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Por: Hugo Pennock Bravo**

En las llanuras adyacentes al mar de el Golfo de las Californias, en pleno territorio de la tribu Yaqui y en la rivera norte de lo que alguna vez fue el caudaloso río Yaqui, se encuentra la población de Torim.

Ella forma parte de las siete ciudades o poblaciones reconocidas cono las habitadas permanentemente por la tribu; y en el año de 1617, fue cuando los misioneros aprovecharon para fundar las misiones correspondientes a los pueblos Yaquis, la bautizaron con el nombre de San Ignacio de Torin. Su nombre se deriva del nombre de una especie de rata de campo muy común que era muy abundante en ese lugar y que pertenece a una especie zoológica conocida como Neotoma, constituyendo un platillo delicioso para los yaquis.

Torim siempre ha estado en la historia; pero ingresa con toda su fuerza en el año de 1885 cuando por razones militares y secundariamente políticas se le nombra como sede de la Primera Zona Militar y se convierte en la Capital Militar del Estado de Sonora. Los Comandantes de la Zona eran a la vez, los Gobernadores del Estado y manejaban al mismo por intermedio del Secretario de Gobierno residente en Hermosillo.

Por el motivo de la instalación de la 1ra. Zona Militar, los ingenieros militares iniciaron la construcción del edificio de la Comandancia, de los Cuarteles necesarios y de un Hospital Militar. Se tienen noticias del inicio de la construcción del Hospital Militar del Ejército Federal en el año de 1885, para convertirse en un Hospital de concentración.
Quince años después, en el año de 1900 por ordenes de la Secretaría de Guerra y Marina, extiende una orden para que el Coronel de Estado Mayor, Angel García Peña presente una memoria de la inspección que hace en ese lugar y en esa zona.

El Coronel refiere textualmente: “Torin.- Sigue después el pueblo de Torin, el mas importante por ser el centro de las operaciones militares; el que cuenta con el mayor número de edificios públicos y privados pues tiene; el cuartel Marcos Carrillo que ocupa una manzana y puede valuarse en $17,000.00; el Hospital Militar que ocupa otra manzana y que como no esta hecho mas que la mitad del proyecto, su valor a la fecha es de $14,000.00”.

Ese Hospital es el escalón Sanitario de más importancia pues se encuentra intermedio entre el de Guaymas y el de Mazatlán; se convierte en un centro de concentración de los enfermos pertenecientes al Ejército, de los familiares y de los civiles que viven en esos lugares. Existe una organización del servicio Sanidad Militar, radicada en los lugares en los cuales se encuentran destacadas las tropas, que se extiende desde Guaymas hasta Cocorit.

Los primeros datos que se tienen nos los relata en su libro el Mayor M.C. Manuel Balbas, iniciando cuando llega al puerto de Guaymas en el transporte marítimo “El Demócrata” donde desembarca el 17º. Batallón procedente de Mazatlán y que muy recién había sido cambiado del Yaqui a Sinaloa, en el año de 1889.

El Mayor Balbas, nos refiere el relato de un hecho acaecido unos años antes, de el asesinato de un miembro del Cuerpo Médico Militar, el Mayor M.C. Jacobo Cerda, el cual al caer prisionero fue sometido a torturas salvajes, tales como despellejarlos de los pies y herido rematándolo hasta que muere; fue uno de los mártires de las guerras del Yaqui.

En 1900 el Hospital tiene como director al Tte. Coronel. Tereso F. Luna, de origen oaxaqueño; y el servicio de Sanidad estaba estructurado en forma de permitir la atención siguiente:

El Campamento de “Las Güásimas” con destacamento de tropas y donde se encuentra el Mayor M.C. Filiberto Carriles.

Se atiende a las tropas de Guarnición del 12vo. Batallón y cuerpos mixtos de Infantería Yaqui y de Caballería, y se da apoyo a las secciones sanitarias del 19º. Batallón, acantonado en Bacum, cuyo médico es el Mayor M.C. Fernando Ocaranza; al 4to. Batallón estacionado en Potam y cuyos médicos son los Mayores M.C. Arnulfo F. Fernández y Enrique Leal; este último había estado en la Batalla Matzocoba y funda una enfermería militar en el poblado, y hacia el sur en el pueblo de Cocorit esta el 17vo. Batallón con el Mayor M.C. Enrique Aldana, que también funda una enfermería militar en el pueblo. Esos últimos datos se refieren al año de 1900 cuando se inicia el siglo. Existen datos que después de 1910 al inicio de la Revolución, se encontraban en servicio en esa región y por consecuencia asistían al Hospital, el siguiente personal: Mayor M.C. Ramon Terroba y Solares; el Tte. Corl. M.C. Ramon L. Campos, los Mayores M.C. Salvador Quiñones y Francisco Medina; algunos practicantes como Pedro Perez Grovas y Carlos Puig.

