Por: Epifanio Zamorano Ramos

En el mes de Febrero de 1913 México entero se estremeció de horror al conocer la vil traición cometida por el pretoriano General Victoriano Huerta, que no tuvo empacho en mandar asesinar al Presidente y vicepresidente de la República, Don Francisco I. Madero y Lic. José Ma. Pino Suárez, para usurpar la primera magistratura del país a implantar la dictadura militar.

Ante tan desleales actos, todos los antiguos Maderistas volvieron a empuñar las armas y se lanzaron a la lucha armada llevando como meta derribar al impostor y llevar nuevamente al país al orden constitucional.

Mi padre Sr. Epifanio E. Zamorano, que había sido decidido partidario político del Sr. Madero y servido como humilde soldado durante la Revolución de 1910 y contra el Orozquismo en 1912, organizó un grupo de campesinos armados, al cual le dió el nombre del Regimiento Arteaga, debido a que la mayoría de los hombres procedían del Distrito de ese nombre en el vecino Estado de Chihuahua, contiguo al de Alamos, Sonora.

Precisamente en esta ciudad se incorporó en Mayo de 1913, el grupo de mi padre al que comandaba el entonces Coronel Benjamin Hill, Jefe Revolucionario que operaba en aquella zona del Estado y con quien le unían nexos de amistad fomentada durante la campaña política de Don Francisco I. Madero.

En aquel grupo armado figuraba como segundo Jefe Félix Mendoza, correligionario político en la campaña de 1910 y fiel amigo de mi padre, quien como él, había servido en el movimiento armado de 1910 y de 1912 a favor de Madero y en defensa del gobierno constituido: Félix Mendoza alcanzaría posteriormente el grado de Mayor de Caballería del Ejército Constitucionalista, y sé cubriría de gloria al frente de una fracción del Regimiento, en la defensa de la Plaza de Alamos el día 12 de Mayo de 1915.

Aquel grupo de soldados improvisados ya incorporados al Ejército del Noroeste bajo el mando del General Alvaro Obregón, asistió a los principales hechos de armas protagonizados en la campaña militar por la Costa Occidental, hasta hacer la entrada triunfal en la Ciudad de México el día 15 de Agosto de 1914.

Al presentarse el rompimiento Villa-Carranza, tocó al regimiento Arteaga acompañar al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Don Venustiano Carranza al Puerto de Veracruz, donde permaneció por muy corto tiempo, ya que por disposición del General Obregón fue despachado al Estado de Sonora con instrucciones a sus jefes de hacer un reclutamiento en el Distrito de Alamos para reponer las pérdidas sufridas y, en su oportunidad, trasladarse a revolucionar en el Estado de Chihuahua dominado totalmente por el villismo.

Por no existir otra ruta a seguir, el viaje se hizo por mar de Veracruz a Coatzacoalcos, de ahí por tren a Salina Cruz y una vez más por vía marítima a Mazatlán, Sinaloa, donde el Regimiento fue provisionalmente incorporado a las fuerzas al mando del General Angel Flores, colaborando en la campaña del Sur de Sinaloa, donde operaba en el bando Villista el bravo General Rafael Buelna.

Vencida la resistencia villista en el Sur, el General Flores al frente de la Columna Expedicionaria de Sinaloa, prosiguió la campaña militar hacia el norte venciendo la recia resistencia que a través del Estado le presentaron los incidentes, logrando arribar y apoderarse de la Ciudad de Navojoa, donde estableció su Cuartel General. De ahí, por lo pronto, no se pudo proseguir al Norte debido al agotamiento de la tropa, y a que las fuerzas Villistas-Maytorenistas se encontraban acampadas en número muy superior en la margen Norte del Río Mayo, por lo que el Regimiento Arteaga se trasladó a guarnecer la ciudad de Alamos y a cumplir con su programa de reclutamiento.alt

Y ahora cedo la palabra al Capitán Primero del Estado Mayor, Rodolfo G. Robles que formó parte de la Columna Expedicionaria de Sinaloa, quien en un folleto que publicó en Mazatlán el 30 de Abril de 1916, escribió:
“En los primeros días de Mayo y en los que el enemigo no tomaba ninguna iniciativa de hostilizarnos con buenos resultados de su parte salió rumbo a Alamos el Teniente Coronel Epifanio E. Zamorano y el Mayor Félix Mendoza con una fracción del Regimiento Arteaga, (pié veterano) de cuyo lugar pasaría tan pronto como las circunstancias fueran favorables, al Distrito Arteaga, Chih., con objeto de revolucionar en el seno del villismo y para lo cual decíase que el Teniente Coronel contaba con numerosos simpatizadores”.

