Por Epifanio Zamorano Ramos
Doroteo Arango, después general Francisco Villa, fué un rebelde innato, y revolucionario, si esto se acepta como el que propicia el cambio violento en los sistemas políticos.
Su primer acto de protesta contra el sistema de gobierno reinante, fué: oponerse a balazos a que su patrón Agustín López Negrete, haciendo uso del derecho de pernada, ley no escrita, pero tolerada por el régimen, y aceptada resignadamente por los humildes campesinos mexicanos; se llevará a una de sus hermanas.
Que le daba por hacer al jóven Doroteo después de aquellos hechos; sino huir a los montes para librarse de los rurales que le buscaban con ahínco.
Después de andar a salto de mata por algún tiempo, se unió a un grupo de proscriptos como él, que se dedicaban al abigeato y al robo. Después de algún tiempo de aquellas correrías, tratando de volver a la vida honrada, los abandonó y se trasladó a Hidalgo del Parral, Chihuahua, donde trabajó de minero y de albañil; pero hasta ahí el siguió la mano de la ley, y un día su patrón le informó que la policía le buscaba.
Esto lo llevó a huir una vez más; ahora a la ciudad de Chihuahua, donde lo localizó Don Abraham González que le habló con calor del programa Maderista tendiente a favorecer al pueblo humilde y derribar la dictadura; lo cual lo entusiasmó y se comprometió a levantarse en armas el 20 de Noviembre de 1910 de acuerdo con el Plan de San Luis, como lo hizo en su oportunidad.
Su personalidad se impuso luego, y pronto desplazó del mando de su grupo, al Jefe que se le había designado.
Sitiado Ciudad Juárez por los Maderistas; el Sr. Madero dispuso que no se atacará la ciudad de frente para evitar complicaciones internacionales; pero Orozco y Villa creyeron que con aquella medida se les escapaba el triunfo, y provocaron el ataque, que ya no pudo ser detenido no obstante los esfuerzos del Sr. Madero; lo que les llevó a la toma de la plaza y de hecho al triunfo del movimiento, y el principal objetivo, cuando al ser firmados los Tratados de Ciudad Juárez el día 15 de Mayo de 1911 , el General Díaz aceptó renunciar a la Presidencia de la República.
Al sublevarse Pascual Orozco contra el gobierno de Madero en 1912, Villa dió su apoyo al gobierno constituído, y después de la Decena Trágica y asesinato del Presidente y Vice-Presidente de la República en Febrero de 1913, dió su respaldo al bando constitucionalista representado por Don Venustiano Carranza, Gobernador Constitucional de Coahuila.
Es un hecho irrebatible que el General Villa fué el brazo armado de la Revolución. Sus espectaculares triunfos militares en Cd. Juárez; Tierra Blanca; Ojinaga; Torreón en dos ocasiones; Monterrey; San Pedro de las Colonias y ante todo la toma de Zacatecas; doblegaron al ejército del usurpador Huerta y le dejaron el camino despejado a la ciudad de México, que habría ocupado, si el Primer Jefe Don Venustiano Carranza, no le corta el suministro de carbón para la movilización de sus trenes.
Una vez que la Convención Militar de Aguascalientes relevó al Sr. Carranza como Primer Jefe del Constitucionalismo y encargado del Poder Ejecutivo, y al General Villa como Jefe de la División del Norte, y designó al General Eulalio Gutiérrez Presidente Provisional de la República; en vista de que el Sr. Carranza no acató aquel acuerdo; Gutiérrez nombró a Villa Jefe de los ejércitos Convencionistas; este avanzó al sur, arrollando en Querétaro al General Pablo González, y a poco se apoderó de la ciudad de México. Allí el 4 de Diciembre de 1914 se reunió con el Jefe de la Revolución del Sur General Emiliano Zapata, y esa misma tarde en Xochimilco concertaron una serie de acuerdos que decidieron el futuro histórico de México.