El Hospital, tenía mucho trabajo, era uno de los llamados de sangre; los combates nunca cesaban, la cantidad de heridos que se atendían constantemente eran muchos; y se efectuaba la certificación de muertos en combate; para dar un ejemplo, el Dr. Fortunato Hernández adscrito a la Comandancia de la Zona señala que el 18 de enero de 1900, fecha de la batalla de Matzocoba, tuvieron 28 muertos, tres oficiales y 25 de tropa; 52 heridos, siendo 4 oficiales y el resto de tropa. El Hospital ayudaba a solventar las grandes penalidades de las tropas, que era muy común se lesionaran por las condiciones del terreno, sufrieran hambre por falta de provisiones y del tormento de la sed por falta de agua, de las inclemencias del clima que durante las marchas, en ocasiones llegaba hasta los 45 o 48 grados centígrados, y que caían muy frecuentemente insolados, que trataban de reanimar a base de inhalaciones de amoniaco.

En los intermedios mas tranquilos, el Hospital servía también para control de los consignados que se enviaban al Servicio de las Armas; y todos los yaquis que con sus familias eran deportados, los cuales eran concentrados para examen médico; y después remitidos al Puerto de Guaymas donde eran embarcados en el transporte Oaxaca cuyo médico era el Capitán de Corbeta M.C Marcelino Mendoza.

Cabe aclarar que los llamados consignados, muchos eran personas las cuales por cualquier circunstancia tales como faltas leves, vagancias o en determinados casos los padres llevaban a los hijos que les daban muchos problemas, los mezclaban con ladrones y asesinos convictos o con las familias yaquis que deportaban.

El Hospital Militar debe haber sido un edificio hermoso y muy bien construido, aun cuando no se haya terminado completamente, con bastante funcionalidad para esa época; Ocaranza se refiere a él en los siguientes términos: “El Hospital Militar aparecía también como un edificio cuyas dimensiones y calidad fueron superiores a las del pueblo; pero casi de acuerdo con la importancia que tenía la 1ra. Zona Militar por aquellos días”. En aquellos años, era la 1ª. Zona Militar , la que más actividad bélica presentaba en la República y que no ceso hasta el año de 1913., cuando desapareció.

Nos proporciona también un dato de la situación geográfica del Hospital, al señalar que el Director del mismo, el Tte. Coronel Luna se lamentara de que buena parte de su obra hubiera sido arrastrada por una creciente del río, obligándolo a reanudarla con grandes esfuerzos. Existen huellas de una acequia que pasa por la parte norte del predio, con una compuerta pequeña construida de ladrillo, para las derivación del agua de uso en el Hospital; era prácticamente una boca toma que venía directo del río

Es indudable que este Hospital era un reflejo del trabajo y la preparación que tenían los médicos militares, que estaban dentro del Ejercito y habían recibido una instrucción más completa en todas las materias, por haberlas cursado en el Hospital Militar de Instrucción y en la Escuela Practica Medico Militar de esa época; desde el punto de vista social, la existencia de un Hospital situado en un punto intermedio de las poblaciones importantes, representaba una seguridad y era un gran beneficio para la población militar, sus familias y también directamente para los pobladores de todas las regiones aledañas; los cuales podían recurrir a recibir una atención médica del más alto nivel correspondiente a esa época. Era el complemento de la idea de desarrollar en ese lugar una verdadera ciudad; el sueño del Gral. Lorenzo Torres.

En 1913 con el licenciamiento del Ejercito Federal, al causar baja desaparece la 1ra. Zona Militar; quedando abandonados todos los edificios; que posteriormente serían utilizados por las fuerzas revolucionarias, hasta en la actualidad en que se encuentran prácticamente desaparecidos

El pueblo de Torim actualmente es un lugar que sobrevive fantasmal en la llanura sonorense; casi igual que cuando lo bautizaron los misioneros. Perdido su caudal del río, ahora ya seco, se niega a desaparecer conservando su fisonomía autóctona; con su comunidad que continúa con los ritos ancestrales, con el gobierno elegido por ellos mismos, con sus rituales y sus bailes, con su silencio y su alegría, rodeados por la madre naturaleza, que no los desampara dentro de sus bosques de palo fierro, entreverados con los palos verdes y los mezquitones centenarios; los acompañan los olores de la chicura y del orégano, de la manzanilla y a veces de la marihuana; al igual que hace más de 500 años de que llegara la llamada “conquista”.

El destino, lucha por la libertad y autonomía de la tribu, defendiendo sus tierras y su territorio en las llamadas Guerras del Yaqui, no lo dejaron florecer. Los edificios y las casas que fueron bellas y florecientes construcciones, algunas hasta de dos pisos; con sus calles trazadas a cordel, los Cuarteles y el Hospital Militar, todos fueron desapareciendo con el pueblo. Solo quedaron las Campanas de los Jesuítas, en lo alto de la loma.

Tte. Coronel M.C. Ret. Hugo Pennock Bravo
Cirujano Emerito Colegio de Cirujanos de Sonora.
Miembro de la Sociedad Sonorense de Historia
E mail hpennock@rtn.uson.mex

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altRECONSTRUCCION DEL HOSPITAL MILITAR DE TORIM