La Amnistía

El 22 de Septiembre de 1886 se recibió de las armas el general Don Bonifacio Topete; la Secretaría de Guerra lo removió el 16 de Noviembre del mismo año nombrando en su lugar al general Don Joaquín Z. Kerlengand, quien entregó el mando al General Don Diego M. Guerra el 16 de Abril de 1887.

Después de la última derrota sufrida por los indios en Guachimoa era ya materialmente imposible para ellos seguir sosteniendo la guerra, faltos de víveres y de municiones, divididos en numerosos grupos que no podían resistir a la persecución que se les hacía, se apoderó de ellos el más profundo desaliento. El General Martínez lo comprendió así y considerando terminada la campaña, expidió una proclama llamándolos a la paz amnistiando a los que se sometieron al Gobierno y manifestando que serían perseguidos y castigados con toda energía los que persistieran en mantenerse rebeldes. Antes de terminar el mes de Mayo ya se habían acogido a la amnistía los gobernadores de los ocho pueblos del yaqui, los alcaldes, jefes y autoridades inferiores y una gran multitud de indígenas.

El 27 de Mayo se reunieron en el Pueblo de Torin todos los gobernadores indios acompañados de su sequito de temastianes, (I) alcaldes y fiscales y una inmensa multitud del pueblo indígena y, ante el Sr. Gobernador del Estado, General Don Luis E. Torres, después de un discurso pronunciado por el General D. Crispín S. de Palomares, tomó la palabra el Gobernador de Vícam, Francisco Siquimea, y haciendo la señal de la cruz, protestó someterse también todos los vecinos de su pueblo. 

Esta protesta fue secundada por los demás gobernadores que eran, de Huirivis, Lorenzo Tamiscomea, de Pótam, Antonio Cupis, de Bácum, Juan José Yosimea, de Cócorit, Hilario Tás, de Tónichi, José Molina, y de Roun, José María López. Faltó el Gobernador de Belén, pero se presentó cuatro días después. No obstante esa paz solemnemente jurada, Cajeme por medio de enviados consiguió que los indios sometidos abandonaran sus pueblos en el mes de Junio siguiente y se le fueron a reunir en los bosques para engrosar sus filas.

El General Martínez tuvo noticia de que en las Islas del Siari y de Lobos, muy cerca de la costa del Golfo de Cortés, se habían refugiado muchos indios con algunos de sus cabecillas y entre ellos Cajeme, y dispuso hacer una expedición a aquellos lugares. El 25 de Diciembre se embarcó en Guaymas el Coronel Lorenzo Torres en el cañonero nacional Demócrata y el 28 lo siguió el General Martínez en el Korrigan, vaporcito de la compañía del “Boleo” de la Baja California.

El Coronel Rincón marchó por tierra con algunas fuerzas para reunirse en el Siari con el Coronel Torres, pues la faja de agua que separa a aquella isla de la tierra es vadeable a las bajas mareas.

El Coronel Torres desembarcó en el Siari, recogió a otros indios y el General Martínez hizo igual operación en la Isla de Lobos, reuniendo y juntó como 400 indios. Al propio tiempo que se practicaban esas operaciones, el General Juan A. Hernández emprendió una expedición sobre la sierra y tuvo la buena fortuna de que se le presentara una multitud de mil yaquis, los que fueron conducidos al Médano.

La Caída de Cajeme

Entretanto Cajeme se les había escapado con una pequeña escolta para la Sierra del Bacatete. Perseguido constantemente por las sierras y los bosques y falto de elementos de vida y de defensa, Cajeme se refugió en San José de Guaymas. Fue denunciado por una indígena de tribu y el General Martínez lo aprehendió personalmente la mañana del 12 de Abril de 1887; lo condujo a Guaymas y allí lo envió a Cócorit, donde juzgado por un Consejo de Guerra y sentenciado a muerte; fue pasado por las armas en ese pueblo el día 25 del mismo mes de Abril.

El general Martínez fue nombrado Jefe de las 5 Zona Militar substituyéndolo en el mando de la 1° el General Don Julio M. Cervantes, quien poco tiempo después fue substituido por el General Don Marcos Carrillo; a éste lo substituyó el General Abraham Bandala y en 1894 se recibió el Jefe actual Sr. General Luis E. Torres.

El año de 1895 fue electo Gobernador del Estado el Sr. Ramón Corral, con el beneplácito general de los sonorenses pues ya se había dado a conocer como gobernante cuando siendo Vice-Gobernador, y por licencia concedida por la Legislatura al Gobernador, desempeñó durante casi un período las funciones del Ejecutivo. El Sr. Corral, durante los dos períodos que tuvo las riendas del gobierno en sus manos, fomentó notablemente la instrucción pública y protegiendo a la juventud estudiosa, se hizo el ídolo de ésta; promovió incontables mejoras que se llevaron a cabo y bajó del poder conservando el cariño y respeto de sus conciudadanos.