—Cuando el General se enojaba echaba sapos y culebras”: Vicente Padilla Hernández.

 — En Guaymas recuerda: “se le cayó el sombrero  nuevo en el agua al saltar del automóvil a tierra; lo recogió y se lo hundió en la cabeza, furioso, pero sin decir una palabra”: Gustavo Aguilar.

  —“Román Meza tenía un grupo de gente en La Misa, y al General no le gustaba mucho; decía que nomás se estaban fregando a los agricultores  y a los ejidatarios; Román entró con él una o dos veces  pero no le gustó lo que había dicho al General. En una de tantas veces que fuimos a Guaymas, lo que hacíamos seguido, me dijo Luis Dávila:

 -Oye Pancho, a ver si intervienes tú con Meza porque el General anda muy enojado con él- 

Yo le  contesté: -no hace nada, es amigo mío y lo conozco bien-. De todas maneras hablé con Meza y le dije:

 -Acércate al General, trátalo, es buena persona-. Me contestó

-No…, es muy arbitrario-, me dijo. Le insistí:

-Trátalo, granjéatelo, nomás no le des la contra en lo que te diga-. Pero la siguiente vez que lo vio fue peor: lo retó a golpes.

 -¿ah sí?-, le dijo el General, -Te espero tal día en tal lugar a las 9 de la mañana-.

Un día, mientras desayunaba a las 7 en punto, como lo hacía siempre, el General me dijo:

-Vamos a  Guaymas, maneja tú-. Cuando llegamos me ordenó que fuera hacia la librería de Castañedo. No bajó de momento. Miró a todos lados, como buscando algo y luego me preguntó:

-¿Conoces a Román Meza?; yo le contesté:

-Sí, fuimos compañeros de escuela-. Luego abundó:

-Este tal por cual que se está creyendo, me retó a golpes-.

-No le haga caso-, le contesté, -está loco, yo lo voy a arreglar-.

¡Ah no..!, me dijo, -este negocio es mío, tú no te metas-

El General no traía pistola, no le gustaba usarla, ni yo. Se bajó del carro y me repitió:

-No te muevas, no te vayas a meter-. Caminó hacia la librería, y dio unas vueltas por ahí. Total, estuvo una hora por el rumbo y nunca llegó Meza”: Mayor Francisco Luken.

 

—“No creía que era tan alto, la figura del hombre se impone”: Enriqueta de Parodi.

 

—“No, no era muy alto, sí robusto, cargado en hombros, de hablar reposado. Una vez cuando se abría el Fraccionamiento Pitic, Don Abelardo, molesto, tuvo una expresión fuerte, hiriente, para Don Belisario Moreno, y éste con una gran seriedad, le reclamó su proceder:

-Yo siempre lo he tratado a Usted con respeto, y me creo merecedor a igual trato-. Entonces el General, todavía con la brusquedad motivada por el esfuerzo para controlarse le respondió:

-Es cierto, perdóneme-  ”: Lic. Enrique Michel.

 —“Rodríguez era bien plantado, un tanto atlético; hombre de pocas palabras, vivía casi enclaustrado… Cuando meditaba, solía enredar sus cabellos aquí, atrás en la oreja, en uno de sus dedos”: Dr. Ignacio Cadena.

 ---“Era alto, espaldudo, con manos grandotas. El lo atribuía al mucho tiempo que trabajó en el campo, donde cortaba leña; jugaba también béisbol de joven y practicaba el box”: Mayor Francisco Luken.

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Team de Nogales (1910). De pié: José Medina, John Rafael (manager), Loreto Campa. Al centro: Ramón Camberos, Miguel Bernal, Arturo Peck. Sentados: Roberto Díez Martínez, Abelardo L. Rodríguez, Manuel Moreno e Hilario Pérez.

 

—“Se enojaba y después buscaba atenuar los efectos con medidas conciliatorias. Este negocio (Mezquital del Oro), apenas en sus comienzos estaba en la lista de los lugares que visitarían durante su convención los rotarios, y manifestó:

-¿Qué es esto… van a ver un gallinero?… Después pensó que su expresión nos lastimaría y buscó acercarse más a nosotros. Lo cierto es que escondía bajo una aparente hosquedad su verdadero carácter, comprensivo del dolor ajeno, amante de ayudar a los demás en forma decisiva y organizada”: José Santos Gutiérrez.

 

—Cuando el joven Gustavo Aguilar, hijo de padres coahuilenses, nacido casualmente en la ciudad de México e invitado a venir a Sonora cuando desempeñaba su primer trabajo en Colima, decidió contraer matrimonio; su jefe, el General Rodríguez, le preguntó si ya tenía casa. La respuesta fue una triste negativa, aunque el novio ahorraba con empeño. Entonces el General le vendió medio lote  nada menos que junto a la Casa de Gobierno, todavía en una zona rodeada de monte y consiguió que Ignacio Soto le vendiera otra mitad. El General le preguntó:

-¿Cuánto necesita para construir su casa?. Sumas y multiplicaciones extrarrápidas dieron como resultado la cantidad de ¡$15,000 pesos!. El General le extendió inmediatamente un cheque por esa cantidad y contrajo nupcias y redobló su trabajo para saldar su deuda. Gustavo Aguilar comenta:

