**Hay un pueblo entre Cumpas y Nacozari, a orillas de la carretera que se llama Bella Esperanza, pero su nombre antiguo fue el de Pozo Hediondo en donde se suscitó una gran batalla.
Federico García y Alva escribió en su Album Comercial publicado en 1907:
Allá, bajo el purísimo cielo azul de la frontera el año de 1851, en gloriosa jornada apareció la figura simpática de Don Ignacio Pesqueira con el triple prestigio dela Juventud, del patriotismo y del talento, como porta-estandarte de la libertad y como precursor de la ruina del coloso que en Sonora se llamó “Partido Gandarista”.
La irrupción de los bárbaros era formidable al comenzar ese año. El famoso cabecilla indio “Mangas Coloradas”, con más de setecientos apaches había penetrado hasta el centro del Estado haciendo sentir por todas partes sus acostumbradas depredaciones.**
Se comunica a Arizpe que este enemigo se dirigía a la frontera y Pesqueira se acerca con la autoridad local y organiza sin dilación cincuenta nacionales que apenas pudo municionar. Da cita a los de Bacoachi y en el día y punto designado se incorporaron ambas partidas con un total de ochenta infantes y veinte dragones.
La mañana del siete de Enero de dicho año, una sección avanzada del enemigo se avista por el camino en que era esperado, y a poco se empeña el combate en el punto llamado “Pozo Hediondo” en el Distrito de Moctezuma. Los apaches retroceden y las fuerzas los persiguen hasta encontrarse con el grueso de los indios que pasaban de trescientos.
Allí la lucha toma mayores proporciones, por ambas partes se pelea con desesperacióna campo razo, por ambas partes caen muertos y heridos y se encarniza más y más el combate. Como a las cuatro de la tarde de tan aciago día llegan al enemigo refuerzos de más de doscientos ganduales comandados por los capitancillos Irigoyen y Moraga.
A pesar de esto las fuerzas no retroceden y resisten heroicamente el empuje de mayor número. Entre tanto, las municiones se agotan por ambos lados y los fuegos comienzan a apagarse, pero la lucha sigue con arma blanca, con garrotes y con piedras, ciega y desesperada, hasta que la oscuridad de la noche puso término a tan terrible batalla.
Las fuerzas de Pesqueira se encontraban casi en su totalidad aniquiladas, de cien hombres ochenta estaban fuera de combate, habían muerto cuatro oficiales y veintidós individuos de tropa, cincuenta estaban heridos y entre estos Pesqueira y su segundo en Jefe, Don Rafael Ángel Corella.
De los apaches murieron mas de setenta y el número de sus heridos era incontable. Humanamente era imposible continuar la pelea y las fuerzas del orden se retiraron del campo con rumbo al pueblo de Cumpas. Los heridos marcharon pié a tierra, cayendo y levantando, pues solo cinco caballos sobrevivieron y llevaban a los enfermos mas graves.