Por años y años pareció que Santa María de las Piedras era un lugar embotellado. Otros pueblos que la rodean suenan a leyenda, de invención de exploradores fantasiosos, no obstante estar situada a escasas jornadas.

Pero no, no fueron las distancias las que borraban pasos, sino la arena, tantas y tantas piedras. La atmósfera de llamaradas y los caminos laberínticos que de constante deshacían las tolvaneras. Veredas que retornaban a trasar aquellos que sobrevivían a otros laberintos que se daban en la interioridad de sus cerebros.

Porque aquí en Santa María de las Piedras, al tiempo y al espacio se los chupa el aliento del desierto. Cuando los pica el sol y les deja su ponzoña, quedan los lugareños extenuados y ciegos a la buena de Dios, sin saber qué va o que viene o si está todo en un ser, suspenso.

Aquí en Santa María de las Piedras confluyen diversos tiempos y más de un espacio. Ahora velo desde arriba como si afueras pasajero en algún aparato de los que inventan los gringos.

Fíjate, Santa María de las Piedras es un hormiguero a orillas del desierto, mero en el desierto der Altar.
Ya sé que los pueblos plantados a orillas del erial y hasta en mero yermo son nombres conocidos en Sonora y más allá en otros lugares remotos.

Pero este Santa María de las Piedras nunca dejará de ser misterio. Quizá no sea más que un reflejo de los pueblos del desierto que sol convierte en espejos que irradian llamaradas y humanidad, que aquí convergen. Los gringos vieron este páramo como una frontera natural. Frontera de cactos, piedras, arena y fuego, entre México al sur y Estados Unidos por el lado norteño.

Ahora que si quieres precisar el punto exacto donde queda Santa María de las Piedras, pues lo más seguro es que te la vuelves, porque hay quienes aseguran que este pueblo es una broma, un sueño, y no dudes que hasta un cuento de esos que viajan con el polvo o que acarrean los arroyos cada vez que las nubes se llegan a equivocar y descargan sus vejigas sobre estas piedras candentes.
Si acaso es cierto que Santa María de las Piedras existió, aquí estamos nosotros para comprobarlo con nuestra presencia, puestos sobre sus calles borradas.

Esa iglesia imponente que amasó con su espíritu el padre Encarnación y que ya era desde siempre.
Esta plaza donde la historia juguetea, absurda y traviesa, en boca de viejos parloteros. Ellos los viejos Chachalacas, la visten de payasa, de pueblerina, de pordiosera.

Ella se permite complaciente, hastiada de los oropeles y galas falsas con que otros la convierten en dama aristocrática. También dan cuenta de Santa María de las Piedras esos cerros estirados en media luna en cuyos extremos se levantan sendos picos, frente a esa prominencia en explanada donde descansan los muertos.

Los españoles dieron en llamar a estos cerros la Catedral, y los indios desde antaño el Cerro de las Chichis . Aunque este pueblo de Santa María de las Piedras es igual a cualquier otro, también es único, como para no repetirse en ninguna otra época.
Dirás que si por qué está situado Santa María de las Piedras en medio de arenales y plantas ra streras, con sólo Sahuaros de vigías, es un oasis de piedras, aunque en medio de este yermo no sea más que un puñado de guijaros y arena.alt

Aquí todo es verdadero por más que parezca mentira. Todo le resulta muy gracioso esa humanidad: pues si bien el agua está profunda, la amargura brota desde encima.
El tiempo de Santa María de las Piedras avanza en retroceso porque se sabe condenado al olvido y vive sólo de recuerdos convertidos en sueños.

Solamente un hombre nativo de Santa María de las Piedras se adentro por azar en tiempos del futuro. La locura lo liberó de este sueño petrificado y me indujo a marchar sobre espacios sólidos, a la par que navegaba los vedados que se adentran en profundos misterios. Yendo este hombre a través de Estados Unidos de Norteamérica topó las huellas de Dios y se dió a buscarlo por doquier hasta encontrarlo…
Habrá quien diga que Santa María de las Piedras no pasa de ser un mito: se atreverán a negar su existencia, porque lo buscan en mapas no lo hallan.

Pero pues este pueblo de Santa María de las Piedras no está fincado en ninguna cartulina, sino aquí, en este pedregal circundando de duneríos que derrotan a las mirada de los extraños.

A muchos que pasan cerca se les pierde entre polvaredas cuando sopla el viento; mas si el polvo suele cubrir el sol, cuantimás a este pueblo.

Otros ha habido que nos vieron a su paso a Santa María de las Piedras por los efectos de la luz que a torrentes cae del cielo, rebota las piedras, ciera sus contornos, y esto todo se vuelve laguna de magia.
Así así soslayan los peregrinos la siluetas luminosas de Santa María de las Piedras y las creen espejos mágicos que pare la atmósfera afiebrada.

Si alguien quisiera conocer este pueblo de Santa María de las Piedras, que se eche a andar por el lomo del desierto, haga amistad con la muerte, ignore la chamusquina, se alfombre de ampollas los pies, beba tierra caliente y camine y siga caminando hasta que llegue. Para que un día le cuente a sus nietos que conoció un pueblo amurallado de llamaradas cuyo nombre es Santa María de las Piedras.

-¿Estás oyendo, Teófilo? Qué me vas a estar oyendo. Duermes como cualquiera de tus biznietos. Como ahora no están sentados en estas bancas placeras, debajo de estas sombras tatemadas, los que a tí te divierte, pues duermes y roncas. Lo mío no interesa, ya sé.