“Como este Jefe traía excelentes recomendaciones del General Alvaro Obregón, Jefe del Cuerpo del Ejército del noroeste; el Cuartel General le proporcionó algunas armas, municiones y 25 soldados del 6to. batallón para que mientras permaneciera en aquella plaza le sirviera de apoyo, (pié de reclutamiento)” y hasta aquí el Capitán Robles.

Días después de arribar el Regimiento a Alamos, dispuso su Jefe hacer una excursión relámpago a la Villa de Chinipas, Chih., ocupada por los villistas, partiendo con aquel destino con el grueso del Regimiento, dejando la Plaza bajo las órdenes del Mayor Mendoza con una escasa guarnición compuesta de tan sólo 27 soldados, algunos de ellos recién reclutados.

Ya sea por su servicio de inteligencia o en cualquiera otra forma, los villistas tuvieron noticias de aquel movimiento y de la escasa guarnición que se encontraba en Alamos, de tal manera que por la mañana del día 12 de Mayo de 1915 se avistaron a la Plaza fuerzas enemigas mandadas por el Teniente Coronel José Ma. Durán, los Mayores Ignacio Otero Pablos y Manuel Prado y el Capitán Manuel J. Limón que ascendían según el relato del Capitán Robles de 800 a 1000 hombres; pero por su parte el General Obregón los estima tan solo en 500.

Al ser intimado el Mayor Mendoza de rendición y entrega de la Plaza, respondió con un rotundo Nó.

En aquellos críticos instantes se presentaron al Mayor los Empleados Públicos, y varios civiles voluntarios a ofrecerle sus servicios para la defensa de la Plaza, completándose en esa forma un núcleo de 67 hombres, que batiéndose a la defensiva se concentraron en el Cuartel en la Loma de Guadalupe; cerraron fuertemente las puertas y, por claraboyas y aspilleras hicieron una defensa obstinada y valiente que se prolongó por más de cinco horas ante un enemigo que los superaba en más de cinco a uno.alt

El ataque Villista se inició por el Barrio de la Aurora camino de Navojoa, y se fue extendiendo con gran rapidez en forma circunvalatoria hasta cerrar por completo el círculo cuyo punto céntrico lo era el Cuartel.

Cuando el número de defensores caídos llegaba a los quince, había otros tantos heridos y las municiones estaban llegando a su fin, el Mayor Mendoza, a la sazón semi inválido a consecuencia de una herida que había recibido en una pierna en las primeras batallas de la Muralla, Sin., dos meses antes, creyó llegado el momento de tomar una última y suprema decisión; ordenó a sus hombres la rendición, pero él, tomando su pistola, se disparó un tiro en la sién, desplomándose sin vida para no levantarse más. Su fiel asistente, cuyo nombre no he podido averiguar y que, sin lugar a dudas, era un valiente y amigo del Mayor, siguió su ejemplo y, a su vez, se traspasó la cabeza de un pistoletazo, siendo la última víctima de aquella titánica lucha.

Años más tarde me platicaba mi padre, que en charlas con el Mayor Mendoza, le había dicho éste que si se llegaba el caso, se pegaría un tiro antes de caer prisionero y ser befado por el enemigo, y como lo sabemos, lo cumplió.

El General Alvaro Obregón en su obra Ocho Mil Kilómetros en Campaña al comentar estos hechos, escribió:
“Entre los hechos militares que mayor realce dieron a las armas Constitucionalistas, en la región Sur de Sonora y en la época del sitio de Navojoa, debe citarse la defensa de la Ciudad de Alamos, Sonora, el día 12 de Mayo de 1915.