-“Cuando reuní la cantidad me los eché al bolsillo y busqué la oportunidad de ver a solas al General; pero no pude hallarla. De modo que cuando se iba ya, en su automóvil, con dos o tres amigos de su edad que con frecuencia lo acompañaban, me acerqué al vehículo, le entregué el dinero en un sobre y le di las gracias. Vio el contenido y, volviéndose a sus camaradas les dijo:

-Aprendan de este ejemplo… aquí hay uno que sí me ha pagado-. Entre risas de todos, aludidos con razón o sin ella”: Gustavo Aguilar

 

—“Yo a veces jugaba golf con el General. No sé porqué le simpatizaba; me decía:

-Ven a jugar, güerito-. Era corajudo; cuando no le resultaba una jugada, arrojaba los palos. Una vez, le faltaba poco para hacer un hoyo y le dijo a Víctor Angulo:

-¿Me la das?-. A un jugador de golf no le gusta entregar una jugada y Víctor hizo como que no lo había escuchado. En su turno, de un solo golpe el General hizo el hoyo y dijo:

-No necesito tus regalos-: César Gándara.

 

—“El General Rodríguez fue para mí, en lo personal, un buen hombre y buen gobernante. No se si porque le caí bien, no sé porqué razón me llevé bien con él. Era yo el Secretario General de la CTM en el Estado y siempre los problemas que se me presentaron me ayudó a resolverlos. No solamente eso, sino que hubo veces que ante las intrigas en mi contra, que no faltaban, me apoyó. Una vez en mi presencia, me acusaron no se de qué en Guaymas porque había formado una Federación de la CTM, que no había, siendo Diputado. Algunos grupos de la CTS se fueron a la CTM y se enojó mucho Francisco Landavazo que era el Secretario General de la CTS en el Estado. Me acusó con el General y él le contestó:

-¿Y quién te manda?… por pendejo… los grupos se quisieron ir a la CTM y tú te descuidaste… muy bien… pero quedaron en buenas manos porque yo reconozco que Vicente Padilla es un buen dirigente-“: Vicente Padilla.

 —“Una vez, en Ensenada, después de comer, se puso el General Rodríguez a fumar y a devorar dulces sabiendo que era diabético… le gustaban mucho; de pronto se oyeron los pasos de la señora (Doña Aida, su esposa), y me aventó la bolsa para que pareciera que yo era el que los comía y apagó el cigarro.  Doña Aida le preguntó:

-¿Fumaste Abelardo?-. El General le contesta como si fuera un chamaco:

-No… fue La Changa- (un ayudante)”. Mayor Francisco Luken.

  “El día 11 de febrero de 1967 el General Rodríguez tomó jugo de naranja y gelatina, pero las esperanzas de salvar su vida se habían acabado según los médicos y oficialmente se informa que su deceso es cuestión de horas. Dos días después el General había muerto.

A los funerales en El Sauzal, su refugio de siempre, a 10 kilómetros al norte de Ensenada, acudieron el Almirante Antonio Vázquez del Mercado, Secretario de Marina y Representante del Presidente Gustavo Díaz Ordaz; los expresidentes Miguel Alemán, Lázaro Cárdenas y Adolfo Ruiz Cortines; el General Marcelino García Barragán, Secretario de la Defensa Nacional  y muchos personajes más entre ellos el Gobernador de Sonora Lic. Luis Encinas Johnson. Para despedirlo pronunciaron sendas oraciones fúnebres el representante presidencial, el Licenciado Aarón Saenz y los profesores Antonio López Gastélum y Ernesto López.

Un batallón de infantes de Marina acompañó el cortejo hasta el Panteón; soldados del Ejército hicieron los honores ante la tumba mientras cruzaban los cielos algunos aparatos de la Fuerza Aérea Mexicana. En Sonora, el Ingeniero Antonio Medina Hoyos hizo la apología del exgobernador desaparecido y la Secretaría dio cuenta de un escrito del Titular del Ejecutivo concluyendo del modo siguiente:

 

-         Sería prolijo hacer hincapié en todos los méritos humanos del gran personaje desaparecido. Además, ello resulta innecesario. Hoy, que ha llegado a la meta de su destino mortal, su presencia ante nosotros se hace más notable. Ha causado baja el General Rodríguez en el mundo de los humanos, pero causa alta y para siempre, en el mundo de los escogidos, de aquellos que merecen el respeto permanente y la gratitud de los conciudadanos-.

 Con fundamento en este escrito, se aprobó y se publicó en el Boletín Oficial No.19 del 8 de marzo de 1967 el Decreto Número 147 que declara Día de Duelo para Sonora, en lo sucesivo, el 13 de febrero, y sólo por aquel año, el 14. El decreto no ha sido derogado… pero ningún Gobernador, después de Luis Encinas, ha ordenado el Luto que prescribe la Ley”: Carlos Moncada.

 Bibliografía: Moncada Ochoa, Carlos. “Aquel Hombre: Abelardo L. Rodríguez”, Fondo Editorial El Libro Sonorense, Hermosillo Sonora México, 1997.

 Enriqueta de Parodi, “Ideario: Abelardo L. Rodríguez”, Hermosillo Sonora México, 1949.

 

Elaborado por Ing. Manuel de Jesús Sortillón Valenzuela para  www.hermosillohistoria.com