Encuentran momia en sierra de Bavispe

   viernes, 24 de julio de 2009  La momia de una mujer que vivió en el periodo colonial de Sonora, y que se presume era una curandera o partera  de la tribu Ópata,  fue descubierto en la sierra de Bavispe por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en mayo pasado, anunció el arqueólogo Júpiter Martínez Ramírez, responsable del hallazgo.

En conferencia de prensa, Mario González Valenzuela, director del Centro INAH, destacó la gran trascendencia de este descubrimiento del cual dijo, es sumamente importante para la cultura del Estado ya que hasta el momento ninguna momia había sido encontrada y extraída con trabajo científico y de investigación.

Agregó que también puede ser trascendental, ya que actualmente se desconoce casi en su totalidad a la civilización ópata, y han sido muy pocos los descubrimientos y estudios que se han realizado acerca de esa comunidad ligada con la llamada Cultura Casas Grandes, asentada en Chihuahua.

Felicitó al equipo de trabajo por el descubrimiento de “Óqui”, como “bautizaron” a la momia de la mujer, y comentó que después de realizar los estudios pertinentes podría ponerse en exhibición en el museo de Sonora.

Martínez Jiménez mencionó que la fecha en que fue enterrada, es probable que se trate de un entierro protohistórico, cercano a la época del contacto español - indígena, lo cual se podría traducir en la primera evidencia de las costumbres funerarias de los ópatas.

Comentó que varios elementos hacen pensar que se trató de una mujer que tenía algún cargo dentro de la etnia ya que se encontraron una serie de vestigios de cuando se realizó el ritual de su entierro, como el haber sido atada, amordazada y colocada dentro de un saco mortuorio y cubierta con petates como parte de un ritual poco conocido; además de que asociado a ella, se encontraron gran cantidad de restos de fibras, un cuenco de cerámica decorado, hilos y los restos de un infante cremado, decapitado y con el cráneo adjunto.

Ahondó que se encontró un menor en el regazo de la mujer, dentro de una vasija de mimbre, pero que al parecer no es su hijo, cosa que se definirá con las muestras de ADN, sino que se trató de algún sacrificio realizado por los integrantes de la etnia tras el fallecimiento de la mujer.

El cuerpo momificado fue encontrado en el interior de una cueva en el Municipio de Bavispe, mientras los arqueólogos del INAH indagaban sobre los antecedentes de las etnias que habitaron esa región, es decir, que el proyecto tiene como objetivo reconstruir la vida de las comunidades prehispánicas de la Sierra Madre, asentadas en la cuenca del Río Bavispe, y en la segunda etapa del mismo se efectuaron excavaciones en una “casa en cueva” ó “casa en acantilado”, sitios arqueológicos caracterizados por presentar dentro de las cuevas o en abrigos rocosos, cuartos construidos en adobe, en ocasiones con varios pisos, y ahí se hizo el hallazgo.

Manifestó que un factor relevante de las cuevas de la Sierra Madre son sus condiciones de sequedad y temperatura constante que permiten la conservación de elementos arquitectónicos y de una amplia variedad de materiales orgánicos que, por regla general se desintegran en los asentamientos prehispánicos.

La cueva en donde fue encontrada la momia tiene un largo de 50 metros y una altura máxima de aproximadamente 25 metros, contiene más de 20 cuartos colapsados en su interior, algunos de ellos con evidencia de hasta tres pisos, mostrando una considerable cantidad de postes de pino y encino que hacían de soporte de la compleja estructura, todos cortados con hacha de piedra.

Del trabajo que se realizó en Bavispe, Martínez Ramírez explicó que se seleccionó un área a excavar de 12 metros cuadrados en dos cuartos de la cueva, enumerados como 13 y 14, utilizando cucharillas, brochas y aire comprimido.
Además  con las técnicas apropiadas fue posible recuperar olotes, hojas, cañas, tallos y granos de maíz, cáscaras y semillas de calabaza, fríjol en varias especies, chilicote, nuez, bellota, ágave en diversas presentaciones, ágave mascado en gran abundancia, guaje, restos de cordelería, fragmentos de petate, cuero, algodón, fragmentos de textil, cuentas de concha.

