Aparece Mario González Valenzuela, director del Instituto Nacional de
Antropología e Historia
INAH saca la cabeza y
sentencia: el dueño de la casona demolida deberá reconstruirla
Por Oscar Castro / Dossier Politico
Dia de publicación: 2010-03-18
Por fin dio la cara…
Luego de que este Dossier Político, diera a conocer a la opinión pública la impune e irresponsable demolición de un edificio histórico, cuestionando el hecho de que las autoridades del INAH guardaran ominoso silencio y grosera indiferencia ante los reclamos de los vecinos de la casona ubicada en Niños Héroes número 97 entre Guerrero y Garmendia en la colonia Centro, finalmente fue hasta hoy que Mario González Valenzuela, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dio la cara para confirmar que la demolición del histórico inmueble fue realizada de manera ilegal por lo que se solicitará su reconstrucción.
“Estaba clasificada desde 1993, se hizo una actualización del catálogo de monumentos históricos y ahí se agregó la casa que data de principios del siglo XX”, explicó el funcionario.
La denuncia fue inicialmente hecha por Claudio Escobosa Serrano, periodista director del portal ContactoX, hijo de quien en vida fuera cronista de la capital del estado, Gilberto Escobosa, quien en un artículo entregado a este Dossier Político relató la construcción que en unas cuantas horas quedó reducida a escombros. La casona fue construida a principios del siglo pasado por don Francisco Salazar y su esposa doña Lolita Girón de Salazar.
“Ellos fueron los padres del profesor Ernesto Salazar Girón ex director de Educación Pública y de su hermano Germán, entre otros destacados hermosillenses hijos del matrimonio”, abunda don Claudio Escobosa.
Y reseña: “Ante la indignación de algunos vecinos del antiguo barrio de la
“Niños Héroes”, me acerqué al operador del tractor para cuestionarle sus
intenciones, recibiendo como respuesta de que se iban a “echar” todo el
edificio, y que si tenía dudas, me dirigiera al dueño del inmueble que estaba
detrás de la misma (señalándomelo con cierto gusto y ansias de demolición). Me
acerqué al dueño, (mismo que se dedica a la venta de “hot dogs” y que había
adquirido hacía unos años al anterior propietario Don Germán Salazar Girón), y
le hice saber que esta casa tenía un valor histórico en nuestra ciudad, a lo
cual me respondió a través del corredor “que no servía para nada”. Le pregunté
si tenía la intención de derribar el frontispicio de la misma, y sin hablar,
giró su rostro negándolo, a su vez el corredor de apellido Valenzuela como
interlocutor de aquel propietario mudo, afirmó que se tenían planes de dejar
intacta la fachada de la antigua propiedad de los Salazar Girón.
Le
comenté (al dueño de la casona) que algunas personas, vecinas de esta avenida, y
algunas de ellas que han vivido en este viejo barrio desde pequeños, como es el
caso de la familia Escobosa, Pasillas, Sáenz, Moreno y Nájera sentían que con
este acto, les arrancaban un pedazo de su vida, y que en alguna ocasión se había
acercado algún empleado del INAH, quizá para catalogarlo dentro del patrimonio
cultural de Hermosillo, incluyendo la casa que había construido mi abuelo don
José María Escobosa Romero y su esposa mi abuela doña María Gámez Lucero de
Escobosa con el producto de su trabajo de comerciantes de naranja en los estados
de Sonora y Sinaloa, a principios del siglo anterior, con número 91 y vecina del
inmueble devastado totalmente, en la cual crecieron mi padre don Gilberto
Escobosa Gámez, y sus hermanos Gloria, Jesús, Socorro, Elena, Marco Antonio y
Víctor Manuel (este fallecido en 1932 debido a una infección de tétano, y amigo
de la infancia del Sr. Germán Salazar Girón).
Al retirarme de dicho
acercamiento con el dueño, y observando la cara de mentira del mismo, entre
algunos vecinos hicimos una llamada telefónica el INAH, y el resultado fue que
el director o encargado del mismo no se encontraba en su oficina, pero que le
hablarían a su teléfono celular para informarle tal suceso. Suceso al fin que
“Le valió madre”, hasta hoy martes 16 de marzo, 3 días después del hecho, no se
han tomado cartas en el asunto. Cabe aclarar que el director del Centro INAH,
que lo conocí en una reunión en donde se nos presentaba el hallazgo de unas
huellas de dinosauro en la localidad de Esqueda, Sonora, al hacer el uso de la
palabra cuando los presentadores preguntaban por apoyos sobre el tema, dijo
textualmente “…que tenían que hallar más huellas, ya que por una ‘Huellita de
dinosauro’ no justificaba la acción del INAH…”, ante el absurdo comentario del
funcionario, reprimí mi ira para cuestionarle su incapacidad de dirigir tan
importante institución,… al fin de cuentas, su cargo es producto de los
compromisos políticos, sin importar su preparación para encabezar una
dependencia que supuestamente cuida y preserva el patrimonio cultural de nuestro
Estado.
Pero siguiendo con la demolición, la suspendieron el mismo sábado, dejando
intacta la fachada de la antigua casona, sin embargo, se escuchaban “risotadas”
detrás de la misma, y se observaban rostros llenos de alboroto desesperados por
saciar sus ansias de destrucción.
Ese mismo día (el sábado 13) se le
hizo una llamada al periódico El Imparcial, que después de un buen rato envió a
un reportero, el resultado, una pequeña fotografía en la última página de su
sección Metro, en la misma sección en que se denuncian los baches o los focos
fundidos en el alumbrado público.
El domingo 14 de marzo, al día
siguiente de lo narrado con anterioridad, llegaron los mismos desconstructores y
derribaron la fachada a las 7:00 a.m., todos con los mismos rostros alegres
después de haber logrado su cometido, y por supuesto, repito, a nuestra sociedad
“Le importó madre” lo acontecido, quedando solamente un lote baldío, que borró
en un momento tanta historia de nuestro querido Hermosillo, como sucedió con
anterioridad con el Hotel Arcadia y muchos más por el estilo”, termina
don Claudio Escobosa, su triste narración.
Este miércoles, luego de la publicación de esta historia negra de un crimen al patrimonio cultural de Hermosillo, las autoridades del Centro INAH Sonora están en busca del dueño de la propiedad para que repare los daños