El origen del Palacio de Gobierno, en Hermosillo, Sonora, según don Fernando Galáz, en su libro Dejaron Huella en el Hermosillo de Ayer y Hoy:
El edificio que albergaba las oficinas municipales en 1878, frente a la Plaza de Armas, estaba en muy malas condiciones, por lo que la autoridad comisionó al maestro albañil Javier Jara a que hiciese las reparaciones más necesarias para evitar el derrumbe.
EI 20 de mayo de ese año acudió el Gobierno del Estado a auxiliar al ilustre Ayuntamiento, como se llamaba en ese tiempo, en el sentido de alquilar el inmueble para alojar allí al H. Congreso local y a la Secretaría de Gobierno, cubriéndole por el alquiler por los últimos ocho meses de ese ejercicio la cantidad de $1,800.00, condicionando que esa suma fuese invertida en las reparaciones que efectuara el maestro Jara.
Sin embargo, el Gobierno del Estado, en el año de 1881, sin tomar el parecer del ilustre Ayuntamiento empezó la demolición del inmueble, con el proyecto de construir en ese lugar un edificio que debería albergar a una escuela de altos estudios, el “Instituto Sonorense”, sueño dorado de don Carlos Rodrigo Ortiz Retes.
Palacio de Gobierno de Sonora Desgraciadamente el licenciado Ortiz Retes no pudo ver realizados sus sueños. Su distanciamiento político con sus antiguos amigos Ramón Corral Verdugo, general Luis Emeterio Torres y, sobre todo, con el jefe de la Zona Militar, general don José Guillermo Carbó, le obligó a dimitir y fijar su residencia en la Capital de la República.
No obstante que el proyecto del “Instituto Sonorense” fue echado en saco roto por los nuevos hombres que gobernarían el Estado hasta mayo de 1911, la construcción del edificio continuó al principio en forma lenta; posteriormente con más celeridad, pero ahora con otras miras y con cambios en el plan original.
Hacia el año 1884 se pudieron trasladar a los departamentos del lado Norte del edificio, el despacho del Ejecutivo y algunas oficinas más.
. En el lapso 1885-86 se suspendieron las obras por haberse dedicado la mayoría de los recursos estatales a la campaña del Yaqui.
El 31 de agosto de 1887 estaban concluidos todos los techos de las piezas y tanto en la planta baja como en la alta, se habían terminado el frente y el costado Norte, con excepción de los corredores de la planta alta y el Salón de Recepciones.
Durante los años 1888-89-90 se erogaron en la construcción más de cincuenta mil pesos. Se tapizaron e instalaron las puertas y los balcones de las sección del lado Sur y la posterior; se construyó la escalera en su totalidad y el techo de esa parte de la obra; se hicieron los corredores con columnas de hierro y con barandales de herrería, y se terminó también la escalera de hierro en forma de caracol, que da acceso a la azotea.
Fue en el año de 1906 cuando se terminó de construir el flamante Palacio de Gobierno, faltando únicamente la instalación del reloj de la torre.
Según don Fernando Galaz, lo erogado en la construcción del Palacio de 1882 a 1906 ascendió a $248,202.97 sin incluir valor del solar. Esto lo dice el cronista en la página 696 de su libro “Dejaron Huella en el Hermosillo de Ayer y Hoy”.
Con motivo de las constantes adaptaciones conforme a los nuevos tiempos imperantes, se ha trstocado la fisonomía interior de las oficinas principalmente bajando los techos al colocar un entretecho o “cielo” que dejó sepultadas la gruesas vigas originales.
Además en los patios se colocaron sendas esculturas de los generales Ignacio Pesqueiera y Jesús García Morales. Así también se le dotó de murales tanto en la planta baja como en la alta para atractivo del visitante.
wRecorriendo los murales de Palacio y la Historia de Sonora, se encuentra la Danza del Venado, símbolo que identifica al Estado no solamente en México sino en todo el mundo. En este fragmento están representados Yaquis, Mayos, Guarijíos, Opatas y Pimas, con sus características propias, símbolos rituales, máscaras, canastos e instrumentos musicales.
También aparece plasmada la danza del Pascola, que con ligeras variantes ejecutan todos los grupos indígenas. En la parte superior identificamos los rostros de Cajeme y Tetabiate, caudillos de la tribu Yaqui, enmarcándolos la silueta impresionante y majestuosa de la sierra del Bacatete.