Roberto Blanco Moheno en su obra “Pancho Villa que es su Padre”, pone en boca de Angeles lo siguiente: “Mi General Villa, le ruego prestarme toda su atención. No se trata de usted, ni de mí, se trata del país, me entiende. Bueno, Zapata es un caudillo popular tan legítimo como usted, yo incluso tengo por él admiración y respeto, pero mi general, Zapata no es un buen militar, se lo digo porque lo sé. Como soldado no está a la altura de la suela de sus zapatos, General Villa, ni tiene a nadie cerca que sepa de esas cosas.
Es necesario, mi General Villa, ¡recuérdelo por favor! que como militar, como Jefe de Operaciones, se imponga usted desde un principio: que no acepte usted, como quieren los Zapatistas, dividir el mando de las fuerzas de la Convención, el Norte para usted y el Sur para Zapata, porque Carranza con mucha habilidad siguiendo el plan de Obregón, se ha refugiado en Veracruz, que quedará, si acepta usted la idea de los Zapatistas, dentro de la zona de ellos, que no saben hacer la guerra. ¡No saben General Villa! y de lo que se trata es de echar al mar a Carranza y sus traidores. Para hacerlo solamente hay un hombre. Y ese hombre es usted General Villa .
… Y usted General? (responde Villa).
Recuérdelo mi General, Zapata es un hombre limpio y justo, soy el primero en reconocerlo. Recuérdelo mi General, porque”…
Al enterarse de los acuerdos que han llegado los caudillos, Angeles lucha contra el destino: “Mi General Villa, me duele contradecir lo que usted hace, pero ahora o nunca existe la oportunidad de marchar sobre Veracruz donde Carranza no va a tener mas remedio que echarse un clavado en el mar. No le hablo de memoria, General, yo mismo en la época del Sr. Madero, tuve que combatir a los Zapatistas y se que aunque valientes carecen no solamente de armamento sino de verdadera dirección militar. Yo mismo reconocí que el General Zapata es muy responsable como revolucionario y como hombre, pero Obregón es un verdadero soldado y no tiene la estatura Don Emiliano para parársele al frente. Si ahora mismo, cuando las fuerzas Carrancistas van de retirada no los atacamos y vencemos de una vez para siempre, pueden rehacerse, enriquecerse con los enormes recursos del Sureste, armarse de dinero y pertrechos en el Puerto y luego va a convertirse en difícil lo que ahora es fácil. ¡Por favor, General!.
Pero Villa lo mira con reproche, y luego habla definitivamente:
Yo di mi palabra al General Zapata. Y Pancho Villa sostiene su palabra.” Y, tal como Angeles lo había previsto, los Zapatistas fueron derrotados por todas partes, y la ruta de Veracruz al centro del país quedó libre, dando oportunidad a Carranza para enviar al General Obregón los elementos de guerra y boca que necesitaba, y así pudo aquel avanzar hasta Celaya, donde se fortificó y esperó el embate de Villa.
Antes de las batallas de Celaya en Abril de 1915, Villa tuvo una conferencia telegráfica con Angeles que se encontraba en Monterrey, quien le dijo: “No consienta, Señor General Villa, distraerse de sus planes atraído por Obregón. Hace él aquellos movimientos sin verdadero propósito de avanzar; yo le aseguro que los recursos son limitados, y lo prueba el hecho de que haya dejado a un lado a los Zapatistas en lugar de aplastarlos embistiéndolos de frente. Lo que usted debe hacer, a mi juicio, es dictar ordenes a aquellas fuerzas para que lo hostilicen sin cesar, de noche y de día, demorándolo y desesperándolo, a pica y huye, que entre tanto nosotros consumamos el dominio de todo el Norte de modo que …
No Señor contesta Villa. Si dejo que Obregón avance y se organice y se fortalezca, luego me costará mucha sangre reducirlo al tamaño que tiene. Obregón es hombre astuto, organizador, de muchas luces de inteligencia. No me aconsejaba usted en Diciembre echarnos sobre Veracruz para aniquilar las tropas que Obregón había salvado? … Ya lo vé, Señor, no quise escucharlo entonces por miedo de que se perdiera nuestra base de operaciones en el Norte, y ya viene él allí con no menos de 12,000 hombres. Si le concedo reposo otros tres meses se me planta con 20.000…
Angeles sabe que si Villa no avanzó a Veracruz fué porque no se atrevió a imponerse a Zapata, y que el poderio actual y futuro de Obregón que esgrime son solo tapaderas, y que persiste su antigua obsesión de acabar con aquel, del mismo modo que Obregón quiere acabar con Villa, “desde aquella ocasión” en que lo quiso fusilar, y que por eso refuta sin razonamientos firmes la sugestión que le hace.
