El Férreo gobernador Rafael Izábal Salido**Un personaje
intrínsecamente polémico;
fue gobernador de Sonora,
perseguidor de los yaquis
y un latifundista con
mucha visión económica*Por la antigua calle Hidalgo No. 24 vivía la familia Yzábal (así se escribía su apellido), compuesta por el gobernador don Rafael Izábal Salido, su esposa doña Dolores Monteverde y sus hijos Rafael, Amalia, Dolores y Laura.Todavía se conserva la vieja casona ubicada por la actual calle Pino Suárez frente al elegante hotel de la familia Benard, y en donde en los años 80’s Saro Restivo tenía su restaurante italiano frente al Auditorio Cívico del Estado.
Con cantera del cerro de la Campana, se nota el arco por donde el gobernador salía de su mansión a bordo de un solqui o una berlina a pasear, o bien a “chambear” al cercano Palacio de Gobierno.
Por ahora no vamos a hablar del nefasto personaje que fue. Vamos a dejar de lado las atrocidades que hizo con yaquis y alzados, y con los pobres seris que hasta a la misma isla del Tiburón encabezó varias excursiones de exterminio; tampoco hablaremos del genocidio que intelectualmente cometió contra los mineros de Cananea.
En esta ocasión vamos a hablar del empresario e industrial que fueron una de sus particularidades, valiéndose, claro está, de las prebendas que le otorgaba el porfirismo, que lógicamenteaprovechó.
El latifundio
Rafael Izábal Salido nació en la ciudad de Culiacán, Sinaloa en 1854. Su madre fue oriunda de Álamos y descendiente de una de las familias más sobresalientes de esa ciudad.
A la edad de 25 años se estableció en Hermosillo y desde entonces se incorporó al aparato porfirista, orquestado por el general Luis E. Torres.
Nuestro personaje se hizo de un enorme latifundio que se iniciaba precisamente en la calle Hidalgo y terminaba en las costas del Golfo de California.
En la parte trasera de su residencia, Izábal contaba con una de las huertas de naranjas más grandes de la ciudad y se extendía desde lo que hoy es la avenida Rosales hasta el actual barrio de La Mosca.
Irónicamente los peones y capataces eran yaquis a los que Izábal les tenía cierta consideración.
Para mantener esa huerta, ordenó que todas las acequias fueran desviadas para llevar agua, dejando sin el vital líquido para el mantenimiento de la ciudad.
Cuentan que era muy “malhablado”, pero que le quedaba al decir tanta leperada con sus empleados, así como entre sus amigos quienes le festejaban.
Por otra parte, más allá de las tierras del Chanate y colindando con la margen derecha del río de Sonora, se extendían los terrenos del “Rancho del Pozo” y 12 kilómetros más al poniente
estaban los terrenos de la “Hacienda Europa”, con sus terrenos de agricultura y su enorme molino harinero, que hacía la competencia al “Hermosillense” de Ramón Corral y Carmelo Echeverría.
Más adelante del lugar se encontraba una comunidad de peones “acasillados” llamada “El Centro”, del que no hemos podido lograr la ubicación exacta, pero al parecer se trata del campo agrícola “El Fundador” de los hermanos Ciscomani.
Luego seguía el actual campo “San Carlos”, y por último el “San Enrique”, donde estos dos últimos son en la actualidad los más importantes de la costa agrícola de Hermosillo. En el “San Enrique” existía uno de los represos más grandes de Sonora.
El enorme latifundio contaba con una extensión que abarcaba desde Hermosillo hasta el mar, midiendo aproximadamente unas 20 leguas, algo así como más de 80 kilómetros.
En 1904, Izábal le predijo al periodista Federico García y Alva el futuro de la costa de Hermosillo, cuando declaró que si se acabara el río Sonora (lo que sucedió con la construcción de la presa local, en 1946), “la solución sería la plantación de viñedos que producirán uvas de la mejor calidad del país”.
Además añadió: “… Frente a la Isla del Tiburón hay una bahía propia para puerto de mar y con un ferrocarril que podrá bajar de Agua Prieta por el río de Sonora, pasar por Ures, Hermosillo y los terrenos feracísimos de la costa y terminar el expresado puerto, ligando así el Pacífico con el Atlántico. Y si las leyes del progreso son ineludibles, más tarde o más temprano tiene que ser una hermosa realidad la idea que hoy esbozamos”.
La recta final
Rafael Izábal fue un hombre enérgico a más no poder. Mantenía a la peonada bajo la palma de su mano y no permitía que alguien se pasara de listo.
Al combatir a los yoremes, a muchos los mandó colgar o fusilar en el acto y sin el meno remordimiento, contando con la complicidad de los temibles rurales de la federación (los antiguos
AFI’s), y sin embargo a sus peones, que la mayoría eran integrantes de la etnia, os respetó.
Falleció en altamar el 8 de octubre de 1910 cuando iba de viaje rumbo a Europa y su cadáver fue arrojado al mar, según lo comenta don Francisco R. Almada. Agrega que se simuló que
se había traído a Hermosillo y sepultado en su “Hacienda Europa”, precisamente en la cima del cerrito que lleva su nombre.
Poco después los yaquis, llevados por su odio, profanaron el lugar donde se suponía descansaban sus restos y estos no fueron encontrados.
Otras versiones indican que 25 años más tarde, cuando falleció su hijo Rafael Izábal Monteverde, los restos del gobernador fueron exhumados de alguna parte y sus huesos fueron colocados
con los de su hijo, según lo manifestó la familia muchos años después.
Ambos descansan para siempre en la sección vieja del Panteón Yáñez.
Gracias por su tiempo.