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*Un recorrido por el sendero histórico de Sonora, lleno de olores, colores y sabores

Por Judith Teresita León
jleon@primera-plana.com.mx
Generalmente viajar por placer es enriquecedor, sobre todo cuando se tiene la posibilidad de recorrer poblaciones, detenerse a conocer los atractivos de un lugar y luego continuar consumiendo sin prisa los kilómetros de una carretera que a veces se antoja interminable.

Aunque hubo quien hizo este recorrido sin la comodidad del asfalto, de guías, y sobre todo, sin la certeza de llegar a un lugar seguro en lo que hoy se conoce como la Ruta de las Misiones. 

Un grupo de reporteros entre los que se encuentra quien escribe, formaron parte del primer grupo previo a la apertura oficial de la ruta que tiene como protagonista al jesuita italiano Eusebio Kino, en su misión de arar en el desierto.

Desde la tierra de Joaquín Murrieta

Tras algunas horas de recorrer la carretera internacional, varios kilómetros de la que conduce a Baja California y luego a una más corta, llegamos a Trincheras, la tierra de los Bejarano, una población pequeña habitada por gente hospitalaria y orgullosa de su zona arqueológica y protegida por el INAH; de su historia acerca de Joaquín Murrieta, personaje a quien se hace mención en la película El Zorro; y del delicioso queso cocido —que sí hace hebra— que prepara y exporta don Leónides desde hace 20 años, con la receta de su mamá.

En Trincheras no hay templo de misión, pero las investigaciones que se han hecho, arrojan información de vida en ese lugar desde la época prehispánica, misma que se puede confirmar por los objetos, como conchas y fragmentos de vasijas, que se han encontrado en el cerro —de excelente acústica— por el que recibe su nombre el lugar.

Misión y pieles

Continuando en la ruta, el punto siguiente es Pitiquito —fundado en 1694—. Su templo fue construido en el siglo XVIII y al igual que la mayoría de los templos de las misiones, el de San Diego de Pitiquito sigue dando sorpresas al dejar encontrar bajo las capas de cal con que fue recubierto, vestigios de su pasado, tal y como lo demuestran las imágenes de sus paredes: un demonio, un esqueleto y la virgen de Notre Dame, que se encuentran en la entrada, para continuar por su piso de damas chinas hasta llegar al altar de bóveda azul y estrellas doradas.

Otro de los atractivos de este lugar es la fábrica de prendas de distintos tipos de pieles, que han vestido lo mismo a artistas locales e internacionales que a gobernantes; mismas que son diseñadas y manufacturadas por artesanos locales, quienes han contribuido a la fama de este negocio que se distingue por su calidad de exportación.

Cauces y causas

Sin duda uno de los templos de las misiones más característicos del desierto es el de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, de Caborca, construido entre 1803 y 1809. El río, al cambiar su cauce ha sido el principal fenómeno que participó en el deterioro de este recinto para el culto religioso, que dicho sea de paso, en su fachada principal aun conserva los impactos de bala recibidos en la batalla contra los filibusteros, en 1857.

Caborca, que significa “al pie del cerro” en idioma pima, además de la historia que hace referencia a este monumento histórico también ofrece diversos servicios de hospedaje y diversión; guías, excursiones, actividades al aire libre, deportivas y culturales.

Respecto al templo símbolo de Caborca, el arco que generalmente sirve como primer plano para las fotografías típicas, era parte de uno de los templos que existían en Suaqui, Batuc y Tepupa y que, como bien se recordará, sucumbieron a la modernidad para darle paso a la construcción de la presa El Novillo.

La proveedora

Muy cerca de Caborca, está el rancho Puerto Blanco, famoso por albergar en su interior al sitio arqueológico más importante del Noroeste, en los cerros La Proveedora y San José.

En estos predios se pueden localizar visualmente y de manera sencilla miles de petroglifos que son expresiones pictográficas esculpidas sobre rocas que al parecer datan de los años 100 AC hasta 1400 DC y que además, se encuentra resguardado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, para su conservación y estudio.

Cabe señalar que a este sitio sólo es posible ingresar acompañado de un guía, que en el caso nuestro fue José Jesús Valenzuela, El loco, quien también es cronista de Caborca y fue el encargado de dar las instrucciones precisas para el cuidado del sitio.

El misterio de la tumba al revésalt

Un punto más a visitar en esta ruta es Oquitoa (“mujer blanca”, en pima), pequeña población con alrededor de 400 habitantes que veneran a San Antonio de Padua como su patrono y a quien dedicaron el templo misionero.