Llevado pues, por aquella obsesión, y engreído con sus triunfos anteriores, lleno de soberbia desoyó los consejos de Angeles. Pareció no darse cuenta que Obregón era un hábil militar y se encontraba con muchos elementos en una ciudad fortificada, donde la defensa puede hacerse a la base de un hombre contra cinco. Que los campos aledaños a Celaya eran de sembradío cruzados por muchos canales de riego, donde sus famosas cargas de caballería no funcionarían. No obstante fue por dos ocasiones sobre Celaya, siendo rechazado con enormes pérdidas, esfumándose allí la fama de invencible de la famosa División del Norte, y la estrella del Centauro comenzó a declinar.
Antes de la segunda batalla de Celaya, un Oficial ex-Federal que servía a sus ordenes se atrevió a decirle a Villa: Mi General; esto es ir a dar dado. Pero el hombre había perdido la cabeza, y condujo una vez más a los suyos al matadero.
El no haber escuchado Villa la voz autorizada de Angeles, tanto en Diciembre de 1914, como en Abril de 1915; cambió el rumbo de la historia. De haber seguido aquellos consejos, Veracruz habría caído en su poder, y el desastre de Celaya no hubiera ocurrido; y, en tal caso. Obregón no hubiera sido el Héroe de Celaya, ni el General que no conoció las derrotas.
En el terreno social, Villa siempre trató de favorecer a los humildes. Como Gobernador Provisional de Chihuahua se enfrentó a la oligarquía estatal integrada por las familias Terrazas, Creel, Cuilty y Falomir, a las que confiscó bienes, mediante Decreto de Diciembre 12 de 1913, “a fin de garantizar las pensiones a viudas y huérfanos causados por la defensa que contra los explotadores de la Administración ha hecho el pueblo mexicano y para cubrir también las responsabilidades de sus procedimientos les resulten de los juicios que a su tiempo harán conocer los juzgados especiales que a titulo de restitución de bienes mal habidos se establecerán en las regiones convenientes”. Decía en los considerandos aquel Decreto.
Abarató los precios del maíz, frijol y carne; abasteció el mercado con reses de las Haciendas incautadas, y mandó imprimir billetes, entre otros los llamados “dos caritas” que ostentaban las fotos de Madero y Don Abraham González, que se cotizaron en El Paso, Texas a 40 centavos de dólar, hasta su derrota en Celaya en Abril de 1915. Como hacía falta moneda acuñada, mandó trabajar la minas abandonadas y con la plata obtenida, usando una vieja maquinaria que se encontraba en Hidalgo del Parral, que fue instalada en las calles Libertad y Tercera de la ciudad de Chihuahua, hizo acuñar monedas de plata con ley de oro del tamaño de los antiguos pesos, que se cotizaron a razón de dólar por peso.
