Esta revolución se levantaba con verdadero prestigio, no solamente porque simpatizaba con la opinión general del Estado, sino también porque a su cabeza figuraban hombres de reconocida honradez, de buena posición social y de una fama limpia de toda marcha.
La revolución recibió tremendo golpe con la derrota que les hizo el Jefe Pesqueirista Francisco Altamirano y Altamirano en la Villa de Altar el 23 de Agosto y tanto que los Pesqueira creyeron que esa revolución había muerto en su cuna.
Pero no fue así, pues Serna y Lizárraga, seguidos de gran número de oficiales y de muchos adictos se fueron a Tucsón, donde con sus propios recursos, su crédito y la cooperación de enemigos tan influyentes como Don Demetrio Velasco y otros, en breve se hicieron del armamento y municiones necesarias para dotar una fuerza competente, que allí mismo reclutaron de los sonorenses que habían emigrado, y con ella regresaron a Sonora. Una vez en el Estado se renovaron las hostilidades estallando por todas partes nuevos pronunciamientos: en Hermosillo, en Álamos, en Ures y rayón, y en breve tiempo el Estado entero ardía, era un incendio cuyas llamas lamían las almenas donde se encastillaron los últimos alabarderos del poder de veinte años, los gladiadores que estuvieron al servicio del coloso que caía aplastado por el enorme peso de la pública opinión.
Ocho meses duró aquella tremenda lucha, durante los cuales la revolución recibió golpes rudísimos, como las derrotas de Altar, Pilares y Batacosa, pero los revolucionarios, con una fe digna de los insurgentes de Morelos y de los voluntarios del Padre Jarauta, mantuvieron siempre vivo el fuego de la buena causa. Vencidos unas veces y vencedores otras, su entusiasmo crecía, los sacrificios abnegadísimos se multiplicaban y a despecho de las horrendas persecuciones del poder, aumentaban su amigos y partidarios resueltos.
Pesqueira tenía mayor número de tropas o combate, todos los elementos del poder y la facilidad de hacerse de recursos por medio de préstamos forzosos, pero el movimiento Sernista tenía mayores simpatías en la opinión pública. Ciudadanos pacíficos que no tenían mas delito que simpatizar con la causa de Serna, fueron perseguidos con verdadero lujo de crueldad y los principales vecinos de Hermosillo se vieron obligados a emigrar a Guaymas y al extranjero en busca de garantías.
De las personas emigradas a Guaymas, fueron aprehendidas diez y siete acusadas del delito de trastornadoras del orden público, y habiendo sido amparadas por el Juez del Distrito, hubo de ocurrirse a la fuerza armada de la Federación para que se acatara la orden del Juez y los prisioneros fueron libertados en momentos en que con ellos se formaba una cuerda para sus conducidos al campamento de Pesqueira a San Antonio de la Huerta.
El Coronel Don José María Rangel, apoyado por el General García Morales, para poner fuera del alcance del Gobierno a estas y otras numerosas personas principales de varios lugares del Estado que habían ido a refugiarse a Guaymas, las afiló en su Batallón como soldados. También en Álamos, al acercarse las tropas de Pesqueira, muchísimas personas de representación social temerosas de las inmotivadas persecuciones, abandonaron sus hogares y negocios y fueron a refugiarse al Estado de Sinaloa.
La Batalla de Los Pozos de Serna en 1875
Numerosas escaramuzas se efectuaron entre pesqueiristas y sernistas, las que, por su poca significación en prácticos resultados, no mencionamos, pero no queremos dejar sin honorífica mención el último hecho de armas del General Serna. Este, con un apequeña fuerza de 65 plazas, los oficiales inclusive, se habían retirado al Distrito de Altar para engrosar sus fuerzas, cuando en un punto denominado Los Pozos de Serna fue atacado por una fuerza de 260 hombres, caballería e infantería, al mando del Comandante Francisco Altamirano y Altamirano y con oficiales aguerridos y quemados con el fuego de los combates, como Don Martínez Manuel, Jesús María y Ventura, Salvador López y otros. Serna resistió al ataque con bravura, tomó la ofensiva y la carga que dio al enemigo fue de tal empuje que lo derrotó totalmente haciéndole más de ochenta muertos.
Este era el estado de cosas de Sonora cuando arribó a Guaymas el General Don Vicente Mariscal, comisionado por el Presidente Don Sebastián Lerdo de Tejada para restablecer la paz en el Estado.
La Llegada del General Vicente Mariscal en 1876
El primero de Marzo de 1876 expidió en ese puerto una proclama en que daba cuenta a los sonorenses del objeto de su venida e instaba a los beligerantes a suspender las hostilidades para dar a la lucha armada una solución pacífica. Enseguida se embarcó rumbo a la ciudad de Álamos con una fuerza del 15° Batallón y a su llegada a la ciudad de los portales fue objeto de las más entusiastas demostraciones de simpatía. El Gobernador Don Jesús J. Pesqueira conferenció con Mariscal en Álamos y enseguida evacuó la plaza, marchando con sus fuerzas para Ures.
