Por: Armando Hopkins Durazo

Editado por Ediciones José Porrua Turanzas, de Madrid, España, se publicó, en 1964, dentro de la Colección Chimalistac de libros y documentos acerca de la Nueva España, (Tomo XVIII) la correspondencia del P. Eusebio Francisco Kino con la Duquesa de Aveiro, bajo el nombre de KING ESCRIBE A LA DUQUESA.

La preparación del volumen, así como la introducción de la obra que incluye datos biográficos de Kino y de la Duquesa, además de notas muy informativas, son del historiador que más estudiara a Kino y a quien prácticamente, se debe el surgimiento de la figura del misionero a los primeros planos de la historia regional, el P. Ernest J. Burrus, S.J.

Ignoramos si haya habido una nueva edición en español de este volumen pero la original constó únicamente de 225 ejemplares. Una copia fotostática del ejemplar Llegó a nuestras manos gracias a la gentileza del Sr. Ing. Jorge Díaz Serrano quien tuvo a bien donarla a la biblioteca de nuestra Sociedad en la reunión ordinaria a la que asistió en el mes de Julio de 1982.
La primera carta a la Duquesa la escribió Kino en Cádiz, España, en Agosto de 1680 y la última en Los Frailes, Sonora, México, en Febrero de 1687. Veinte de las cartas publicadas las escribió Kino directamente a la Duquesa y en el volumen se incluyen otros 17 documentos dirigidos a la Duquesa por otros misioneros y se refieren a la persona y obra de Kino.

El P. Burrus dice: “Los 37 documentos dirigidos a la Duquesa nos manifiestan con la mayor amplitud sus planes a ideales en su labor de Oriente, California y finalmente, del vasto territorio, futuro hogar del Trentino durante cerca de un cuarto de siglo, Sonora y Arizona”.

Kino se dirigió por primera vez a la Duquesa a instancias de su amigo, el jesuita italiano, Teófilo de Angelis quien conocía el ardiente deseo de Kino de servir en las misiones de Oriente, especialmente en China y quien le platicó del gran apoyo que a misioneros y misiones brindaba la Duquesa.

María Guadalupe de Lencastre, sexta Duquesa de Aveiro, duquesa de Arcos y Maqueda, hija mayor de Jorge Lencastre y de su segunda esposa, Ana Henriquez de Cárdenas, nació el 11 de Enero de 1630 en Azeitao, Portugal, y llegó a ser conocida como la Madre de las Misiones, por el apoyo y respaldo que prestaba a los misioneros y a sus obras.

Las cartas de Kino revelan rasgos del carácter del misionero y dan a conocer a1gunos aspectos de su vida; su lectura es amena a interesante y da testimonio del acendrado sentido histórico que se anidaba en el personaje.

Para esta ocasión hemos escogido la publicación de la tercera carta escrita por Kino a la Duquesa. La escribió el 16 de Noviembre de 1680, desde Cádiz, y en ella muestra su interés en las misiones del Lejano Oriente y en parte explica la razón de esa predilección. La carta la escribió en latín pero en el volumen que nos ocupa está publicada en castellano.

CARTA III DE KINO A LA DUQUESA
La paz de Jesucristo que sobrepasa todo entendimiento , sea con V.E.

Hace ocho días recibí la amable carta de V.E., la cual me llenó de satisfacción. Como entonces estaba haciendo los Ejercicios Espirituales de nuestro fundador, S. Ignacio , demoré hasta ahora su lectura y agradecérsela.

Estoy particularmente agradecido por el celo apostólico que su Excelencia manifiesta en pro de la salvación del prójimo y de las almas redimidas por la sangre de Cristo. Este celo es característico de una madre, y más sublime que el de un padre . V.E. ha deseado y todavía desea que yo (a pesar de mis escasos merecimientos) y otros muchos ayudemos a recoger las abundantes cosechas que ofrecen China y Oriente.

Por lo que a mi respecta, reconozco que desde mis años mozos (pero especialmente después de leer la vida y martirio del Padre Carlos Spinolas ) anhelaba ir a las misiones de Oriente. Esta es la razón por la que me he preocupado tanto de las matemáticas . Pero si Dios Misericordioso lo dispusiera de otra forma acataría su santa voluntad; si, cúmplase su voluntad por los siglos de los siglos. En hacer esto consiste toda santificación y felicidad. Esta voluntad es siempre suprema; siempre busca los mejores y más altos fines. Habida cuenta de que estos últimos a veces se nos ocultan, podremos, a pesar de todo, reconocerlos en el momento oportuno.

