas.

De mar y desierto una nación que defiende su autonomía y sus costumbres. Ellos soplan el viento que habita en las cuevas de sus bocas y nuestros sueños citadinos lento se desmoronan como castillos de arena.

Adiós hombre-desierto, mujer-cielo, niño-nube, corazón de cactus, sangre de pitaya y mar.