Pero ¿qué tal lo que dice don Nacho? ¡Ah, con ése peleas y te vuelves pícaro y travieso. Como gozas tirándole de bastonazos al güero Paparruchas cuando nos hace reír con sus embustes. Ya vendrán ellos mañana, y otros con suerte. Duerme viejo, duerme, y sueña mientras yo voy soñando despierto.
Te oigo Abelardo, te oigo. Ya sabes tú que duermo y escucho al mismo tiempo.

¿Qué ya olvidaste cuando el oro? Entonces vinieron a Santa María de las Piedras miles de aventureros, olvidas que ahora mismo se nos van nuestros jóvenes rumbo a Estados Unidos, huyendo del hambre, a desafiar tantos peligros; con sólo la amistad de la fe y un mundo entero de enemigos. ¿Cómo es que dices, Lalo, que nadie entra ni sale de este pueblo?

No me hagas caso Teófilo, no me hagas caso, son ideas de viejo. La única realidad que yo contemplo son estos arenales que arden, estos cúmulo de piedras que humean, esos cerros forrados de peñascos, y ese río muerto al que violan las crecientes de verano, porque permanecen y nosotros sólo estamos de paso apenas un instante; a veces creo que ni estamos.

¡Hay Lalo cuánta falta nos hace el Güero Paparruchas y don Nacho. Con ellos no hay ocasión de llorar la nostalgia, mucho juego y mucha plática.
Ya vendrán esos viejos chochos, ya vendrán y volveremos a hacer recuento de todo lo que ha pasado en Santa María de las Piedras.
Aquí, sentados en estas bancas, debajo de estos árboles, enmedio de esta plaza. Vamos a repintar los recuerdos que ha ido borrando el tiempo.

Qué bonita es la primavera, mira nomás, las familias entrando a misa, los niños riendo en un sólo revoloteo, todo reverdece. Menos tú, Nacho. Estás más seco que el sol.
Es lo que tú crees, pero todavía se me mueve una patita.alt
Pues si, a mi se me mueven las dos.
Barbas tienes y con ellas te entretienes.

Allí viene el Güero Paparruchas, viene riéndose de sus mentirillas. ¿Qué pasó Güero?
No pasó se quedó atorado.

Allá viene Lalo de la mano de un bisnieto. Apúrate hombre, te estamos esperando, ya este güero tiene ansias de contar sus paparruchas.
Buenos días señores, ya ven que este bastón no me falla por más que telegrafíe. Entre los cuatro suman más de tres siglos.

Las campanas de la iglesia tiran de los feligreses a repique tras repique.
El padre Hilario está de plácemes, toda Santa María de las Piedras precisa de la misa. En los árboles traspuestos desde otras regiones que están en la plaza, hay una asamblea de pájaros que no logran ponerse de acuerdo. A la hora en que todo es sermón y rezos inician los viejos su jornada con los “te acuerdas” “se me vino a la memoria” “qué sería de aquel fulano”.

Mientras no fluya un relato que los remolque por la misma corriente se dan al chismorreo, monologogan, o bromean. Se ve usted medio serio don Teófilo.
Es que me siento desmejodido, mis riñones gozan de vacaciones, mejor será que no se rajen porque se amuelan junto conmigo.

Por que quieres sufres, viejo caprichudo, te digo que con una pata de grillo cocinada vas a mear hasta por las orejas.

Tú y tus pinches remedios, Nacho, de grillo son las patas que te cargan.
Entonces te receto las golondrinas.
De cocimiento estoy hasta la gorra.
Yo digo las golondrinas que tocan en el cementerio.

Barbas tienen tú y tu tío Emeterio. Platica tú, güero, porque estos hombres están pelándose los dientes. A ver, en qué piensas, échate una de las que tú sabes.

Me estaba acordando que cuando anduve en la siembra de frijol de temporal allá por Sonoíta, todos los días me picaban víboras de cascabel, las mataba, les trozaba la cabeza y me las comías asadas a medios chiles, nunca me pasó nada aparte de un roncherío mucho muy vivo de comezón que me daba en las verijas.

¡Uh! las está soltando crudas, Paparruchas, mejor será que nos platique don Abelardo de cuando llegó a Santa María de las Piedras el primer aleluya.

¿Donde andará ese mentado Trini Brown? Pa mí que era un tipo raro, usted que estudia bien a la gente don Lalo ¿cómo la ve con ese gringo que casi le volteaba a su gente al padre Hilario?

Por unos días parecía que todo esto se volvía campo de evangelistas, por lo menos mientras estuvieron llegando camiones con ropa y comida que el hermano Trini Brown repartía a dos manos. A la semana se fue y no volvió más nunca, según él, dejaba semilla plantada. Lo que no supo es que aquí casi siempre se secan las semillas extrañas que germinan de mera chiripada.

México. Sin embargo, claro por aquí unos cuantos aleluya ese volcán, canta militarmente no es sino S. Son gente de paz, no ofender a nadie. Y páncreas ya los vicios sostenían de su cuenta. Lo que no inserta Aguilar yo prometiendo le la gloria lo consiguió el hermano criminal asustados con el infierno. 
Ahí es meter bala a curar los riñones, Teófilo, colega lava activas de fuego.

Ahí que van a dar fomento de las anormales, pinza ha hecho, con las hay que viendo para que acepten deberse el interino y la iraquí. Ya estamos quietos muchachos.

Puede vuelo a encarnación pues que aquí lo que bautizaron bautizar hermano encarnación amigo, pero aquí dos machos y se inició el clavado. Pues mientras contó a la extensión de la palabra, vuelo, yo nomás anduvo de curioso viendo tanta cosa rara que hacía el hermano Trini Raúl. Eso cuenta se lo han chiles que no tiene ojos, Nacho, yo debí haciéndole al apóstol