En el libro de recienter aparicion los Terribs de la Fenochio su autor el profesor Ramón Martinez, alias el Sandy nos da un relato sobre una excursión de la palomilla o pandilla a la que pertenecía, al Cerro de la Venatana. Quien comandaba a dicha palomila era Macedonio Nevárez y este los citó temprano para emprender la anhelada conquista del Cerro de la Ventana.
Primer domingo de noviembre, el sábado fue día de los muertos. Por la mañana, el tildillo, perdón, el Jefe, no llegó puntual, que porque estaba esperando que abrieran en que “El Toto” para comprar fósforos, pero ¿saben quién llegó primero que nadie?
Pues sin que nadie lo invitara ahí estaba eI pelochino, luego llegamos el cochito, el kilodioro, el chona, el carrizo, el pachi, el brujas, el canelo, el melochicho, el chilinsky, el pancho, el tuti, el reviate, el zeppelín, el yimi y yo y nos pusimos en marcha.
Allá va la tropa feliz siguiendo a su caponero el macedonio que llevaba botas nuevas “de minero”, sombrero pintarrajeado, una navaja de cacha con abrelatas y destapador de sodas y una piola enrollada en la cintura. Era medio extremista, por eso era el jefe, adió.
Cruzamos sobre los tubos de conducción del agua sobre el lecho del arroyo, y seguimos la orilla de la acequia por la calle rumbo al panteón.
La excursión de aquellos mosalbetes fue fallida pero prepararon una segunda visita:
El segundo intento lo realizamos el siguiente domingo. El plan decía que debíamos de correr desde el principio, por toda la calle del cementerio y no parar sino hasta los arenales del Sásabe, llevar más botellas vacías que llenaríamos en las tinajas, lonche en latas los que tuvieran.
La lista de los que iríamos en dos equipos sería la siguiente: Equipo 1, el cochito, el chona, el carrizo, el pachi, el brujas, el Galindo, el pancho y el kilodioro como guía. Equipo 2 el canelo, el melochicho, el reviate, el tuti, el martín, el macedonio de guía y yo el sandy de ancla.
Era una mañana algo fría pero puntuales iniciamos el trote partiendo del puente pactado; al jefe le botaba mucho un macuto que llevaba amarrado en la espalda como los soldados, pero era de guangochi; como el equipo 1 no se detuvo en el arroyo, nos obligó a seguirlos, faltaba más, si ellos no descansaban, nosotros menos y echando el bofe llegamos a la Tinaja del Oso, con un forzoso descanso, el jefe le llamó la atención al kilodioro por no detenerse como se había indicado. A la orden del tildillo, seguimos el viaje, pasamos la cabaña de los gambusinos y en el punto de salida del arroyo nos trepamos a la ladera izquierda y por allí avanzamos con poco más de facilidad pues era menos pedregosa.
Pronto llegamos a la parte que puede ser lateral y se veía cercana la ascensión, pero hicimos alto para comer y descansar bajo un frondoso bagote, ahí balanceamos la situación del promontorio que desde el aterrizaje se ve a la izquierda del gran cerro que domina el paisaje, al buscar una cómoda subida vimos algo curioso: parecía que el peñasco se había desgajado y que una gran roca había rodado de más arriba cayendo en la desgajadura y que no dejó que de nuevo se cerrara esa rajadura; quedando un hueco triangular entre las tres secciones en el que todos nos metimos.
Por las huellas que vimos era un lugar muy visitado, estaba en la cresta de la serranía que formaba el cerro de la ventana por lo que teníamos una hermosa vista para ambos lados, primero todos miramos para el norte y admiramos el hermoso paisaje…
-Miren se ve el río lleno de árboles hasta muy lejotes -dijo el cochito-
y todo Magdalena con sus callecitas y imiren el techo colorado de la secundaria, cerquita de mi casa! -exclamó azorado el pachi -ahí está el palacio munícípal con la torre del reloj -exclamó el tuti -i y miren allá
está la estación del tren! -dijo el Galindo -ila Cucurpe! -corearon el carrizo y el kilodioro, el melochicho estaba observando la cúpula de la iglesia
…y no sabía que era hasta que le explicó el pachi- pero tío es la iglesia, ahí esta junto al reloj ¿no lo ves menso? -i ya la vi, ya la vi, ahí está!- gritó despavorido el canelo -¿qué es?- le preguntaron los que estaban con él -La escuela gulfo, está pegada a mi casa, ¡véanla ahí derechito! -Señalaba con su dedo -¿y tú que buscas Martín? -le preguntó el brujas -busco la zona roja -iíralo el loquito! -corearon algunos— busco mi casa y la talabartería donde trabaja mi apá que está un ladito -dijo apenado el Marín;
…
el lolo trabajosamente halló el arroyo de la zapatera al lado del cual vivía y el reviate no podía hablar porque su casa no se hallaba por ningún lado, mientras tanto el tildillo y yo observábamos la forma de llegar a la cumbre, también pudimos ver todo el recorrido del arroyo del Sásabe y los pequeños poblados que atraviesa y muchos campos agrícolas; para el lado sur se veían puros cerros. y para el oeste se miraba la subidota que nos faltaba para llegar a la cumbre.
El entusiasmo de los muchachos de la pandilla por observar lo que pocos tienen chanza de hacerlo era tanto que no nos dimos cuenta que se hacía tarde. En el lugar en que descansábamos había escombros de fogatas y latas vacías de alimentos, también algunos cartuchos de arma de fuego, todo eso nos informaba que ahí acampaban gentes por uno o varios días, - es mejor comenzar a bajar,- le dije al Macedonio…
-iAmonoooos patrás! -aulló el tildillo, rápidamente comenzamos a bajar la gran cuesta por donde habíamcs venido, todos los compañeros en fila india y no paramos hasta llegar a la casa de los buscadores de oro, ahí el jefe deslió su envoltorio que era nada más que un guangochi de esos de pita y dijo -aquí echen las latas de comida que no usaron, las voy a guardar para la siguiente vez que véngamos, cuando váyamos hasta la cumbre (le encantaban acentos en las esdrújulas) -mi lata de sardinas ahí quedó, otros dejaron carne endiablada y hasta un espam -los envolvió y los colocó en un hueco entre la pared y el techo y partimos ala carrera con pequeños descansos, llegamos al atardecer al arroyo del Sásabe, decidimos irnos por todo el cauce hasta la carretera porque había algunos que no les agradaba pasar por el cementerio.
Del puente cada quien a su casa a descansar.
Al día siguiente, estábamos apantallando a media escuela con el relato de nuestra aventura, cuando llegó corriendo desaforadamente el Kilodioro quegritaba -íHeyeyey, traigo una noticia grandototota!- paramos orejas y nos dijo.- le conté a mi apá y me dijo que ahi en el lugar al que llegamos es lo que se llama La Ventana, que ese es el cerro de la ¡ventana y toda la gente le dice asi al cerrote aquel que se ve desde aquí y señalaba con su mano al hermoso cerro azul que queremos conquistar como los alpinistas; quedamos estupefactos, no dábamos crédito a lo que decía nuestro condiscípulo:
Habíamos estado sin tan siquiera saberlo en LA VENTANA DEL CERRO DE LA VENTANA.