¡QUÉ DIERA POR VOLVER A HUÉPAC!
Por Francisco Bustamante Tapia
Con el nombre de San Lorenzo Güepaca quedó establecido en 1639 lo que hoy conocemos con el singular nombre de Huépac, población risueña de la región del Rio Sonora. “Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran”, cantó el pota español Miguel Hernández en un poema titulado “la soledad de los pueblos” que perfectamente encaja con este ahora pueblo visitado.
Tomamos la carretera del Río de Sonora internándonos por el antiguo valle de la gran nación ópata.
Güepaca le llamaron los naturales a esta parte que se disputa el patrimonio histórico de haberse formado justo a unos cuantos kilómetros la ranchería que visitó Alvar Núñez Cabeza de Vaca,
llamándola Sonora ya sus moradores los sonoras; fue en 1739 cuando pasó por aquí el padre jesuita Bartolomé Castaño acompañado del padre Pedro Pantoja y Gerónimo de la Canal quedando este último a cargo de la misión cuyo templo empezó a levantarse bajo la advocación del mártir San Lorenzo de Huépac, aunque hay gente vieja que le sigue llamado Güepaca, su primitivo nombre, hay que aclarar que el templo actual es franciscano. Este pueblo de aproximadamente 3 mil habitantes tiene el honor de haber sido una de las primeras poblaciones que contó con escuela de primera letras.
Huépac cuna de hombres destacado como el general Ignacio L. Pesqueira (el Nachuele) quien fuera gobernador interino de Sonora en los álgidos años de la Revolución llegando a general divisionario.
Visitar Huépac es conocer su bello y bien conservado templo a cuyo santo se le festeja el diez de agosto con festividad religiosa en las que destaca el tradicional paseo de la Marmota, que culmina en la iglesia de rica arquitectura y en perfecto estado a le lejanía de más de 300 años de fundada; dentro de sus anchos muros podemos apreciar bellas reliquias que han estado por ahí por siglos siendo objeto de veneración por ciento de personas devotas que han adorado en este santuario, impresiona el magnífico estado en que se hallan las figuras religiosas y tan perfectamente ajuaradas con ropajes acorde con la tradicional usanza religiosa. En el centro del altar destaca la figura de San Lorenzo, el santo patrono quien en actitud de beatitud y con una parilla metálica entre sus brasas nos recuerda la forma en que fue martirizado bajo las brasas ardientes a causa de su fe cristiana llaman poderosamente las vigas del techo, todas conservadas admirablemente gracias a la perdurabilidad del mezquite, algunas han sido reemplazadas por el mismo material por lo que no se distingue variación alguna, basta levantar la cabeza y así poder apreciar la uniformidad y fortaleza de dichas vigas que entramos de medio metro una tras de otra están colocadas a lo largo de toda la capilla, dando la idea de una fortaleza increíble, pero sobre todo un recogimiento místico singular.
Huépac que significa en la melodía de la lengua ópata logar largo o ancho o más exactamente llano, tiene muy bienes labores regadas constantemente por el río sonora que ciertamente en esta parte se extiendo y en parte se pierde entre los arenales por ello los escasos moradores que de tarde en tarde salen a sentarse a la plaza son gente hecha a las labores ´rustica y la preocupación sus entretenidas charlas es averiguar el estado del tiempo, de la siembra y el ganado. Huépac tiene una plaza quizá la más limp ia y primorosa de cuantos pueblos hay en Sonora, reforestada en mejor forma y su iluminación ofrece una sugestiva plasticidad que invita al romanticismo, el realizar un recorrido por sus jardines sumergió inesperadamente en un soliloquio saludable o ya bien entablar una charla despreocupada o dulcemente amigable con gente tan sencilla inevitablemente contemplar los altos edificios de ladrillo añejo acrecienta las intenciones bien ganadas de recitar un verso alado y de Jazmín incendio.