Así es como se le conoce al gambusino, como un buscador de ilusiones, basando sus esperanzas en la búsqueda del metal más preciado para el mundo, el oro. El buscador de oro tuvo su auge en la fiebre del oro del siglo XIX, en sus inicios buscaban en los ríos, **donde el oro podía recolectarse sin mayor problema y cuando el oro ahí se agotó, los gambusinos comenzaron a asociarse en la exploración de otras fuentes del mineral recurriendo a la minería tradicional y minas a cielo abierto, los gambusinos trabajan solos o en pequeños grupos…
Pero, ¿qué significa la palabra gambusino? Pues no se sabe a ciencia cierta porque dicha p
El gambusino es un hombre que se juega la vida día a día sin ninguna certeza de llevar sustento a casa, sólo tiene la esperanza de visualizar en el cuerno de vaca el brillo del oro, sin saber si** encontrará un buen comprador, y lo que es peor si valdrá tanto ese oro como la sal que sudó, los accidentes que vió o sufrió, la sed y el hambre, la adrenalina de la penumbra y la intoxicación de los vapores o la pólvora de algunas minas. Al final de la jornada toda la incertidumbre se puede conpensar con el fascinante brillo amarillo, pero no siempre sucede, muchas veces se recolectan minerales de muy bajo valor y al final de cuentas, aunque el papel moneda de estos días no es tan hermoso como el oro, si es el más indispensable para la supervivencia de cualquier ser humano. Los gambusinos tienen un lenguaje para su trabajo, como la curra donde cargan las piedras con sus más grandes ilusiones, el manero con la cuña para tumbar el mineral que sujetan con el mecapal, sólo con la fuerza de su cabeza y una lámpara de carburo, con lo que van aluzando su camino en la estrecha tierra de tan profundas brechas, que van desde los 300 metros de profundidad hasta lo inimaginable; sujetan su peso y su oro sólo con una manila o cuerda y van colocando sus pies en patillas inseguras al pisar. Los gambusinos no son químicos pero saben hacer la prueba de ensaye más rápido que un laboratorista; para saber si las piedras que cargan en la curra tienen oro y plata, o no, prueban con su cuerno de vaca y un poco de agua, elaborando así la tentadura donde el oro queda como un hilo dorado dentro del cuerno, para posteriormente pasarlo en molinos de mano y taunas, y finalmente venderlo al mejor comprador.