**Por Francisco Eloy Bustamante

EL CANTO DE LOS NIÑOS

Volvamos a arrullar a nuestros niños
Con un canto tan dulce que bese sus oídos
Volvamos a cantarles tan quedito
Como en un valle de colores tenues
petunias y jacintos.

Que en nuestra nostalgia ellos adviertan
el olor fresco de los bosques
el canto de los ríos
los rumores del mar
los vientos silbantes del desierto.

MANIFIESTO DEL DESAMOR
La idea compañero es estar en contacto
La idea es no perdernos
La idea es que no llegue un tercer día
Sin saber de nosotrosLa idea es no darle un uso a la embriaguez
Y hacer reales nuestros proyectos más locos
La intención es que no se valga la lejanía ni el ostracismo
Sólo por no estar de acuerdo
La intención es que entendamos
Que somos miles de millones personas únicas en el mundo.

Luís Rey Moreno nació en Cananea, algunas imágenes del mineral lo delatan, como aquellas sugerencias de las casas de maderas que están tendidas en las faldas de las mesas; el romanticismo que emiten con gentes que a temprana hora se desesperezan viendo las “casa sin ventanas” de enfrente teniendo sólo el espacio distanciante que puede marcar el estrecho callejón en la pendiente.

“Que en nuestras nostalgias ellos adviertan el olor fresco de los bosques el canto de los ríos…”

En sus poemas “Hoy corté girasoles”, emplea sin duda términos del mineral, ese pueblo que llevará siempre en su mente y en su henchido corazón, aunque se vida haya echado raíces en la capital del Estado en donde se ha desarrollado intelectualmente, haciéndose un lugar en la literatura sonorense, cuya producción es menester promover más, ya que voces como a Luis Rey Moreno tienen ese algo especial que cautiva, como describía Efraín Huerta, “los hombres nunca saben cuanto de dulzura y cuanto quebradizo silencio hay en una poesía”.

Cuando apareció la obra antológica de Alonso Vidal sobre la poesía sonorense, leímos de cabo a rabo su contenido en donde destacan no pocos poetas nuestros; en honor a la verdad la lectura de los poemas de Luis Rey parafraseados por Vidal, nos despertaron una gran curiosidad, porque sus palabras emitidas como un silbido de canarios nos llegó hondo al corazón.**