LA INFERNAL NOCHE DEL CACIQUE PIMA EL TOPAHUE
POR FRANCISCO ELOY BUSTAMANTE
Hasta la capital del Nuevo México llegaron los clamores de las constantes rebeliones de los Seris y Pimas.
A mediados de 1761, el Visitador General Don José Gálvez comenzó a organizar una expedición militar a Sonora desde la ciudad de México, con el fin de pacificar a Seris y Pimas, frenar a los Apaches y proteger al Norte de México de las posibles invasiones que planeaban…
Mientras se preparaba la tal expedición Satán andaba de plácemes, todo lo gobernaba a contentillo, crímenes y un mundo de fechorías solapadas por la impunidad, y cómo si no había un ejército como para doblegarlos y meterlos en cintura.
El Topahue era criminal de nacimiento, sus perversidades como jefe pima no tenían parangón; corría la sangre como arroyuelo en ese holocausto que hacía en cada ranchería el maldito cacique.
Los españoles que quedaban estaban estupefactos por lo cruel de este indio, y más se asombraban pues se tenía razón en el sentido de que esta tribu de indios seris bajos, eran gente pacífica y muy prontos para aceptar las aguas del bautismo.
Satán dispuso que no hubiese paz, y su odio alcanzó a todos los aldeanos de Nacameri hasta el Pitic.
Que tenía pacto con Satán nadie lo ponía en duda, mandaba fabricar pequeños ídolos de barro cocido los cuales distribuía entre todos los indios ya sea pimas o seris. En estos monos, según su opinión se encerraba un gran poder, como su fuese una bomba que se hacía estallar ante el adversario, solo que éstas era de odio.
Con ellos y bajo esa presión de convencimiento, cada indio se fue convirtiendo en asesino, dejando atrás los días de reconciliación entre unos y otros.
Durante dos años se preparó tal expedición que quedó al mando del Coronel de Dragones de México y de España, Don Domingo Elizondo. Al final el cuerpo militar se integró con 1,100 hombres financiada con más de $300,000 pesos; los misioneros de la Compañía de Jesús contribuyeron con el suministro de 500 reses y 2,220 quintales de harina.
En Sonora, el Capitán Cancio preparaba la residencia de la brigada militar en San José de Guaymas a modo de cuartel.
El Topahue se enteró de estos pasos que los blancos preparaban para su exterminio. El 10 de marzo de 1768 las tropas expedicionarias de Elizondo llegan a Guaymas; parte de la tropa se dirige hasta el Pitic al mando del Capitán Urrea. Dos meses más tarde arriban también al puerto sonorense 14 Frailes Franciscanos en reemplazo de los misioneros Jesuitas que habían sido expulsado en este período (1767).
Por San Blas entraría otra columna para en San Miguel de Horcasitas estar a tiempo.
En el Cerro Prieto, se apertrecharon los indios esperando el ataque de los expedicionarios que estaban aguardando desde tres puntos estratégicos: El Pitic, San José de Guaymas y BuenaVista.
A mediados del mes de junio se da el banderazo inicial y el primer pleito se hace allí mismo en Cerro Prieto, con escasos resultados satisfactorios para los extranjeros, pues los indios, astutos y conocedores de la tierra, prendieron fuego a la maleza y escaparon entre las sombras del humo hacia la Isla del Tiburón después de un primer reconocimiento al enemigo.
Don José Gálvez, Marqués de Sonora.
Poco se conoce de esta guerra desigual, pero a finales de 1768 los indios Seris no aguantaron la constante amenaza de los mil soldados y entregan las armas, siendo obligados inevitablemente a pedir paz. Al siguiente año Don José Gálvez, Visitador y Teniente General para las Expediciones de las Provincias Internas, se da una vuelta a Sonora llegando el 17 de mayo a la ciudad de Alamos.
Desde ahí, como voz autorizada, manifiesta que a todos aquellos Seris y Pimas que aún anduvieran alzados recibirían un indulto si se presentan pidiendo la paz en un plazo no mayor de 40 días. Tiempo después, a raíz de estos acontecimientos, los Seris se separan de los Pimas y envían a 12 familias a El Pitic como confirmación de su alianza con los españoles y su rechazo a la tribu Pima.
Para marzo de 1770, catorce familias más pedían vivir pacíficamente junto a sus hermanos ya asentados en El Pitic, entre los cuales iba uno de sus líderes más importantes: Crisanto. Se cuenta que cuando dicho guía espiritual llega a El Pitic, los españoles piden al Seri Mayor una prueba de su fidelidad. Crisanto se aleja del Pitic regresando con el caballo, las armas y la cabeza de un Pima como manifestación de su alianza con ellos.
Desde ahí en adelante combatiría al lado de los Españoles completándose fielmente una estupenda versión masculina de La Malinche.
Crisanto se convirtió en el Gobernador de la Nación Seri en El Pitic, teniendo por Alcalde a otro Seri llamado Francisco. Por otra parte, el Visitador Gálvez en su calidad de responsable general de la expedición, emite 20 instrucciones del Virrey para la asignación y repartimiento de tierras en los pueblos indios y de los españoles residentes; se arma de valor, baja de Alamos y se atreve a acercarse al enemigo llegando al Pitic el día 01 de octubre de 1770, lugar donde se reúne con los altos jefes de la expedición permaneciendo trece días.
Tiempo después los Seris rompen el pacto y se esconden de nueva cuenta en sus reductos de Cerro Prieto, hacia donde Elizondo va a intentar persuadirlos de un eventual regreso. Surge la información después de que al parecer el Visitador Gálvez, en un arranque de desesperación, perdió sus facultades mentales al no soportar la inestable situación.
Al parecer Elizondo se impone de nueva cuenta y logra el objetivo de reducir a gran número de Seris en El Pitic una vez más. Escribe al Virrey de Croix: “Los indios seris rendidos pasan a ponerse a los pies de vuestra Excelencia, obtener la confirmación de su perdón general y establecerse en este cantón al pie del “Cerro de la Conveniencia”, que dista un tiro de fusil, en cuya inmediación de este cuartel tienen su siembra habiendo abierto acequia para su riego y hecho presa en el río para la extracción del agua.
Por estas ventajas suplicó se les conceda la gracia que desean para vivir con tranquilidad.
Los emisarios Crisanto su Gobernador, y los indios José Antonio, Antonio y Juan Antonio, quedaron en mantener la paz.
Para reafirmar este compromiso por parte de los indígenas, los emisarios partieron hacia la Ciudad de México acompañados de dos cabos de regimiento el 21 de abril de 1771, se entiende para entrevistarse con las autoridades españolas regresando el 8 de Junio del mismo año.
Ya para el mes de Julio, Elizondo y Corbalán arreglaron finalmente así las cosas: los Seris se establecerían en El Pitic (en lo que es hoy Villa de Seris), nombrándola como la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe. Los Pimas quedarían en Caborca, Pitiquito y Visanic, y finalmente los Sububapas y Suaquis en Belén en el Río Yaqui. Concluido el arreglo, Elizondo decide el regreso del cuerpo militar después de 3 años de campaña llegando a la ciudad de México el 12 de agosto de 1771. A finales de ese mismo año, el 2 de diciembre, el Gobernador Don Mateo Sastré nombra al Teniente Manuel de Azuela para que se haga cargo de la Compañía que se quedó en vigilancia del Cuartel de El Pitic, y con ello se iniciaba otro capítulo de la historia.