El escritor John Reed, recogió las siguientes declaraciones de Villa: “Cuando México sea una nueva República, el ejército será disuelto, pues ya no lo necesitaremos. Daremos trabajo a los soldados y estableceremos en todo el país Colonia agrícolas con veteranos de la revolución. El Estado les dará tierra y creará empresas industriales para que tengan donde trabajar. Trabajarán tres días por semana y lo harán con todas sus fuerzas, porque el trabajo honesto es más importante que cualquier guerra, y solo el hace del hombre un buen ciudadano.
Los tres días restantes aprenderán arte militar y se lo enseñarán al pueblo. Entonces en caso de que nuestra patria se vea amenazada por una invasión enemiga, bastará con llamar por teléfono desde la capital a todos los confines del país, para que todo el pueblo abandone los campos y las fábricas a fin de defender como un solo hombre, armas en mano, organizadamente sus hogares y sus hijos. Sueño con terminar mi vida en una de estas colonias, entre mis queridos compañeros que pasaron conmigo momentos de tanto sufrimiento y privación”.
En el aspecto agrario, en Noviembre 22 de 1913 lo visitó en Ciudad Juárez Gildardo Magaña, Representante de Zapata que le habló del agrarismo por el cual luchaba su Jefe, con lo que Villa se entusiasmó y se declaró agrarista. Durante aquella visita pidió a su Jefe de Estado Mayor Coronel Juan N. Medina, repitiera ante Magaña la respuesta dada por el Primer Jefe Don Venustiano Carranza, cuando en su representación lo interrogó acerca de la repartición de tierras que solicitaban los pueblos del Estado.
Medina recordó que Carranza le había respondido, “que aquello no era asunto incumbente a los militares” que no sólo había que abstenerse de toda repartición de tierras a los pueblos, sino que: diga usted al General Villa que hay que devolver a sus dueños las que se repartieron en la época de Don Abraham González, durante el gobierno de Madero. Al escuchar lo anterior, Villa dice a Magaña: “Esto no puede ser aunque lo quiera el Sr. Carranza. Para devolver las tierras que el Gobernador de Chihuahua Don Abraham González, entregó a los pueblos durante su gestión administrativa, sería necesario quitárselas a las viudas de individuos que has perdido la vida en defensa de la Revolución”..jpg)
En los acuerdos que llegó con Zapata en Xochimilco en Diciembre de 1914 Villa aceptó el Plan de Avala en lo relacionado a tierras; y, finalmente, en Mayo 24 de 1915 expidió en Guanajuato su Ley Agraria, que contiene un principio de autonomía para el Estado de Chihuahua y su manifiesto deseo de crear la pequeña propiedad.
Su ataque a la población americana de Columbus, N. M, fue uno de sus actos más torpes y hasta estúpido, cometido por Villa. Nada tiene de heróico el atacar a mansalva una población que no esperaba aquel zarpazo. Sin embargo se impone aclarar que lo hizo para saciar una venganza contra alguien que lo había robado e insultado, creyéndose fuera de su alcance en el extranjero; y no con el objeto de provocar una invasión al país que le acarreara problemas al gobierno de Carranza, como se le acusó por algunos escritores, que inclusive le tildan de traidor a la patria.
A fines de 1915, antes de dirigirse Villa a Sonora, envió a su principal proveedor, Samuel Rabel, comerciante y hombre de muchos negocios radicado en Columbus por conducto del Coronel Candelario Cervantes, la cantidad de cincuenta mil dólares para la adquisición de armas y municiones, que aquel no surtió en la frontera como lo hacia regularmente; por eso a su regreso a Chihuahua despachó al mismo Coronel Cervantes a Columbus a exigir a Rabel la entrega de las armas o la devolución del dinero adelantado. Cervantes localizó a Rabel en su establecimiento “Rabel Bros Hardware Store”, y al reclamarle la entrega del armamento o la devolución del dinero, muy molesto le respondió: “Yo no tengo ningún parque que entregarles y mucho menos dinero. Quiero que no se vuelvan a parar en mi tienda, porque de hacerlo, me veré obligado a entregarlos alas autoridades. Yo no quiero tener nada que ver con bandidos. Entiéndalo bien. Villa no es sino un bandido y ustedes otro tanto. No me gusta tener negocios con bandidos”.
