Por Ramiro Valenzuela López /  

Un tema interesante resulta el de los primeros carros en la zona serrana sonorense;

tanto  para transporte de pasajeros como

de carga importados por piezas,

y armados por instructivosLos primeros carros en la sierra eran escasos y aunque la comunicación un tanto difícil, no significaba impedimento para el devenir de la población flotante (guardando desde luego las debidas proporciones), aunque la comunicación entre los pueblos era eventual y se hacía a lomo de animales.No existía la fluidez ni el compadrazgo entre vecinos de un poblado y otro, no obstante que se realizaba uno que otro matrimonio armado por las familias de la ralea, más que todo por conservar los bienes patrimoniales. Tal vez por eso con regular frecuencia encontramos matrimonios de los mismos apellidos entre primos; Durazo, Romo, Valencia, Maldonado, Bustamante, etc.

Por lo de la dificultad del transporte, vale la pena echar un vistazo a los orígenes de los medios que de una manera u otra, agilizaron la economía y la forma de vida de aquella gente; dar idea de las peripecias con marcados tintes evocadores de añejos romanticismos, que se padecía para movilizarse de un lado a otro.

Por tanto el transporte es un tema que vale la pena abordarlo, aunque sea a vuelo de pájaro; necesitamos remitirnos un poco a la incipiente industria automotriz que pagó la novatada; hasta que la preclara inteligencia de una familia inversionista, aprovechando el más grande invento de la humanidad,  con el que el hombre prehistórico logró aliviar en gran forma su lucha rutinaria por la supervivencia: “La Rueda”. Este artefacto redondo, hasta nuestros sigue significado la base de un progreso creciente, tanto en el tiempo como en el espacio, incluyendo el sideral.

La familia Ford, sabía que mejorando la calidad de la “rueda” más si lograba ser impulsada por su propia tracción, generaría uno de los hechos revolucionarios que pondría en movimiento a una sociedad aletargada, que con trabajos, lograba realizar durante la luz del día, quizá solo la octava parte de la capacidad humana; al grado que hoy en día, la industria automotriz se ha perfeccionado de tal manera, que algunas marcas en muchos aspectos han superado la originalidad de Ford.

Por ejemplo la Chrysler, que recientemente presentó en Europa el modelo 300 C, que ha convertido a Chile, como el primer mercado de Latinoamérica; y mucho se puede decir de avances de otras marcas europeas, todas en franca competencia para bien de la humanidad.

Las dificultades de la industria automotriz despegó hasta que la familia Ford concibió la idea de fabricar automóviles sencillos, destinados principalmente al consumo de la familia media estadounidense.

Hasta entonces el automóvil había sido un objeto de fabricación artesanal que resultaba prohibitivo para la mayoría de las clases pudientes, precisamente por estar confeccionado pensando en una sociedad pudiente y por lo mismo, limitada.

Se trataba de automóviles de piezas intercambiables. La empresa se vio obligada a idear, un arriesgado sistema. Las dimensiones del mercado norteamericano seguían siendo propicias, pero la empresa debía de tomar en cuenta mercados populares como el que ofrecían los vecinos de Canadá y México.

Por lo que  La empresa, en 1903, puso en marcha un novedoso proyecto empresarial, que había dado resultados en la construcción y reparación de relojes y otros enseres mecánicos por el estilo, pero que abarataba  costos.

Ahora planeaba aplicarlo para a  la producción de automóviles en serie, que consistía en instalar una cadena de montaje a base de correas y guías deslizadoras, que  trasladaba el chasis del automóvil hasta los operarios donde realizaban las tareas encomendadas, y daban el  acabado final al automóvil.

Esa  fabricación en cadena con la que Ford revolucionó la industria automovilística, se pagó con creces los riesgos corridos.

En todo el mundo encontró mercado para absorber una producción que no se daba abasto.

**La fabricación en cadena permitía, controlar estrictamente el ritmo de trabajo y de tiempo del personal, al evitar que los obreros tuvieran que para colocar las piezas, tuvieran que trasladarse de un lado a otro.

La velocidad que exigía la cadena de montaje generó la reducción de costos y permitió mejorar los salarios de los trabajadores, que fueron en su época, los mejor salarios pagados en la industria Norte Americana, que nunca había rebasado los cinco dólares diarios; por lo que esta industria automotriz, produjo una transformación social, no solo en la población estadounidense, sino en la sociedad internacional. Aseguró una plantilla laboral satisfecha sin conflictos inter gremiales, y se daba el lujo de imponer normas de conducta estrictas dentro y fuera de la fábrica, vigilando su vida privada a través de un «departamento de sociología».**

Después, los mismos trabajadores de la Ford, lograron pertenecer al umbral reservado sólo para las clases medias, inclusive, convirtiéndose en consumidores potenciales de productos, como automóviles que ellos mismos construían, a precios especiales; nadie sospechaba que Estados Unidos en poco tiempo se convertiría en el prototipo de los más novedosos métodos empresariales.

Con su modelo T, Ford puso el automóvil al alcance de las clases medias, mediante el consumo en masa; con ello contribuyó a alterar drásticamente los hábitos de vida, de trabajo y la fisonomía de ciudades de muchas partes del mundo, creando la «civilización del automóvil» del siglo XX.

Con la que Carlos Marx y Federico Engels, se hubieran vuelto a morir; al darse cuenta, que uno de los problemas del obrero capitalista, era el espacio para estacionar su propio vehículo.

En la década de los 1920, se introdujeron a la sierra sonorense, los primeros carros adquiridos en las ciudades de Bisbee y Douglas, Arizona, introducidos a lomo de mula, para ser armados guiados por instructivos, por inteligentes aprendices de mecánicos, que por lo general, eran los mismos comerciantes de la región, quienes tenían la capacidad económica para  adquirirlos; pero como:

“la necesidad agudiza el ingenio”, los primeros automovilistas y sus ayudantes, resultaron expertos mecánicos.

Sus conocimientos y sus técnicas calificadas se trasmitieron rápidamente sin egoísmos entre vecinos con vocación en la materia, dando pie con ello, a dos nuevos oficios, de los mejor pagados en esa época: el de “Maistro mecánico” y el de “Chofer”; posteriormente fueron proliferando pequeños talleres mecánicos, cuya tarea principal consistía en la  reparación de llantas afectadas por las malas condiciones de la incipiente red caminera; la reparación de llantas era la que sostenía la nómina de cualquier taller mecánico.

Los primeros combustibles, lubricantes y refacciones, eran importados de Arizona por las ciudades de Naco y Agua Prieta

Se cuenta que una vez armado el primer vehículo en el lugar, su propietario con la colaboración voluntaria de la gente del pueblo, motivados por la expectación, y apoyado por la autoridad municipal, procedían a redondear esquinas de calles y banquetas, para que la corta torción del vehículo, sin mayor problema permitiera dar vuelta en las esquinas. La única área de acción de ese raro artefacto, eran las angostas rúas del pueblo, por donde transitaba.

No obstante que los propietarios de esas unidades eran gente acomodada, el negocio redituable, consistía en realizar tours callejeros para pasear a quien pagara el  importe de veinticinco centavos que costaba la hora de paseo, los vehículos trabajaban hasta 20 horas del día; quienes no alcanzaban turno, quedaban enlistados para el día siguiente. Sábados y Domingos se convertían en fiesta popular o en una verdadera romería.

Era tanta la fantasía imaginaria, que cuentan que los paseantes se sentían navegantes extraterrestres. La velocidad máxima desarrollada por estos automóviles era de 60 kilómetros por hora; de donde nació el popular dicho “Iba a 60”, aplicable a quien caminara apurado.