San Ignacio de CaboricaGuarda arte por 300 años
Paramentos, imágenes, atriles, entre otros objetos, algunos de ellos del siglo XVII y otros más del siglo XVIII se encuentran dentro de las gruesas paredes de esta misión.
Por Jesús Cázares
Cuando un visitante que nunca ha visto el templo de San Ignacio de Caborica entra en el mundo interior de sus gruesas paredes encaladas, siente el respeto que inspiran sus más de 300 años de existencia.
En la medida que avanza por enmedio de sus bancas de madera y contempla los antiguos paramentos, un reloj que cuelga de una pared ayuda a comprender lo que significa el paso del tiempo, ahí donde parece haberse detenido.
Aproximadamente a diez minutos de la salida Norte de Magdalena, ésta es una de las misiones de la Pimería Alta que aún es atractiva para grupos de turistas nacionales y extranjeros, porque dentro de su templo se encuentran varios objetos de arte sacro antiguo.
Estas piezas, paramentos, imágenes, atriles, entre otras cosas, pertenecieron a sacerdotes que prestaron sus servicios en esta parroquia en diferentes épocas.
Algunos de estos objetos son del siglo XVII y otros más del siglo XVIII.
A unos metros del altar, en ambos lados, se encuentran varias de estas piezas protegidas por rejas que las alejan de las manos de los curiosos, pero que a la par las dejan casi en estado de abandono.
“Hay cosas de valor artístico e histórico como un cuadro de la Virgen de Guadalupe que puede ser de finales del siglo XVIII. 
“Está bastante deteriorado y sin intervenciones recientes, pudo ser pintado por alguien criollo porque se ve morena (la Virgen).
“Hay también dos esculturas de estilo barroco con la técnica estofada y esgrafiada y que se ve a distancia un buen estado de conservación”, consideró Rodolfo del Castillo López, restaurador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
En el improvisado museo también se observan dos atriles de madera ornamentados con relieves y estofados en oro, candelabros tallados, columnas y partes de un retablo de madera, todo en dorado.
Estas piezas se considera que pudieron ser parte de un retablo barroco de la época.
Estofado y esgrafiado
Según el texto “Los Estofados del Virreinato”, de María del Consuelo Maquívar, una vez que una figura salía del taller del escultor se dejaba secar para evitar posibles daños.
Cuando se consideraba lista, el pintor iniciaba su labor de decoración con oro y pinturas de color hechas con base en aceites o huevo para simular las vestiduras.
Primero se resanaba la superficie de la imagen con yeso mezclado con cola para eliminar problemas de grietas o astillas y después se pasaba una capa de tierra de bol remolida y combinada con el mismo aglutinante.
El oro que se utilizaba para dorar las esculturas se aplicaba en hojas cuadradas muy delgadas y resistentes que eran hechas golpeando monedas o fracciones del metal hasta pulverizarlas.
Este polvo era colectado para hacer las laminillas que se colocaban una por una sobre la madera que ya tenía la forma y los vuelos de vestidos o hábitos, según el personaje que se representara.
Con base en piedra de ágata se pulía la nueva superficie para darle el brillo deseado y después se pintaba sobre el oro con diferentes colores y motivos decorativos, la mayoría de las veces flores y hojas. 
Cuando todo estaba ya seco se procedía al esgrafiado. Para esto se utilizaban puntas afiladas con diversas formas que, al raspar la pintura con puntos, círculos o rayas, descubrían el oro del fondo.
Por último a la escultura se le pintaban las partes de “carne”, es decir, la piel del rostro, manos y pies.
La necesaria conservación
“Estamos viendo el cúmulo de tesoros y consideramos importante elaborar un buen proyecto de conservación y restauración de todos estos bienes para que en un futuro otras personas tengan la dicha de conocerlos”, agregó el restaurador.
Eduardo Contreras Corte, párroco de Santa María de Magdalena y encargado por ende de San Ignacio, señaló que en el templo hay muchas cosas más como un óleo del siglo XVI de Nuestra Señora de la Luz que se encuentra en el altar.
“Se supone que hay también paramentos del padre Kino, ornamentos, utensilios que en ese tiempo estuvieron en servicio de las celebraciones litúrgicas, inclusive unos baúles de aquel tiempo y partes de un retablo de madera estofados de oro.
“La gente ha estado con interés de que sea conservado este lugar lo mejor posible, es muy significativo el templo de San Ignacio porque fue una de las principales sedes del padre Francisco Kino y aún se conserva en pie”, apuntó.
Entrevistado vía telefónica, Silvio Chini (Kino) recordó que en el 2002 llegó al museo de Segno, provincia de Trento, en Italia, un corporal bordado que perteneció al padre Eusebio Francisco Kino y que se encontraba en San Ignacio.
De los demás objetos que se han perdido, Josefina Gallegos, mejor conocida como “La Chata” y quien fue cuidadora del templo por 43 años, sólo dice que prefiere no hablar, pero que faltan muchas cosas.
Por todo lo anterior, y para que el “tesoro” no se siga deteriorando, ya existe una propuesta de creación de un museo de sitio plasmada en una tesis de la escuela de arquitectura, que espera a ser retomada por las autoridades o la sociedad civil.
Fotos de CORPORAL que data de 1680 y se encontraba en el museo del templo de San Ignacio que fue solicitado por el arzobispo de Hdrmosillo Ulises Macías a atendiendo una solicitud del gobernador Armando López Nogales para enviarlo a ROMA en donde lo estaban requiriendo la Santa Sede para analizarlo, con la condiicón de devolverlo, lo cual nunca ha ocurrido, y tal vez no oucrra jamás