Por la noche del 16 de Febrero de 1916 encontrándose Villa en la Hacienda de San Gerónimo en plena Sierra de Chihuahua se le presentó Cervantes a rendirle parte de su misión. Con mal reprimida ira escuchó el relato que le hizo aquel, y al terminar solo le preguntó la distancia que había de la línea divisoria a Columbus; respondiendo Cervantes que unos cuatro kilómetros.
Aquella noche maduró su plan de venganza contra Rabel, que creyéndose seguro fuera de México se había atrevido a robarle e insultarlo en aquella forma.
A la mañana siguiente ordenó al Mayor Juan N. Muñoz reuniera el grupo de 300 hombres que le seguían, a quienes arengó dicendoles: “Se muchachos que ustedes no han tenido tiempo para descansar, todavía traen en su ropa el polvo de Celaya. Pero, esta lucha en que andamos metidos, nos exige los mayores sacrificios, tenemos por delante, una misioncita algo, “peliaguda” para lo cual necesito gente de confianza y en eso ustedes dan la medida”.
Comunicó solo a los oficiales el plan, marchando enseguida a lo mas apartado de la Sierra para evitar ser observados, y de ahí enfilaron hacia la frontera a donde arribaron a un lugar llamado Roca Grande al anochecer del día 8 de Marzo de 1916. Ahí descansaron unas cuantas horas, y, dió sus últimas instrucciones. Al Coronel Cervantes le ordenó: “Quiero que usted se encargue de traerme vivo o muerto a ese perro de Rabel y prenda fuego a todas las propiedades de ese hijo de…
A la una de la mañana del día 9 de Marzo de 1916, Villa dió la orden de cortar los alambres de la cerca divisoria y dirigirse a Columbus. Tres dorados sorprendieron y apuñalaron a los centinelas del 30 Regimiento de Caballería de los Estados Unidos, y se inició el ataque.
Cervantes logró poner fuego a la Ferretería, al Banco y al Hotel, propiedades de Rabel, pero este salvó la vida debido a que se había trasladado a El Paso el día anterior a consultar a un Dentista. Los resultados finales ya son bien conocidos.
Entre los actos reprobables cometidos por el General Villa, se encuentran los fusilamientos que ordenó en San Pedro de la Cueva el día 2 de Diciembre de 1915 acá en Sonora. Ese hecho ha sido muy comentado, pero como siempre sucede, cada quien lo relata según sus propias simpatías o apegado a versiones apasionadas o no muy serias.
Entre las personas que han escrito al respecto y que me merece mayor crédito, es el Sr. Don Angel Encinas Duarte, que residía en Batúc en la época de aquellos acontecimientos, que escribió con conocimiento de causa un artículo periodístico, del cual he tomado información.
Derrotado Villa en esta ciudad de Hermosillo en Noviembre de 1915, decidió regresar al Estado de Chihuahua via sierra, y así su diezmada columna pasó por Mazatán, Nacori Chico y Mátape, de donde mandó la artilleria por un antiguo camino carretero que conducía a San Pedro de la Cueva, y él, con el grueso de la columna compuesta de unos tres mil hombres tomó el camino de herradura que lo llevaría a Suaqui a donde arribó el día 30 de Noviembre de 1915. Mientras tanto los vecinos de Batuc, Suaqui y San Pedro de la Cueva alarmados por las versiones esparcidas de que grupos de desertores villistas venían cometiendo depredaciones por los pueblos que tocaban, decidieron armarse para enfrentar a aquellos foragidos.
