CUANDO UN CHINO DISPARÓ EN CONTRA
DE****DON NACHO FLORES
Cuando llegó la orden del gobernador Francisco S. Elías de que todos los orientales deberían ser deportados del Estado de Sonora, la encargada de ejecutar dicha disposición oficial fue desde luego fue la policía, tanto la municipal como la rural.
A don Ignacio “Nacho” Flores “El Tecolote” te tocó llevar a cabo varias ejecuciones ya que prestaba sus servicios como funcionario dentro del bando policiaco del municipio de Magdalena.
Era un hombre de sobrada experiencia pues primeramente fue alcaide de la prisión y como miembro en la policía rural, dando inicio a su carrera policíaca en el año de 1922, y uno de los varios capítulos más peligrosos de su carrera en donde por poco pierde la vida fue cuando se topó con varias confrontaciones por parte de los chinos ya que estos no estaban nada dispuestos a ser tomados por la fuerza y ser llevados a la repatriación.
Ante la persecución antichina que fue tan encarnizada, hubo un movimiento en que sucumbieron algunos por defenderse de la causa”nacionalista”.
Don Nacho Flores a veces solo, a veces con algún apoyo se presentaba a los negocios de los orientales a aprehenderlos; dado a su fortaleza muscular y comparada con la endeble constitución de los orientales de largas ternezas fácilmente los ponía bajo control; pero no pocos en algunos casos tan sumisamente acataban la orden del auxiliar de la policía, había quienes oponían resistencia, y más al verse totalmente derrotados en sus pretensiones de quedarse en el Estado por lo que se convirtieron en sujetos peligrosos.
Don Nacho estuvo en peligro de perder la vida cuando un de estos chino desperados por la persecución en su contra, al irlo a aprehender en el poblado de San Lorenzo, el chino sacó de entre sus estrafalarias vestimentas una pistola con lo cual le disparó casi a quema ropa, dejándolo completamente en estado agónico.
Por fortuna don Pedro Paz quien era Comandante de la Policía acompañado de su ayudante Francisco Beltrán llegaron para darle auxilio.
Por varias semanas luchó el Sr. Flores entre la vida y la muerte, logrando superar la crisis al salir con bien gracias a todos los cuidados médicos que se le dieron, y también en su fortaleza que en algo cooperó.
Don Nacho gracias a su desempeño como guardián desorden público pudo llegar a Comandante de Policía en la administración de don Ramón Otero, y en la de don Carlos Soto.
En 1929 hubo un movimiento un connato de revolución en donde con la misma afinidad le tocó a don Nacho Flores actuar con tino satisfaciendo siempre con su labor a las autoridades superiores.
Posteriormente la comunidad se vio sacudida de nuevo al presentarse una de las persecuciones religiosas. Esta duró tres años a partir de 1926-1929, en donde de nueva cuenta el gobierno de la entidad que presidía Rodolfo Elías Calles dio la orden de ejercer autoridad contra todos aquellos que no acataran las disposiciones oficiales de cerrar las escuelas católicas que administraba el clero e impedirse realiza culto en vía pública lo cual era muy común entre la ciudadanía de realzar peregrinaciones, mandas, y paseo de sus santos bajo cualquier pretexto.
Don Nacho “El Tecolote” demostró su lealtad a su principios católicos, y en varios casos sin importarle lo que se pudiera venir, salvó la situación que se les venía encima a los funcionarios eclesiásticos, comportándose dentro de los lineamientos de la ley civil hasta donde su educación religiosa se lo permitía.
Cuando detectaba a algún clérigo escondido en cualquier parte, en vez de remitirlos a la cárcel, desafiando el peligro sin importarle el empleo, se echó al agua, auxiliando al grupo del obispo don Juan Navarrete que estaban acampados en el rancho la Huerta en la región del Coyotillo; valiéndose de amigos y personas fieles a la causa religiosa logró la salida subrepticia este gran hombre con sus seminaristas en forma satisfactoria y protegidos hasta las lejanías de Granados, y de allí a la Sierra de Bacadéhuachi en un paraje llamado Los Siriales.
Calmada la situación se vino un Consejo Municipal por la renuncia abrupta de don Roberto Urías quien por decoro dejó el cargo en conjunto con sus regidores, y al tomar el cargo don Juan Irigoyen como presidente del Consejo, tuvo la atinada idea de nombrar como jefe de la policía a don Nacho Flores, repitiendo en el cargo en la administración de don Ignacio Hopkins con brillante labor, volviendo a estar en la nueva administración de don Roberto E. Urías que volvió por sus fueros.
Don Nacho Flores estuvo en funciones en la posición de jefe policíaca hasta la administración de don Enrique C. Félix, y aunque se tomó un descanso y volvió a las filas policíacas en la administración de don Arturo Fernández, para finalmente se retirarse a sus negocios particular.