El combate fue desigual, desesperado y rudo: el enemigo en número abrumador, cargaba sobre el cuartel, donde se defendía aquel grupo de valientes: éstos fueron siendo diezmados; muriendo unos y cayendo prisioneros otros, hasta que, por fin, el agotamiento de cartuchos y la asfixia que entre ellos comenzaba a producir el humo dentro del cuartel, los imposibilitó para prolongar aquel sacrificio inútil. Entonces el Mayor Mendoza, que era el Jefe de aquel puñado de hombres, les aconsejó se rindieran y él disparándose su arma, se privó de la vida. Su asistente, al ver aquel gesto heroico de su Jefe, cogió el arma de éste, y siguiendo su ejemplo, con ella se dió muerte también”.

Por su parte Don Manuel S. Corbalá en su libro Alamos de Sonora, página 110 termina su comentario al respecto, escribiendo:
“El Mayor Mendoza ordenó a sus hombres la rendición. y él no queriendo incluirse en ella, optó por el suicidio dándose un tiro en la sién, el último de su pistola,. desplomándose muerto a los pies del enemigo, de cara al sol, como morían los héroes Homéricos”.

El Capitán Robles en su folleto ya citado, escribió así mismo:
“En un principio parte de aquellas fuerzas, cuando menos, hubieran podido salvarse si su Jefe no hubiera tenido excesivo valor, confianza en sí mismo, e invalidez; se podría haber efectuado una salida a tiempo por el rumbo opuesto a la ofensiva, que era accesible, pero en estos momentos en que nos encontramos, ya no era posible, si acaso se pensó en ello.

Este es uno de los hechos históricos más grandiosos con que cuenta la Columna Expedicionaria de Sinaloa, donde la encomiable ayuda de aquellos voluntarios, se agigantó”.

Durante aquella prolongada y desigual lucha sucumbieron por parte de los defensores 17 hombres, contándose entre ellos el Mayor Mendoza, el Presidente Municipal de Alamos, Carlos M. Salazar, Severiano Gómez, Severiano Gómez Gil, hijo del anterior, Lic. Antonio Avila, Rosario Barriga, Pedro Vázquez, Jesús Ramos, Ubaldo Amador, y ocho hombres más cuyos nombres quedaron ignorados.

Entre los heridos estuvieron Enrique M. Rochín Manuel Tirado, Alfredo Rivas, Francisco Rivas, Crispin Santoyo, Pedro Balderrama, Manuel Mendoza, José Ma. Navarro, José Navarro, Severiano Cota, Jesús Antonio Cota, José Ruiz, Gumersindo Esquer, M. Quiñonez y Ernesto Salazar.

Por parte de los atacantes hubo 118 muertos entre quienes figuró el Jefe de la columna Teniente Coronel Durán; y 19 heridos. El gran número de caídos por parte de los atacantes, nos dá una Idea con qué tenacidad y valentía se defendió aquel puñado de valientes atrapados en el cuartel.

Durante algunos años después de ocurridos estos hechos, se vinieron rindiendo honores a la ciudad de Alamos a la memoria del Mayor Félix Mendoza. Su gesta heróica voló por los aires a través del corrido. Recuerdo una cuarteta que decía:
Le dijo el Mayor Mendoza, Cuando ya se vió perdido. Levanten bandera blanca, Yo me voy a dar un tiro.

Tiempo después se organizó en la ciudad de Alamos un Club Político que llevó el nombre de “Mayor Félix Mendoza”. Pero, como el tiempo todo lo borra, hoy día; el recuerdo del defensor de la ciudad de Alamos, ha pasado al olvido. Por ahí, en una tumba perdida del viejo Panteón de la ciudad se encuentran sus restos en completo abandono y olvido.

Para terminar, me estoy permitiendo sugerir a nuestro Presidente, Sr. Ing. Armando Hopkins Durazo, que aprovechando la buena disposición de nuestro digno Gobernador Doctor Samuel Ocaña García, inicie gestiones ante el Gobierno del Estado, a fin de que sea localizada aquella tumba perdida y los restos que contiene se trasladen a esta ciudad y, en su oportunidad, se depositen en la proyectada Rotonda de Sonorenses Ilustres. Más si ésto no fuera de aceptarse, que en el mismo lugar donde actualmente reposan le sea colocada una placa alusiva que haga perdurar su memoria.