Lourdes, la guía capacitada por la Coordinación de Turismo del Estado de Sonora, para recibir a quienes los visitan, inició el recorrido en el predio que alberga al templo y al panteón, contó la historia de San Antonio de manera tan vívida como si se tratara de una experiencia que ha ya compartido, y también relató los detalles de muchas de las tumbas que están orientadas hacia el templo, excepto una, de siglos anteriores.

La creencia popular sugiere que ahí se encuentra sepultado alguien que no fue creyente, aunque todo esto lo suponen por no contar con suficiente información sobre a quién pertenezcan esos restos. Lo que es indudable es que dicha tumba, más que cualquiera de las que están ahí desde 1800 es a la que se hace mayor referencia.

Otro lugar curioso que se puede conocer en Oquitoa es el molino de trigo que actualmente se encuentra en ruinas y habitado por avispas, pero que desde su exterior ofrece una referencia de cómo pudo haber sido el sistema productivo del lugar, antes de la industrialización.

Entre los sabores obligados a degustar de este pueblo se encuentra el —dulce y suave— vino del tapiro, que es una pequeña uva que produce el sauco; de esta planta también aprovechan la diminuta flor amarilla, con la que elaboran un atole que pertenece a las recetas de la abuela.

La novia de Átil

Átil y sus templos de las misiones, las ruinas del original, uno posterior y el moderno, en el que ahora se practica el culto religioso, también tienen tradiciones e historias qué compartir con sus visitantes: una mujer vestida novia que por las noches sale del templo y camina por la plaza para después volver a entrar a la iglesia, puede ser una leyenda urbana atractiva para los amantes de lo paranormal.

También pueden ser atractivas las fiestas en honor a San Francisco, en octubre, para conocer el lugar, su gente, para pasear por sus calles amplias y tranquilas, para conocer de viva voz la historias que ahí se han generado y para disfrutar de las hospitalidad de su gente.

También jesuitasalt

Tubutama es el penúltimo punto que comprende la ruta de las misiones. Su templo en honor a San Pedro y San Pablo ofrece además de una interesante muestra de lo que allí se ha ido descubriendo en cuanto a color y significados; murales que se van iluminando y adquiriendo sentido conforme transcurre el día y los rayos del sol contribuyen con la parte que a la naturaleza le corresponde.

En su interior, en forma de “L”, es posible apreciar los retablos originales que han sido restaurados, así como también algunas imágenes que se encuentran ahí desde el siglo XVII y otras más que se han dispuesto en el museo contiguo a la iglesia, y que contiene también otras piezas de arte sacro que dan vida a la historia no sólo de sus moradores sino también un sentido a la identidad religiosa sonorense.

Folclor de todos los días

Magdalena es sin duda, el punto de mayor referencia para la historia que dio vida (después de su muerte) al Padre Kino, el hombre de a caballo que más que forjar, sembró la semilla para una creencia religiosa que prevalece hasta nuestros días.

Un mausoleo al interior de la plaza, con los restos de Kino, especifica el lugar en el que originalmente se encontraba el templo. Varios nombres de poblaciones y vivos colores en un mural, hacen una muy breve reseña de lo que fue su labor.

Magdalena de Kino ofrece a diario un atractivo folclor que se viste de fiesta en octubre, pero que también, diariamente tiende los brazos a los visitantes, ya sea creyentes o, simplemente, curiosos que acuden a visitar y a levantar a San Francisco Javier en espera o en agradecimiento de un milagro.

La ruta de las misiones es atractiva e interesante; ofrece un sinfín de actividades para todos los gustos, desde hoteles y opciones gastronómicas regionales, hasta recorridos por el desierto en cuatrimotos, visitas a sitios como El Pinacate e incluso a las playas sonorenses, guiados siempre por profesionales que conocen el sitio y que garantizan ante todo la seguridad y la integridad de los visitantes.

Recorrer y conocer la geografía sonorense es una buena opción, es una gran lección sobre todo para quienes consideran que en el desierto no hay nada, cuando,  por el contrario, la experiencia de ver y sentir cómo es que florece es algo extraordinario. Todo es cuestión de darte la oportunidad de realizar actividades distintas, de atreverse a salir de la rutina, de ampliar los horizontes y también, ¿por qué no? Aquello que se conoce como cultura general.