También cerámica, lítica, carbón, huesos de animal, plumas, pequeños restos de animales momificados, fragmentos de madera utilizados para encender fuego, amarres de parra como sistema constructivo, coprolitos, artefactos sin función conocida, entre otros materiales por identificar.

El descubrimiento se realizó en mayo y durante casi dos meses trabajaron en la extracción del cuerpo; las arqueólogas que trabajaron junto al investigador fueron: Carolina Bucio Pacheco y Maribel Cruz García.

Actualmente la investigación sobre la momia se encuentra en fase de planeación y búsqueda de financiamiento para llevar a cabo de manera inicial  un estudio completo de rayos X, tomografía computarizada, ADN, endoscopia y muestreo de alimentos en vísceras, y todo aquel análisis que permita conocer edad, posible causa de muerte, filiación entre el infante y la mujer, objetos asociados dentro del bulto mortuorio, costumbres alimenticias, etc.

El arqueólogo lamentó que en aquellos sitios se ha encontrado una grave destrucción causada por saqueadores y buscadores de supuestos tesoros, pero que a pesar de eso confía en encontrar más material para seguir investigando las costumbres ópatas.

Las investigaciones de campo van a continuar en la segunda temporada a realizarse preliminarmente en la primavera del 2010.  .

En conferencia de prensa, Mario González Valenzuela, director del Centro INAH, destacó la gran trascendencia de este descubrimiento del cual dijo, es sumamente importante para la cultura del Estado ya que hasta el momento ninguna momia había sido encontrada y extraída con trabajo científico y de investigación.

Agregó que también puede ser trascendental, ya que actualmente se desconoce casi en su totalidad a la civilización ópata, y han sido muy pocos los descubrimientos y estudios que se han realizado acerca de esa comunidad ligada con la llamada Cultura Casas Grandes, asentada en Chihuahua.

Felicitó al equipo de trabajo por el descubrimiento de “Óqui”, como “bautizaron” a la momia de la mujer, y comentó que después de realizar los estudios pertinentes podría ponerse en exhibición en el museo de Sonora.

Martínez Jiménez mencionó que la fecha en que fue enterrada, es probable que se trate de un entierro protohistórico, cercano a la época del contacto español - indígena, lo cual se podría traducir en la primera evidencia de las costumbres funerarias de los ópatas.

Comentó que varios elementos hacen pensar que se trató de una mujer que tenía algún cargo dentro de la etnia ya que se encontraron una serie de vestigios de cuando se realizó el ritual de su entierro, como el haber sido atada, amordazada y colocada dentro de un saco mortuorio y cubierta con petates como parte de un ritual poco conocido; además de que asociado a ella, se encontraron gran cantidad de restos de fibras, un cuenco de cerámica decorado, hilos y los restos de un infante cremado, decapitado y con el cráneo adjunto.

Ahondó que se encontró un menor en el regazo de la mujer, dentro de una vasija de mimbre, pero que al parecer no es su hijo, cosa que se definirá con las muestras de ADN, sino que se trató de algún sacrificio realizado por los integrantes de la etnia tras el fallecimiento de la mujer.

El cuerpo momificado fue encontrado en el interior de una cueva en el Municipio de Bavispe, mientras los arqueólogos del INAH indagaban sobre los antecedentes de las etnias que habitaron esa región, es decir, que el proyecto tiene como objetivo reconstruir la vida de las comunidades prehispánicas de la Sierra Madre, asentadas en la cuenca del Río Bavispe, y en la segunda etapa del mismo se efectuaron excavaciones en una “casa en cueva” ó “casa en acantilado”, sitios arqueológicos caracterizados por presentar dentro de las cuevas o en abrigos rocosos, cuartos construidos en adobe, en ocasiones con varios pisos, y ahí se hizo el hallazgo.

Manifestó que un factor relevante de las cuevas de la Sierra Madre son sus condiciones de sequedad y temperatura constante que permiten la conservación de elementos arquitectónicos y de una amplia variedad de materiales orgánicos que, por regla general se desintegran en los asentamientos prehispánicos.