LA PIEDRA PARTIDA
(Cortada por el dedo de Dios)“Y LAS ROCAS SE PARTIERON”
MATEO 27:51
Subir la sierra de Mazatán para comprobar que se da el árbol del Corcho o Alcornoque, era un reto; pero jamás me imaginaría que podría llegar a conocer una de las maravillas más asombrosas y solitarias de ese Sonora nuestro.
Allí, en medio de un bosque maravilloso estaba la colosal Piedra Partida”. Y para nuestros gentiles lectores les confesaremos sin temor a equivocarnos que fuimos los primeros en tomar la fotografía exclusiva.
Una y otra vez el clic, clic de la cámara fotográfica de mi acompañante Carlos Larios se escuchaba como entrometido aparato moderno en aquel paisaje paradisiaco y virginal. Imposible calcular su diámetro, no es una roca cualquiera de esas que se ven por todas parte, ésta es descomunal, espantosamente milenaria a la que quizá los indígenas trepaban con facilidad.
Desde entonces, pocos seres humanos, salvo un que otro vaquero han tenido el privilegio de admirarla, así con tanto arrobo como nosotros lo hicimos. A este que escribe se le llenaron los ojos de lágrimas por sentir el don santificador de tener ante mi la esencia del corazón de Sonora, realizarlo en mente y espíritu fue como un milagro, un verdadero milagro.
Había valido la pena andar tanto, fatigarse tanto para estar allí al encuentro de una especie de alumbramiento mágico: ella y nosotros, como si estuviera esperándonos desde siempre, diciéndonos que cuando menos una vez en la vida deberíamos venir a verla. Gracias a la vida que nos ha dado tanto.
No cabe duda, yo por Sonora le dejo de rezar a Cristo. Si fuera una roca, gigantesca como es, no fuera tanto el desconcierto, pese a que estamos acostumbrados a extasiarnos tanto con las maravillas insólitas de la Sonora Desconocida; se trata de que está partida por la mitad, como si fuera un gran gajo que la fuerza bruta de las naturaleza abrió en dos, tan sencillo como utilizar los dedos de la mano, y ya está. Quizá los dedos de Dios.
No fue fácil llegar hasta aquí, tuvimos que ascender la sierra de bronce y pasar siempre a pie cerca de lugares tan agrestes como el cajón del Bachán que es como dice mi amigo Carlos, un lugar tan inexpugnable que ni los pájaros lo penetran, sólo nos llega el olor de las tupidas enredaderas en aquella humedad continua.
Posiblemente quienes más han tenido la oportunidad de conocer la piedra partida serán los moradores de Pueblo de Álamos, una comunidad próspera que queda hacia el norte de la sierra, porque hacia el sur está Mazatán.
La sierra que lleva el nombre de este último pueblo queda a tan sólo a 70 kilómetros de Hermosillo, y de ahí se pasa por Nacori Grande y Pueblo de Álamos para hallar el camino que nos lleva aunque con cierta dificultad, hasta más o menos la mitad de la sierra.
Dejamos el vehículo junto a un represo en donde don Arturo Saavedra tiene un ranchito, su hijo Martín aquí se pasa gran parte del año completamente solo ordeñando unas cuantas vacas. Tiene la timidez sana de un verdadero sonorense que con el corazón en la mano nos da la bienvenida. Un buen trago de Bacanora, y bien que ayuda pues la vereda aguarda, zigzagueando hacia un mundo desconocido.