Pero al saberse de que lo que se acercaba era todo un ejército al mando directo del General Villa; los vecinos de Batuc y Suaqui cambiaron de parecer; más no así los de San Pedro de la Cueva, que sin medir las consecuencias, llevaron adelante el plan de defensa, y un grupo de doce de ellos se apostaron bien ocultos en unos acantilados existentes a la entrada del pueblo de donde se dominaba gran parte del camino que seguían los Villistas, y al tenerlos a tiro de fusil, abrieron fuego dando muerte a siete de aquellos, entre quienes se encontraba un Coronel sobrino del propio Villa.
Al darse cuenta los vecinos de la inutilidad de la defensa, optaron por retirarse a los montes, a excepción de Don Jesús Noriega que regresó a ocultarse en su hogar en San Pedro, solo para ser descubierto al día siguiente y pasado por las armas; y fue este Señor Noriega el único de los inmolados que había tomado parte en la emboscada.
Villa se encontraba en Suaqui a 13 kilómetros al Sur, cuando recibió aviso de lo acaecido en San Pedro de la Cueva, y decidió trasladarse a ese lugar a donde arribó al amanecer del día 2 de Diciembre de 1915, ordenando acto seguido el arresto de todos los hombres adultos del pueblo que fueron siendo agrupados en una casa frente al Templo. Corrió luego la versión de que todos los detenidos serian pasados por las armas, lo que llevó al Párroco del lugar Andrés Avelino Flores a apersonarse con Villa implorándole clemencia para aquellos infelices, argumentando que ninguno de ellos había participado en la emboscada puesta a sus tropas en la orilla del Arroyo Tacoba.
Villa lo recibió y trato con respeto y cortesía, pero le hizo notar que los azares de la guerra lo hacían ser implacable con sus enemigos, que se abstuviera de intervenir y se retirara porque no quería volverlo a ver por ahí; y a continuación dió principio el fusilamiento de los detenidos, que fueron siendo conducidos al paredón en grupos de a cinco.
Ante aquel espectáculo horrible, el Padre Flores volvió una vez mas ante Villa, y de rodillas, crucifijo en mano le imploró piedad para aquellos desdichados. Villa por toda respuesta desenfundó su pistola y la disparó sobre el religioso que cayó sin vida a sus pies.
Nadie podría justificar este, y otros actos de barbarie cometidos por Villa; más debe tomarse en cuenta la turbulencia que se vivía en aquella agitada época, y la serie de sucesos que antecedieron a aquellos acontecimientos..jpg)
Después de haber sido Villa el niño mimado del pueblo y gobierno americano, y que aún después del desastre de Celaya, el General Hugo L. Scott, Jefe de la región militar de El Paso, Texas, le aseguró que su gobierno no permitiría que se le aniquilara, y que el Departamento de Estado de aquel país por conducto de su enviado especial General Felipe Angeles le había asegurado que Carranza no sería reconocido; encontrándose en Chihuahua después del desastre de Celaya, un buen día se desayunó con la ingrata noticia de que los Americanos habían reconocido a su enemigo como gobierno de facto en México.
Luego al dirigirse a Sonora le llegó la noticia de que el gobierno de Carranza gestionaba permiso de paso por territorio americano de tropas mexicanas para reforzar la plaza de Agua Prieta, Sonora, que era su primer objetivo; entregó diez mil dólares a su dizque amigo Mr. Carother, que había representado al Departamento de Estado ante él mismo, para que por todos los medios lograra aquel permiso fuera denegado, y como es bien sabido aquellas gestiones si las hizo Carother, no tuvieron éxito; la defección de algunos de sus generales; que su mejor proveedor de armas en Estados Unidos Samuel Rabel, se quedó limpiamente con cincuenta mil dólares que le adelantó, sin llegarle a surtir un solo cartucho; y su reciente fracaso en Sonora.
Todos estos antecedentes; la incultura de Villa que se dejaba arrastrar por impulsos primitivos de ira, y la guerra civil que se vivía, deben tomarse muy en cuenta; no para justificar lo injustificable; pero sí para ser más tolerantes al juzgar a este personaje que llenó toda una época de nuestra historia.