Con razón se queja V.E. del escaso celo y entusiasmo mostrados en favor de las misiones de las Islas Marianas y otras regiones; desgraciadamente, nunca ha resultado más cierto el dicho “la ira tiene sus justas quejas” que en relación con el nombre mencionado en vuestra carta. Sin embargo, Dios, que todo lo sabe, puede muy bien reemplazarle por otro que sienta mayor entusiasmo por una tarea de tal importancia en la Compañía.

Han aumentado nuestras esperanzas con el hecho de que el Padre Teófilo de Angelis, el Padre Carlo Calvanese y varios misioneros alemanes que ahora están en camino de las Filipinas y Marianas, pondrán remedio, con su excepcional fervor y gracia celestial, a lo que ha sido descuidado por la negligencia de los demás.

¡Qué afortunados son estos misioneros en cambio a la viña de la Iglesia en oriente! Si bien no podemos acompañarlos y seguirles en persona, podemos hacerlo con el pensamiento y continuas plegarias a Dios. Fervientemente deseamos a ellos y a sus sucesores el mayor de los éxitos, así como a todos los que se convierten a la fe redentora de Jesucristo en Oriente a ignotas tierras del Sur.

Dios misericordioso sabe de mis esfuerzos en Roma y en todos los demás sitios mientras todavía me hallaba en Alemania por obtener una gramática portuguesa que me permitiera aprender portugués o al menos los conocimientos básicos de la lengua . Mi intención al hacer esto era poder marchar alguna vez (si Dios y mis superiores así lo determinaban) a las misiones del Lejano Oriente desde Portugal, país tan amado por mi angélico patrón San Francisco Javier y tantos de sus seguidores. Vuelvo a repetir que se haga la voluntad de Dios Omnipotente; sólo esta voluntad imparte el bien y compensa a todos con los mayores beneficios por el camino menos esperado.

En una carta que me llegó de Roma hace cuatro días, nuestro muy Reverendo Padre General y el asistente de Alemania, Padre Carlos de Noyelle , ratificaron el permiso que me había sido concedido para marchar a Paraguay o a Colombia, pero después de perderse la posibilidad de ir a Paraguay y después de que ni puedo ni debo marchar a Colombia, el navío de aviso que saldrá de Europa con los galeones me llevará, Dios mediante, al puerto de Vera Cruz. Esto estaría de acuerdo con los planes sobre nuestro destino que nos reveló nuestro Reverendo Padre Procurador de las Indias , que desea que los misioneros destinados a las Filipinas y Marianas se reúnan con los que ya van de camino en la flota que navega hacia México, para que, todos juntos, puedan tomar el barco que sale para las Filipinas desde Acapulco.

Por la misma enviada desde Roma, supe que el Padre Antonio Maldonado , procurador colombiano, ha conseguido recientemente dos padres misioneros, el Padre Gaspar Beck , y Cristóbal Riedl , que pertenecen a la misma Provincia de Alemania Superior que me envía a mi. Piensa llevarse con él a estos dos misioneros, así cómo a varios otros sacerdotes que se procuró en España, embarcando todos juntos en los galeones, que los llevarán, Dios mediante, a Colombia.

Esta provincia de Alemania Superior de la Compañía tiene algo más de ochocientos miembros y unas treinta escuelas. El número de los que desean ingresar en la Orden, estudiantes seglares por regla general, asciende a unos cuatrocientos por año. De todos ellos, sólo un número que oscila anualmente entre quince y dieciocho, obtienen el ingreso en nuestro noviciado. Igualmente, esta provincia tiene en la actualidad (como ocurre normalmente) más de doscientos voluntarios para las misiones extranjeras. Todos ellos desean ardientemente dedicarse a las difíciles misiones de las Indias y a la cosecha de almas que allí se ofrece, a medida que se presente la ocasión y así lo decidan los superiores.