El día 14 del mismo mes de Marzo de 1876, Mariscal declaró a Sonora en estado de sitio y asumió el mando político y militar del Estado. Don José J. Pesqueira protestó contra esa medida, pero su protesta no tuvo efecto pues se vio obligado a dar de baja a sus fuerzas y junto con el General Don Francisco Serna se sometieron al nuevo orden de cosas, que fue sancionado por el Presidente Lerdo de Tejada que ratificó la demarcación de estado de sitio por decreto de 21 de Marzo.
En el propio año se hicieron las elecciones de poderes federales en circunstancias en que la República se hallaba envuelta en la revolución emanada del Plan de Tuxtepec. El General Mariscal apoyó la candidatura del Presidente Lerdo y fue secundado por el partido independiente de Sonora, aunque éste declaró por medio de manifiestos que su voto a favor de la reelección del Presidente reconocía por móvil un sentimiento de gratitud por haberlo salvado de la dominación Pesqueira.
Los Pesqueira por su parte publicaron otro manifiesto en el cual declararon que seguían la candidatura del Sr. Lerdo porque profesaban los principios reeleccionistas y por convicción. No obstante ese hecho, poco después se pronunciaron por Don José María Iglesias a quien reconocieron como Supremo Mandatario de la Nación por ministerio de la ley en virtud de que a la vista de la revolución triunfante el Sr. Lerdo abandonó el País.
Elecciones de 1877 y el Ultimo Regreso de Pesqueira
El 20 de Abril de 1877 el Gobierno del Sr. Mariscal convocó a elecciones de funcionarios locales, y desde luego se inició la lucha resultando electo el General Mariscal como Gobernador Constitucional y Vice-Gobernador Don Francisco Serna. Entre tanto, los Pesqueira, que desde la intentona revolucionaria proclamando a Iglesias fueron arrojados del Estado, habían permanecido en Janos, población del Estado de Chihuahua, y al llegar a su noticia el triunfo de la revolución de Tuxtepec, intentaron de nuevo apoderarse del mando de Sonora, y al efecto, Don Ignacio salió de Janos para Chihuahua y de allí para el Rancho de San Antonio, del Estado de Durango, donde con el carácter de comisionado de su primo Don José J. conferenció con el General Naranjo.
En esa conferencia Don Ignacio alegó los títulos de su primo Don José como Gobernador de Sonora, y declaró el apoyo del Gobierno del General Díaz para que lo pusiera en posesión del Poder Ejecutivo de este Estado.
El General Naranjo dispuso que los Pesqueira dieran de baja a la fuerza que tenían en Janos, recomendó a Mariscal que no persiguiera a los pesqueiristas y acordó que Don Ignacio fuera a México a gestionar allá lo relativo al Gobierno de Sonora.
El General Pesqueira fue a la Capital de la República y allí, moviendo todos los resortes que tuvo a su alcance, logró que fuese designado para Comandante Militar de Sonora el General Don Epitacio Huerta, a quien se le extendió su nombramiento con fecha 18 de Mayo. No fue sino hasta el mes de Julio que llegó a Guaymas el General Huerta a bordo del buque de guerra “México”, acompañado del General Pesqueira, y de los Señores Arteaga, Quesada, Becerra y Betanzos, que también se decían Generales.
Tan pronto como hubieron desembarcado los Generales, que así se les designaba con marcada ironía, sin exceptuar al mismo Huerta -que lo era de verdad- los pesqueristas hicieron circular la noticia de que ese Jefe venía a restituir el mando a Pesqueira, porque esas eran las instrucciones que traía de México.
Estas versiones circularon con rapidez a despecho de haber sido tan graves en época el General Huerta no las desmintió. Huerta, Pesqueira y los Generales comenzaron su marcha a Hermosillo donde los dos, pesqueiristas y mariscalistas, les habían preparado cada cual por su parte ruidosa recepción. A su llegada a Hermosillo el antiguo Gobernante de Sonora fue objeto de manifestaciones de odio, y las turbas llegaron hasta arrojar piedras por las ventanillas de su carruaje.
En Hermosillo se hallaban Serna y Mariscal, pero no llegaron a conocer las intenciones de Huerta por más que lo intentaron. El 29 de Julio llegaron a Ures y allí también Pesqueira fue objeto de manifestaciones hostiles. Habiendo fracasado esta última intención de llegar al poder, Pesqueira juzgó juiciosamente que había pasado su época de gobernante de Sonora y se dedicó a sus negocios privados.
La Anarquía entre 1878 y 1882
En el año de 1878 surgieron muy serias decisiones entre el Congreso del Estado y el gobernador Mariscal. La Cámara Legislativa tuvo que huir a Hermosillo, de allí a Guaymas y finalmente, junto con el Vice-Gobernador Serna, buscó un refugio en el vecino Estado de Sinaloa. La Federación le impartió auxilio a la Legislatura de Sonora y el mismo año de 1878 llegó el General Don José Guillermo Carbó con mil hombres de tropa de línea, el Vice-Gobernador Serna y los Diputados proscritos. Mariscal destacó contra Carbó 300 hombres al mando del Comandante pesqueirista Don Francisco Altamirano y Altamirano, pero el Jefe al saber el número de fuerzas de que disponía el General Carbó, regresó a Hermosillo y Mariscal abandonó el Gobierno y huyó a México.