CUANDO SAN MIGUEL ACABÓ CON UNA HORDA DE APACHES
Ocupada inicialmente por indios ópatas y pimas altos, esta población era conocida como Cuchibacuachi, término que se contrajo al actual. Su nombre significa “víbora o culebra del agua”, aunque para los habitantes represente el “lugar rodeado de agua”. En 1644 don Pedro de Perea sometió a los naturales, sin embargo, fue hasta 1649 cuando el capitán Simón Lazo de la Vega fundó la primera villa española.
Templo de San Miguel Arcángel
Fundado en 1670 y modificado totalmente en la primera mitad del siglo XX, ofrece una fachada de ladrillo aparente y una torre de dos cuerpos rematada con un capulín. Aún conserva sus viejas campanas, más antiguas que el mismo templo.
**Hay una bonita leyenda en el pueblo, de la cual el profesor Manuel Sandomingo da referencia. Sucedió en tiempo de la guerra Apache cuando estos depredadores llegaban a los pueblos de Sonora haciendo desmán y medio, asesinando y quemando el templo y las casas, quedando totalmente desolados.
En una de estas entradas a San Miguel de Bacoachi, y al tratar de entrar al templo para quemarlo, tal como era su costumbre, se toparon con un guerrero que con espada en alto derrotó a la horda de salvajes quedando el atrio lleno de cadáveres del invasor.
Jamás los apaches pretendieron invadir el pueblo de Bacoachi al cual respetaron enormemente pues el miedo no anda en burro.** **Cuando las autoridades levantaron los cadáveres se dieron cuenta de que uno de los apaches estaba mortalmente herido, pero tuvieron la oportunidad de preguntarle que si qué había pasado ya que nadie en el pueblo daba crédito de semejante carnicería.
El apache en sus pocas palabras que sabía del castellano mencionó que un guerrero con una espalda en alto con alas muy grande en la espalda volaba de aquí para allá acertando certeros golpes en la humanidad de los temidos apaches; por lo cual los que pudieron salieron como alma que llevaba el diablo, pues de lo contrario aquél guerrero alado hubiera dado cuenta de todos los indios nómadas depredadores que azolaban a la provincia de Sonora.
Todo el pueblo se congregó en el templo para venerar a San Miguel Arcangel, patrono del lugar, ya que sin duda él y nadie más pudo haber sido el que los defendió de los apaches no permitiendo fuera profanado el templo.
Desde entonces durmieron agusto, confiados en que con semejante guardián nadie osaría acercarse a hacerle daño. Como así ocurrió pues no se volvió a tener noticia de otra entrada de los bárbaros.**