Esta provincia de la Compañía , comprende Baviera, Tirol, Suiza, Suabia y el Palatinado; y sin embargo, la provincia de Bohemia, con sus mil doscientos miembros, y la austríaca, con sus mil cuatrocientos, son aún más grandes, aunque ambas sufrieron considerables pérdidas el año pasado, debido a que muchos jesuitas prestaron generosa ayuda a los apestados.
Pero ocurre que ambas provincias unidas no tienen tantos voluntarios para las misiones extranjeras como la de Alemania Superior.
Pongo a Dios omnisciente por testigo de que digo la verdad al informar de que en esta última provincia, los voluntarios para las misiones reciben la mejor preparación posible por medio de una observación rigurosa de las prácticas y reglas de nuestra Orden. Un gran número (en particular los aspirantes a las misiones extranjeras) son hombres consagrados a la cruz de Cristo y dispuestos a emprender arduas tareas para gloria Suya y la salvación de las almas.

Estos hombres no buscan placer físico en los alimentos que toman, las ropas que visten, o el sitio donde se alojan. Se adaptan alegremente a las incomodidades del frío o del calor, el hambre o la sed. Se preparan para cualquier otra cosa que puedan reservarles las misiones extranjeras. Han aprendido a dar a conocer a Cristo, el Cristo que sufre no tanto por sus palabras como por el ejemplo de sus vidas, y una auténtica caridad. ¡Ojalá me hubiera mostrado un mejor y más dócil discípulo de tan eminentes maestros!

Hace dos años que yo y el Padre Antonio Cereso (su verdadero nombre es Kerschpamer), ambos tiroleses de la Provincia de Alemania Superior, fuimos destinados como misioneros. El Tirol es uno de los dominios imperiales. El Rey español y nuestro Reverendo Padre Genera estipularon que todos los misioneros alemanes debían proceder de alguna provincia imperial o de alguna región bajo el dominio de Austria.

La carta de nuestro Padre General al Padre Provincial de la provincia de Alemania Superior relativa a nuestro destino en las misiones extranjeras, contenía la siguiente orden: “Vuestra Reverencia enviará al Padre Antonio Kerschpamer (ahora Cereso) y al Padre Eusebio Kino a Génova. Uno de ellos debe ser asignado a México y el otro a las Filipinas; lo cual dejo a vuestra decisión o el deseo de ellos”.

Por consiguiente, el Reverendo Provincial nos dio la oportunidad al Padre An
tonio y a mi de que decidiéramos quién habría de ir a México y quién a las Filipinas o a las Marianas. Debido a la esperanza que yo abrigaba (durante muchos años) de continuar el viaje desde Filipinas a China, deseaba que me enviaran a las Filipinas y que enviaran al Padre Antonio a México.

A pesar de todo, le dije al Padre Antonio que eligiera la misión de su preferencia; él insistió en que yo eligiera primero. Después de estar empeñados durante algún tiempo en este pio esfuerzo de dar al otro la preferencia pensamos en dejar que la suerte decidiera nuestro destino. Por consiguiente, escribimos” México” en un trozo de papel y “Filipinas”, en otro. Al echarlo a suertes, el Padre Antonio sacó las” Filipinas” y yo “México”.

Al principio me pareció un duro golpe, porque de este modo se desvanecían todas las esperanzas que había abrigado de utilizar mis conocimientos matemáticos en China; pero, pronto, vino a mi alma la serenidad mediante fervorosas oraciones a Nuestro Señor y haberme puesto en las manos de mi patrón, el angélico San Francisco Javier, y en las de San Ignacio y María, Madre de Dios, toda bondad y comprensión. Pero por este azar de la fortuna o mejor dicho, por la decisión del ilimitado poder de Dios al determinar nuestro destino sucede que el Padre Antonio y no yo es el que va a Oriente.

He confiado el resultado a la voluntad de Dios, y continuaré haciéndolo, para que, en el caso de que el Padre Antonio cayera enfermo durante su viaje a México, y yo continuara gozando de buena salud (a propósito de esto, he demostrado ser mejor marinero que mi compañero); en ese caso, rogaría con la debida sumisión, que mis superiores mexicanos me permitieran ocupar el lugar del Padre Antonio en el viaje a Oriente, mientras que él se reponía en México y me reemplazaba en las misiones de la provincia mexicana. Cúmplase, no obstante, la voluntad del Señor; hágase siempre su voluntad .

Si tuviera que quedarme en México, nunca dejaría de encomendar a la misericordia de Dios, China y las Marianas, lugares a los que anhelo marchar; y lucharé por todos los medios a mi alcance para obtener de Dios y de los hombres el envío de santos misioneros a estas misiones tan queridas para mí . Y espero que en mi lugar sean enviados muchos misioneros de mi provincia de Alemania Superior, hombres dotados de conocimientos matemáticos, con dones naturales y especialmente sobrenaturales, y con un celo ignaciano y javierano. El Padre Antonio Cereso, que ahora se halla en camino hacia esas misiones orientales, pugnará por conseguir lo mismo.

El Padre Antonio Maldonado está encantado con la idea de conseguir dos sacerdotes misioneros , de la provincia de Alemania Superior para la de Colombia. En varias cartas dirigidas al reverendo Padre General en persona, nos solicitó al Padre Antonio Céreso y a mi, porque estaba convencido de que no podríamos partir muy pronto para México y las Filipinas.

Yo también ruego respetuosamente a su Excelencia, y confío en la misericordia de Nuestro Salvador, para que cuando surja la oportunidad de nombrar misioneros procedentes de Alemania, se elija el mayor número posible de la provincia de Alemania Superior. Los intensos deseos que tienen muchos de trabajar y sufrir por Cristo Nuestro Señor, de sacrificarse por el bien del prójimo y la salvación de las almas, merece esta consideración.

Miembros de esta Provincia eran el Padre Adán Schall, famoso en toda China, y el Padre Martín Martini, pariente mío. Hace ocho años esta misma Provincia envió a otros dos misioneros que acompañaron al Padre Intorcetta , a China; sus nombres eran Padre Beato Amrhyn y Padre Adán Aigenler. El primero fue profesor de Teología del Padre Antonio Cereso, y el otro fue mi instructor en matemáticas. Ambos tuvieron un fin edificante, muriendo en alta mar antes de llegar a Goa.

Expreso mi más sentido agradecimiento a V. E. por la generosa recomendación de mi a la Virreyna de México , que promete V.E. en vuestra carta. Confío que esta presentación redundará alguna vez en beneficio de los necesitados. Debemos emplear las dos manos y los dos brazos lo material y lo espiritual para lograr la salvación de nuestro prójimo y la conversión de las almas; la más sublime de todas las empresas divinas.

Me complace contestar las preguntas de V.E. acerca de mi país y nacionalidad. Soy un tirolés el distrito de Trento , pero no sé si considerarme italiano o alemán. La ciudad de Trento es en su mayor parte italiana en su idioma, costumbres y leyes, aunque se halla situada dentro de la frontera sur del Tirol.

El Tirol pertenece a Alemania; y es particularmente significativo el hecho de que nuestra escuela en Trento pertenece a la Provincia de Alemania Superior, aunque los jesuitas dan las clases y, normalmente, predican en italiano. Sin embargo, durante los últimos dieciocho años de vida, he estado viviendo casi en el centro de Alemania ; en 1665 ingresé en la Compañía de Jesús En la actualidad tengo treinta y siete años .

Me complacería mucho encomendarme a las valiosas oraciones de V.E. así como a las de vuestros hijos. Por lo que a mi respecta, les envío mi bendición, les deseo toda la felicidad que resulta del amor a Cristo Nuestro Señor y ruego porque se produzca en ellos el espíritu que caracteriza a su madre; por la gloria del Todopoderoso, por su propia salvación y la de muchos otros, por el beneficio de comunidades enteras y por la gran felicidad de la Iglesia y la Compañía de Jesús. Con el fin de tener siempre presentes los piadosos deseos que acabo de expresar, tan pronto leí la carta de V.E., escribí los nombres de vuestros hijos en la estampa por la que siento tanta veneración y que guardo en mi breviario.

Envío otras tres estampas para los tres hijos de su Excelencia para que se dignen recordarme en sus oraciones. Me gustaría mucho saber sus nombres y edades.

Una vez más, me acojo a sus fervientes aspiraciones y plegarias a Dios misericordioso; y deseándoles toda felicidad, prometo ofrecer la misa que, Dios mediante, celebraré en la festividad de San Francisco Javier, a las intenciones de V.E. para la protección de vuestra devota familia.

Cádiz, 16 de Noviembre, 1680.
Siempre vuestro en Cristo,

Eusebio Francisco Kino, S.J.,
misionero de las Indias.

P.D.- Estimaré muchisimo las noticias de la China para embiarlas a la provincia de Alemania la Alta. Ateayer caió acá n rayo en la capitana de galeones que mató (a) un hombre y lastimó (a) otros tres; queda pero entero el vaso. Parece que van dando priesa con los galeones; con todo esso, dúdase se saldrán antes que por marzo.